Política

El equipo número uno

Lausana es la última oportunidad que tiene España para seducir al COI y conseguir ser la anfitriona de los Juegos Olímpicos Madrid 2020. Este miércoles, el Príncipe de Asturias, presidente de honor de la candidatura, junto con Juan Antonio Samaranch, hijo del fallecido presidente del COI y actual miembro de la organización; el ministro de Economía, Luis de Guindos; la alcaldesa de Madrid, Ana Botella; el consejero delegado de Madrid 2020, Víctor Sánchez; la consejera delegada de relaciones internacionales, Theresa Zabell y el presidente del COI, Alejandro Blanco Bravo, tendrán que, con el cronómetro sin tregua hasta los 45 minutos, demostrar por qué Madrid, y no Tokio ni Estambul, debe ser la próxima sede de los Juegos Olímpicos.

Será el apartado determinante en un programa que durará hasta finales de semana, y que contará incluso con la presencia del presidente del Gobierno, que aterrizará esa misma tarde. Mariano Rajoy viajará el próximo jueves a Suiza para apoyar la candidatura tras participar en una cumbre de empleo juvenil en Beról.

La delegación española expondrá su plan ante los 104 asambleístas, con cinco vídeos, para pasar luego a responder a sus preguntas. Aunque no tiene carácter vinculante, ya que hasta el 7 de septiembre no tendrá la respuesta definitiva, sí marca el rumbo. Es por esto que Don Felipe y el resto del equipo tendrá que «echar el resto» en su apoyo a la candidatura, en la que «ha estado muy implicado y trabajando codo con codo con el COI desde su elección», aseguran desde Zarzuela.

De hecho, la Monarquía española es la única que ejerce de «embajadora» para los Juegos Olímpicos en esta ocasión. Turquía es una República y la dinastía nipona no se ha implicado institucionalmente. La vinculación de la Familia Real con el mayor evento deportivo internacional se remonta a Alfonso XIII, quien recibió el Diploma Olímpico al Mérito a manos del mismo barón de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos. «Es la Real Familia Olímpica», la definió Samaranch, íntimo amigo del Rey, durante la inauguración de los Juegos de Barcelona en 1992, año en que el Príncipe de Asturias fue abanderado . La Familia Real no sólo representa a España en los Juegos –la Infanta Pilar es miembro honorario del COI, y la Infanta Elena, presidenta de honor del Comité Paralímpico Español–, sino que incluso ha llegado a participar en ellos. Don Juan Carlos, en 1972, compitió en la clase Dragon de vela español en la bahía de Kiel. Por su parte, si Doña Sofía participó como suplente en el equipo de vela griego en Roma en 1960, Doña Cristina se decantó por la misma especialidad en los Campeonatos de España en Cádiz, para intentar clasificarse en Seúl en 1988. Don Felipe consiguió la victoria en la Copa de España de Vela en 1992, clasificándose para las olimpiadas.

Fuentes de la Casa Real afirman que esta apuesta de España por el deporte es muy importante para el Príncipe, no ya por la rentabilidad económica y de imagen para el país, sino porque es consciente de que, en estos tiempos tan delicados, «es determinante generar ilusión» en los españoles.

Independientemente de los resultados que se consigan en Lausana y, finalmente en Argentina, las mismas fuentes aseguran que está satisfecho del esfuerzo realizado y de la necesaria unión para conseguirlo y que, a su juicio, se ha transmitido. Algo en lo que ya incidió cuando el COI llegó a España en marzo. Tras unas jornadas maratonianas de cuatro días para supervisar las instalaciones madrileñas, el Príncipe aseguró que se havbía hecho «un trabajo magnífico», y se mostró convencido de que en todos los aspectos se cubrieron «las dudas de los evaluadores», sobre todo en lo relativo a la búsqueda de unos costes más bajos, dada la situación económica actual y la conciencia medioambiental. En la cena ofrecida en el Palacio Real, añadió «el firme compromiso del país con los fines y principios del olimpismo», así como la apuesta por «las mejores prácticas y la lucha contra las más reprobables, como el dopaje».