La revolución de la Capilla Sixtina valenciana

La iglesia de San Nicolás de Valencia recibe hasta 2.000 visitantes en un día

La iglesia de San Nicolás de Valencia recibe hasta 2.000 visitantes en un día

El restaurador jefe de la Capilla Sixtina bautizó los frescos de la iglesia valenciana de San Nicolás como dignos homólogos de la obra maestra vaticana de Miguel Ángel y en dos meses, tras su reapertura, han revolucionado el turismo religioso de la ciudad al recibir hasta 2.000 visitas en un día.

Ubicada y semioculta en el casco histórico de Valencia, a escasos metros de la Catedral, la Basílica de la Virgen de los Desamparados -patrona de la ciudad- y el Palau de la Generalitat, esta iglesia gótica del siglo XV disfruta desde el 4 de febrero de una nueva vida gracias a una ingente restauración integral, tanto pictórica y ornamental como arquitectónica, que ha durado varios años.

La recuperación de los 1.904 metros cuadrados de exuberantes frescos de su bóveda -frente a los 800 de la Capilla Sixtina- ha supuesto un hito técnico y económico.

La intervención de la Fundación Hortensia Herrero ha permitido, con una inversión de 4,7 millones de euros (dos millones para la estructura y 2,7 para las pinturas), salvar literalmente una iglesia de gran tradición en Valencia pero muy deteriorada.

«Ha sido una restauración hecha por la sociedad civil. No es el Estado quien debe implicarse en la protección del patrimonio», declara su párroco, Antonio Corbí, quien agradece la labor de mecenazgo de la fundación que preside la empresaria Hortensia Herrero, esposa del propietario de Mercadona, Juan Roig.

«Es un regalo inmenso a la ciudad», proclama para valorar también el papel del Instituto de Restauración de la Universidad Politécnica de Valencia, cuyos técnicos, liderados por la catedrática Pilar Roig, han sacado a la luz las barrocas escenas cromáticas diseñadas por Antonio Palomino y ejecutadas por su discípulo Dionís Vidal.

El proyecto integral ha permitido, además, restaurar las capillas -como la de san Judas Tadeo, cuya devoción genera largas colas cada lunes-, las fachadas, las vidrieras y el pavimento del templo.

Para su párroco, la iglesia ha entrado de lleno en el circuito del turismo religioso y si en febrero recibió 24.000 visitas, en lo que va de marzo, con las Fallas en medio, ha sido visitada por más de mil personas al día, llegando a picos de 2.000.