El triunfo de los huertos urbanos

Tras años plantados de forma ilegal en solares municipales, el Ayuntamiento saca ahora a concurso 15 parcelas para proyectos ecológicos en la ciudad

Madrid- Desde hace un lustro, pequeños rincones de la capital empezaron a sembrarse de tomates, pepinos, cebollas, patatas... Entre varios vecinos y con mucha ilusión, se fueron conquistando solares que el Ayuntamiento tenía en barbecho a la espera de que tiempos mejores convirtieran el terreno en un centro de día, una escuela infantil o un parque. Sin embargo, a falta de ladrillos, los vecinos lograron que brotaran hortalizas frescas, hierbas aromáticas y frutas de arbusto y el consistorio no tuvo más remedio que rendirse a la riqueza que proporcionaba esta okupación en forma de calabazas, albahaca, berenjenas o fresas.

Es por ello que, tras muchas reuniones con la Federación de Asociaciones de Vecinos (Fravm) y la Red de Huertos Urbanos Comunitarios de Madrid –organización creada en 2011 para aglutinar todas las iniciativas de horticultura de la región–, el Área de Medio Ambiente sacó esta semana a concurso 15 parcelas destinadas a zonas verdes a las que podrán optar las asociaciones para convertirlas en huertos con todas las de la ley. Este proceso es la primera fase para regularizar todas las parcelas de suelo público que los vecinos han dedicado a la horticultura –aproximadamente una veintena en la capital y otros tantos en el resto de la Comunidad de Madrid–. Es por ello que, según explicaron fuentes municipales, se ha comenzado por los terrenos destinados a zona verde, ya que su salida a concurso es mucho más fácil.

«Confiamos en que después se irá avanzando hacia los huertos que están en una situación más complicada, como los que están en suelos destinados a uso dotacional», explicó José Luis Fernández, responsable de huertos de la Fravm, que detalló que ninguna de las iniciativas al respecto puesta en marcha por los vecinos se hizo en terrenos privados, porque «había una vocación de consolidar la red de huertos». Así, aunque se han desmantelado algunos bancales, ha sido en casos puntuales.

Esta vocación de permanencia ha sido la que ha ganado el plácet del Ayuntamiento, que ha visto con buenos ojos cómo los vecinos no sólo se alimentaban mejor con productos ecológicos sino que, además, las asociaciones invitaban a colegios y a todo aquel interesado en la horticultura a participar en su proyecto. De hecho, en los pliegos del concurso para cada una de las parcelas se incluye como requisito una labor educativa por parte de los adjudicatarios de cada huerto. «El objetivo es que los vecinos que estén en solares ilegales, se trasladen a alguna de las parcelas ofertadas», señalaron desde el consistorio.

Labor educativa

En 2011 y 2011, el Área de Urbanismo dictó resoluciones de autorización de uso de parcelas asociaciones vecinales y culturales para actividades, entre las que se incluye el uso para huerto urbano ecológico. Éste es el caso de los huertos del Colegio Siglo XXI en Moratalaz, del Mercado de La Cebada y del espacio «Ésta es una Plaza», ambos en Centro. Hay que tener en cuenta que sólo en la Red de Huertos Comunitarios participan desde huertos universitarios y huertos educativos vinculados a centros de educación ambiental y centros escolares, hasta huertos promovidos por asociaciones culturales, colectivos sociales de diversa índole y, en su mayor parte, huertos promovidos por asociaciones vecinales vinculadas a la Fravm.

Es por ello que desde la Federación de Asociaciones de Vecinos se solicitó al consistorio madrileño regularizar los huertos existentes para, así, poder proyectar nuevos y disponer de un marco normativo que los regule y se puedan poner en valor solares ahora en desuso. Una petición que, además, estaba respaldada por las juntas de distrito que, en la mayoría de los casos, han apoyado las iniciativas vecinales.

De este modo, en la convocatoria de Medio Ambiente para las 15 parcelas que se publicó en el Boletín Oficial del Ayuntamiento de Madrid esta semana, se contemplan las múltiples funciones que cumplen los huertos urbanos comunitarios desde las perspectivas ambiental, social, educativa, de promoción de la salud, integradora de colectivos desfavorecidos, paisajística como recuperación de espacios degradados, o productiva, ligada a la agricultura ecológica, entre otras.

Igualmente, se acota a las entidades y asociaciones inscritas en el Registro de Entidades Ciudadanas del Ayuntamiento de Madrid el acceso a las 15 parcelas distribuidas por 10 distritos en esta primera fase. Dichas asociaciones deben, además, acreditar su carácter social, pedagógico, terapéutico o ambiental, que no persigan fines de lucro con la actividad a desarrollar y tengan su sede en la capital. En caso de que sean adjudicatarias de alguno de los terrenos deberán cumplir diversas normas para no molestar a los vecinos, mantener su actividad educativa y seguir las premisas de la agricultura ecológica.

De los terrenos ofertados, cuatro parcelas se ubican en parques ajardinados, siete, en parques semiforestales y cuatro, en solares no ajardinados. Las cesiones se otorgarán por dos años, prorrogables por un periodo de otros dos. La cesión es gratuita y será el consistorio madrileño el que se ocupe de construir la infraestructura necesaria para convertir los terrenos en los huertos y, de hecho, ya adjudicó a primeros de octubre las obras de acondicionamiento. En cada parcela se colocará un vallado perimetral, una acometida de agua y un sistema de riego por goteo. Se prepararán los suelos y se aportará tierra vegetal y estiércol. También se instalará un panel informativo y una caseta para guardar los aperos.

El riego: último fleco suelto del acuerdo

Pese a la bienvenida que han dado desde la Federación de Asociaciones de Vecinos (Fravm) al concurso público para ofertar quince parcelas municipales para convertirlas en huertos urbanos, hay todavía una cuestión que preocupa a los vecinos: el riego. Sobre la mesa de las sucesivas reuniones mantenidas con el Ayuntamiento de Madrid se expresó la conveniencia de que fuese el consistorio quien se hiciese cargo de una cantidad, razonable, de agua para riego y, en caso de que el huerto se pasase de dicha cantidad, la asumiría la asociación responsable de los cultivos. Una cuestión que, sin embargo, no ha aparecido en los pliegos del concurso. Desde Medio Ambiente explicaron que, al ser un proyecto financieramente sostenible, no se podían incluir gastos plurianuales. Por ello se están buscando distintas fórmulas, como patrocinios o subvención, para cubrir el agua de riego.

Huerto de los Molinos / Ciudad Lineal

«No sólo es cultivar, además tiene que quedar bonito»

En una pequeña parcela de la calle Antioquía de Ciudad Lineal, custodiada por una muñeca terrorífica a modo de espantapájaros, brotan tomates, maíz, calabazas y hasta pimientos cayena a borbotones. Se trata del Huerto de los Molinos que, desde hace dos años, surte a la recién creada ex profeso asociación vecinal de la Quinta de los Molinos. «Esto surgió de una conversación de esquina con Javier, un chaval compañero de colegio de mi hijo y de ir puerta a puerta a ver si había gente interesada», cuenta Trini, vecina de la calle López de Aranda, que prestó su tiempo para poner en marcha un huerto urbano en el barrio. Así, entre unos pocos montaron primero una parcela aneja a la Quinta de los Molinos, pero después «como no nos gustaba», se trasladaron a la calle Antioquía. Por allí andaba ayer Javier, el chaval que tuvo la idea, recogiendo los últimos tomates de la temporada mientras se lamenta porque el huerto está en pleno cambio de cultivos, de verano a otoño, y no lucirá en las fotografías. «No se trata sólo de producir, también tiene que quedar bonito, por eso hemos construido bancales y plantamos girasoles en verano a lo largo de la valla y coles en otoño», señala, e indica el reciente riego por goteo que han instalado. Atento al concurso lanzado por el Ayuntamiento de Madrid para regularizar proyectos como el suyo, Javier explica que el Huerto de los Molinos está situado en un terreno dotacional del consistorio, «pero tenemos el visto bueno del concejal del distrito», asegura. «Pagamos 19 euros al año por la asociación y luego cada uno aporta lo que quiere, un poco de tiempo, semillas, agua , abono...», cuenta Trini, que detalla que el reparto de los productos siempre es libre.