El Ayuntamiento expropia la casa que inmortalizó Capa

Adquiere el 10 de Peironcely para proteger su fachada y promete realojar a sus inquilinos.

Adquiere el 10 de Peironcely para proteger su fachada y promete realojar a sus inquilinos.

A punto ha estado de desaparecer la que un día fue la viva representación de la barbarie de la Guerra Civil española en el barrio de Vallecas: la casa de Peironcely, 10, una icónica vivienda cuya fachada lucía totalmente agujereada tras sufrir el asedio de la guerra en 1939 y que el fotógrafo Robert Capa no dudó en inmortalizar. Sin embargo, ayer desde el Ayuntamiento de Manuela Carmena anunciaron que este edificio va a tener una segunda oportunidad.

La idea principal de su propietario era derribarlo pero, con el fin de proteger este inmueble y como pidió el PSOE-M en el Pleno municipal del pasado mes de junio, la vivienda será finalmente expropiada por el Ayuntamiento que ya paralizó la semana pasada su demolición. ¿Qué va a pasar con las 13 familias que todavía viven allí? El delegado de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo, aseguró ayer que estos vecinos serían realojados, pero lo cierto es que 24 horas antes, Marta Higueras, delegada de Equidad, Derechos Sociales, y Empleo, había descartado esta opción al afirmar que estas familias no sufrían una situación de emergencia social.

¿Victoria a tiempo?

José María Uría, coordinador de la plataforma «Salva Peironcely 10», tampoco tiene claro que esto haya sido «una victoria». «Por una parte estamos contentos porque por fin se va a proteger este emblemático edificio, pero no estamos seguros de que los realojos lleguen a tiempo», dice Uría. De hecho, cuenta que el propietario del edificio ya ha «enviado varios avisos a sus vecinos para que abandonen las viviendas», y hay incluso algunas familias a las que en pocos días les cumple el contrato de alquiler y probablemente «no reciban una renovación». «¿Y si cuándo vengan a realojar a los vecinos ya no queda ninguno?», sigue preguntándose preocupado. Y no le falta razón. Según Explicó Marta Higueras, el proceso de realojo puede prolongarse hasta «ocho o diez meses». Por ello, puede que este edificio que un día representó el terror de la guerra, se convierta hoy «en la viva imagen de la desigualdad social», concluye Uría.