Corazón de alcachofa

Hortaliza de culto, familiarizada con la cocina tradicional y vanguardista de igual manera. Llegado enero, su consumo es hegemónico

Tras el anticiclón gustativo navideño regresa la atención a lo esencial y el rechazo a lo superfluo. Porque la gastronomía también ha de ser sostenible y saludable. El consumo de la alcachofa se percibe como un arte que hay que cultivar.

Los comensales se echan en brazos de su consumo tras observar su mera presencia. La inercia y las tradiciones culinarias son muros que pocos se pueden saltar. La alcachofa vuelve a escena. Siempre presente en la esfera gastronómica invernal, su llegada rompe el silencio culinario.

Hortaliza hacedora de platos con matices, verdura reversible, de extremos carnosos comestibles y corazón deseado. La alcachofa desata el fervorín de proclamas y manifiestos culinarios. Nos empuja hasta la apostasía gustativa mientras hace brillar su rastro con una fosforescencia hostelera general. La recalificación de la alcachofa como hortaliza de lujo no conoce ya límites.

Hortaliza de culto, familiarizada con la cocina tradicional y vanguardista de igual manera. Platos exclusivos y cotidianos. La alcachofa se nos hace cercana. Nuestra verdura obtiene la posteridad, año tras año. Llegado el mes de enero, el corazón de la alcachofa es materia sensible. Su consumo es plenamente hegemónico.

La alcachofa apuesta por un «look» gustativo cómodo y versátil. Verdura comprometida y entregada es el mejor ejemplo de los conceptos de hortaliza elegante y atemporal. La sombra creativa es muy alargada. A estas alturas sabe ganarse el respeto de cocineros y comensales. Aunque como es el caso, mantenga una sinceridad de sabores inflexible que no todo el mundo es capaz de sacárselo. Su consumo «gana...peso» mientras incrementa su poder saludable.

En Benicarló nos acercamos a su figura donde sus jornadas la convierten en icono de la gastronomía invernal.

Les proponemos un encuentro el próximo fin de semana para compartir experiencias. El corazón de la alcachofa les dejará boquiabiertos. La fiesta de la alcachofa con nombre propio. Inevitable el «déjà vu», la memoria de ediciones pasadas: las Jornadas del pincho, la multitudinaria «torrà» y las demostraciones gastronómicas. Pura adrenalina. Para no perderse. Desde el corazón de alcachofa, hasta el arroz con... pasando por los solidarios langostinos vecinos, sin olvidar los singulares postres que invitan a la sorpresa.

Convertida en tarjeta postal gustativa idónea para alardear de buen gusto durante la última edición de Fitur. Su sabor suele subyugar a los comensales iniciados. La alcachofa se ha convertido en un «souvenir» turístico fácilmente asimilable.

Gracias a los trabajos de deconstrucción culinaria, sus dos ejes discurren entre el corazón y los extremos carnosos de los tallos. La alcachofa pasa de la generosidad coronaria al detalle de las hojas sin perder, en ningún caso, sus nociones de grandiosidad culinaria.

Asistimos a su coronación con fidelidad atemporal. Hortaliza de ensueño que emerge todos los inviernos. La alcachofa se presta a desatar pasiones.

A incendiar los paladares de miles de admiradores. Una selecta minoría de verduras ha nacido para formar parte de un Olimpo reservado a piezas dignas de los mejores menús. Eterna hortaliza, nominada como costumbre culinaria invetereda.

Sabemos que se avecina una tormenta gustativa cargada de ecos culinarios cuyo centro es Benicarló. La tormenta está cada vez más cerca. El silencio gustativo comienza a ser sustituido por el suave rumor de sabores. Caminamos hacia el reencuentro con nuestra protagonista.

Todas las apuestas se confirman, la alcachofa sube al escenario culinario como hortaliza principal para recoger su galardón anual como verdura intérprete. Demasiado Corazón.