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Madrid

«Experimento» Galileo: los vecinos dejan el taller por el «veto» a sus ideas

Se aprobó en el pleno del Ayuntamiento la reversión del proyecto, pero aún no se ha llevado a cabo.

Se aprobó en el pleno del Ayuntamiento la reversión del proyecto, pero aún no se ha llevado a cabo.

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El plan de movilidad de la calle Galileo, que comenzó hace más de un año, continua sin resolverse. Pese a que se reunieron más de 3.000 firmas que se elevaron al Pleno del Ayuntamiento que votó a favor de la reversión total de la reforma planteda en la vía madrileña el Consistorio no ha eliminado totalmente el experimento. Aunque se volvió a permitir el tráfico, todavía quedan los restos de este nuevo plan de movilidad como son la limitación de velocidad a 30, que pocos saben que existe; la colocación de cuatro bancos y ocho enormes macetas «importadas» de la Plaza de Conde Valle de Suchil; un carril tan estrecho que no permite el paso de bomberos y 40 plazas de aparcamiento eliminadas... todo ello con un coste que supera los 28.000 euros porque no sólo hay que incluir el valor del mobiliario y de la pintura, sino también la señalización vertical que se quitó y vuelto a poner cuando se reabrió parcialmente Galileo el verano pasado.

En un intento por encontrar una solución a «Despacio Galileo» se organizaron dos talleres en el Centro Cultural Galileo, el primero el pasado 20 de septiembre y el segundo el pasado sábado. Desde su Twitter anunciaron que «dos investigadores sociales de la Universidad Complutense de Madrid gestionarán los talleres de forma autónoma», sin embargo algunos vecinos de la zona no consideran que estos estudiantes de Sociología, pertenecientes al Departamento de Ecología Humana sean independientes. En el último taller la idea era que los ciudadanos plantearan una serie de propuestas, lo que todavía no sabían los vecinos es que éstas serían con limitaciones. Lo descubrieron cuando los estudiantes les presentaron en el taller una pizarra dividida en tres columnas, y la primera de ellas llevaba por título condiciones.

Esto despertó las críticas de algunos vecinos como Almudena Díaz, portavoz de la Asociación Chamberí Se Defiende, que expresó sus dudas ante la autonomía de los sociólogos ya que durante el taller les explicaron que «para que las propuestas fueran valoradas debían cumplir ciertas condiciones, es decir, la reversión del proyecto ni se contemplaba». Ante el enfado de los asistentes los sociólogos les comentaron que «tras una conversación con el asesor de la concejal del distrito, Juan Adame, había establecido estas condiciones», recordó Almudena, que dudaba de la independencia de los sociólogos del taller, «¿Si son independientes por qué tienen que hablar con el asesor de la concejal de distrito?», expresó.

Este «despropósito» llevó a los vecinos que asistieron a abandonar el taller y acusan de «totalitasismo» al Consistorio y a la concejal del distrito, Esther Gómez Morante «ya que han dirigido el estudio para su beneficio». «No se puede limitar el sentir de los residentes, estos talleres han sido surrealistas» manifestó Almudena. Desde esta asociación de vecinos consideran que el tema de Galileo «ya se ha convertido en un tema ideológico, no se están respetando ni las instituciones ni a los ciudadanos».

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Pero no es la primera vez que los vecinos de la zona se ven limitados a la hora de expresar sus quejas, ya que en el pleno Pleno en la Junta Municipal del distrito de Chamberí del 10 de septiembre, los integrantes de la asociación Chamberí Se Defiende presentaron doce preguntas para conocer el impacto que iba a tener sobre el barrio el Plan de Movilidad de Madrid Central, pero no consiguieron ser escuchados «Nos han ‘’tirado’’ todas las preguntas. La concejala nos ha denegado la oportunidad de presentarlas en el pleno. No nos han dejado participar», denunciaban desde el colectivo. Los ciudadanos se sienten «ignorados» y creen que «no se hacen cosas realmente necesarias».

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La zona de Olavide se convertirá en peatonal

Esta parte de Chamberí también va a cambiar. La medida supondría la pérdida de 120 plazas de aparcamiento que se reubicaron en las calles Manuel Silvela, Covarrubias y Gallego debido a la demanda de los vecinos.

Pero creen que la solución tenía «truco»: las plazas se encuentran «justo en la frontera de Madrid Central», el gran plan del Consistorio para restringir la movilidad en el centro. Así, los vecinos creen que esas plazas serán para todos los madrileños que buscarán aparcar en el límite geográfico permitido.