Tavella, maridaje vitalicio entre brasas

El mar y la tierra se fusionan a través de las brasas en un juego de tendencias que saca a la luz los sabores y aromas de platos singulares y vinos con marcada tipicidad que se convierten en un auténtico bálsamo de fibrilación gastronómica

El mar y la tierra se fusionan a través de las brasas en un juego de tendencias que saca a la luz los sabores y aromas de platos singulares y vinos con marcada tipicidad que se convierten en un auténtico bálsamo de fibrilación gastronómica

En plena sobredosis climática, mientras las agujas del termómetro marcan el rojo epílogo de la primera ola de calor estival, nos entregamos a una interminable sobremesa en el restaurante Tavella (Camino Viejo de Llíria, 93, Beniferri) bajo el apostolado culinario de Pablo Chirivella.

Casi cinco años, lo que va de ayer a hoy, demostrando más que una notable pericia en el manejo de las brasas que prometen ser, son, su norte y guía culinaria, donde manda el producto de manera categórica. Pero el futuro en gastronomía, como nos recuerdan cotidianamente, es ahora. Para empezar, un arranque espectacular, sin maniobras de distracción gustativa, con unas excelentes anchoas, serie oro exclusiva, que (des)conectan al gastrónomo más exigente.

Los espárragos a la brasa no pueden sustanciarse de la sobremesa. Alineados y encomendados pormenorizan la plena satisfacción. A modo de truco de magia culinaria, el tuétano a la brasa desvía la atención, antes de probar el conseguido steak tartar que acompaña con una tosta encubierta incluida.

Las expectativas se concretan en un polarizado maridaje que agita los ánimos. Desde el Atlántico, el albariño Albamar aupa, aún más, a las excelentes cloxinas mediterráneas a la brasa mientras escrutamos la excelencia del maridaje transoceánico.

La anguila a la brasa que mantiene soterradas sus excelentes condiciones, como producto de cercanía, refrenda sus sabores con la querencia que posibilita la salsa de calabaza y guindilla.

Las cíclicas brasas prolongan la sobremesa mientras se fusionan con la frescura del albariño como solución de continuidad. Buscamos el refugio icónico de los vinos atlánticos (Rias Baixas) para arropar el menú gastronómico.

En el agitado remolino de comentarios al probar la esperada paella valenciana a leña reina la satisfacción, mientras esta se convierte en la piedra angular del menú especial. Más que sensaciones hay evidencias.

La dulce claudicación de los menos golosos se ejercita al probar el helado de fresas de Canals con nata, tierra de chocolate y hierba buena.

En tiempos de fibrilación gastronómica se exprimen los tiempos gourmet en busca de platos singulares y vinos distintos con marcada tipicidad que desemboca en hábitos reconocidos. El poder efímero del maridaje obedece a imponderables del tiempo. Ya no es una moda interina tiene capacidad propia de atracción como un sentimiento refractario entre comensales.

El reparto de credenciales al finalizar la sobremesa, no debe ser ajeno al maridaje ofrecido. El servicio de sala, capitaneado por Antonio Comenche y la entusiasta sumiller, Sara López, ungidos como profesionales vertebrales hace el resto. La mejor respuesta a este gigantesco maridaje entre brasas es volver a repetir. La excelencia de carnes, pescados y arroces, en este caso previo encargo, les espera. Aunque es necesario dar carpetazo al feliz encuentro, el curso serpenteante de la sobremesa nos lleva a vivir un rápido brindis alambicado. Hay más que motivos para visitar esta centenaria alquería, el valor de lugar es innegociable, hoy templo de felicidad «gourmet» y conocimiento gastronómico que los gastrónomos exigentes que me acompañan reconocen de forma instintiva. Tavella, maridaje vitalicio entre brasas.