El Almirez, excelencia razonada

Harán bien en no limitarse a un solo argumento gastronómico: mariscos, carnes, pescados, arroces y postres, donde la materia prima también reina con entusiasmo, resultan más que convincentes.

La excelente ventresca de atún a la brasa recoge todas las miradas. La conclusión es la cronificación de la calidad.
La excelente ventresca de atún a la brasa recoge todas las miradas. La conclusión es la cronificación de la calidad.

Vaya por delante que hoy vamos a ponernos exquisitos para celebrar la llegada del verano. Ya sabemos que prometer y cumplir son dos cosas distintas, pero son más que necesarias en la confección de sobremesas para recordar. El presente más inmediato nos devuelve al pasado. Como un guiño al prólogo estival nos convocan en el Puerto de Sagunto.

El verano gastronómico es ancho y variado. El libre mercado culinario, es lo que tiene, aunque comporta en su apostura estival la implementación de modas y tendencias en forma de chiringuitos, junto a las obligadas novedades hosteleras y hallazgos gourmets (in)esperados, deja por fortuna el tiempo necesario para revisitar los establecimientos perennemente cualitativos donde nunca se falla. Bienvenidos al restaurante El Almirez (calle Cataluña, 7), camino de casi treinta años de trayectoria (próxima estación, primavera de 2020) garantía de éxito asegurado, donde siempre cuadra la oferta culinaria y la demanda gustativa. Por qué será. Dicho de otra forma es fácil comprender el placer que el cliente extrae al recorrer su carta.

Aunque las entradas (no) deben distraernos de los episodios principales. Tras la deliciosa coreografía de platos probados nos planteamos la obligada necesidad de valorarlos. Los estupendos calamares favorecen la conciliación con la fritura consagrada. Máxima expectación ante la llegada de los recomendados canapés de angulas que confirman las previsiones de nuestra anfitriona, Felicitas Amparo García Simón, que no oculta de manera harto transparente, con la nostalgia debida, su afiliación primigenia a esta creación.

Harían bien en no limitarse a un solo argumento gastronómico, mariscos, carnes, pescados y arroces (re)escriben recetas tradicionales y actualizadas sin titubeos culinarios, donde la materia prima y el producto reinan con entusiasmo, para muestra unas conseguidas zamburiñas a la plancha.

Los pescados como el bacalao al gusto del chef, el rodaballo a la gallega y la ventresca de atún a la brasa recogen todas las miradas mientras el sondeo gustativo realizado es contundente y provoca un estulto arrebato. La conclusión es la cronificación de la calidad. El buen gusto que se respira durante la sobremesa no es proclive a dividirse y aglutina también innumerables oportunidades cárnicas como unas excelentes chuletillas de cabrito.

Para terminar una leche frita con helado que actúa como un dulce bálsamo capaz de conquistar los paladares menos golosos.

Aunque no resulta fácil exagerar la importancia de su bodega, la carta de vinos y cavas es práctica, concreta y con brío enológico que permite referenciar las denominaciones más importantes. Las tres P sustentan el servicio profesional de sala: prudencia, paciencia y perseverancia.

Conviene no olvidar que, sin fugarse de las expectativas anunciadas, la sobremesa se convierte en un encuentro gastronómico de altura donde los platos de generosidad sobrevenida alcanzan una doble ventaja. En este restaurante, no hay que hacer equilibrios ni sacrificios comensales, todo resulta más que convincente.

Con el final de la sobremesa casi cerrado es necesario que se serenen los paladares para cerrar el balance. Una aventura culinaria que invita a una peregrinación al Puerto de Sagunto. Este establecimiento admite multitud de oportunidades para visitarlo. Avisados quedan, un collage de satisfacciones les esperan. Aunque predecible, un consejo final, prepárense para reservar con tiempo.

El Almirez, excelencia razonada.