Fama versus prestigio

Sobre los concursos para el Teatro Español y el Matadero de Madrid

La Razón
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Veo publicada la noticia de que las comisiones de valoración de los concursos a la dirección artística del Teatro Español y del Matadero Madrid están a punto de pronunciarse y se darán a conocer los nombres de los dos ganadores. Nada tendría que comentar al respecto si no fuera porque en esas declaraciones a El País de Getsemaní de San Marcos, directora general de Programas y Actividades Culturales del Ayuntamiento de Madrid, en las que me lanza una pulla innecesaria y retorcida.

La cosa viene a cuento de una carta abierta que dirigí a la alcaldesa, Carmena, que se publicó en el mes de julio y que motivó que se contaran por miles los que dieron al botón de “compartir”, a raíz de lo cual recibí una ingente cantidad de llamadas. Si tuvo tanto predicamento no es porque yo sea muy guapo ni muy simpático, sino porque el escrito daba en la tecla, poniendo en evidencia defectos y carencias del equipo de cultura de Ahora Madrid.

Cuestionaba en la carta, entre otras cosas, la incompetencia y el sectarismo demostrados hasta la fecha, pero me centraba en censurar el procedimiento para la selección de la dirección artística de estos espacios. Tildaba de paripé el concurso quejándome del engaño, porque los miembros de las comisiones de valoración no eran “expertos de reconocido prestigio y trayectoria” (como decía la convocatoria), alegando que hubiera sido más honesto y, desde luego, más acorde con la realidad, reconocer en las bases que “los proyectos serán valorados por una comisión integrada por siete personas del entorno político de Podemos con algún vínculo afectivo o profesional con el mundo de la cultura”.

A veces me encuentro con profesionales y con frecuencia me preguntan que si alguien del Ayuntamiento ha respondido a la carta. El mundo está lleno de ingenuos. Lejos de plantearse argumentar, debatir o refutar, el consistorio ha optado por hacer el don Tancredo, arte de la política, de la vieja política, en el que los españoles somos medalla de oro año tras año, con Rajoy a la cabeza; mejor dejemos que el tiempo cubra el asunto de polvo, no respondamos que, entre la desmemoria de nuestros paisanos y la trepidante rueda de la actualidad, nos libraremos del marrón.

Pero es que hasta para hacer el don Tancredo, y mira que es fácil, hay que saber. En este caso, Getsemaní no ha podido aguantarse y se ha movido: “No sé para quienes (o sea, un servidor) son desconocidos (los comisionados), pero no hay que confundir trayectoria con fama”, dice en sus declaraciones.

No sé si esta buena mujer es presa de la turbación, que según la RAE es confusión, desorden, desconcierto, o si lo es de obnubilación, que es visión de los objetos como a través de una nube, al modo, digamos, de cómo ve las cosas la abeja Maya cuando vuela alto, pero no ha entendido nada de mi argumentario ni, lo que es más básico, de mi exposición.

Los encargados de nombrar al responsable del Matadero son: Aurora de Andrés, Elena Ros, Juan Pablo Soler, Chema Blanco, Àngels Margarit, Rodolfo Ruiz Ligero y Claudia Facci. Yo los comparo con los integrantes de la comisión que valoró el mismo concurso con el gobierno anterior, que fueron José Luis Gómez, Alonso de Santos, Juanjo Seoane, Ignacio Amestoy, Juan Ignacio García Garzón y Carlos Hipólito, y concluyo que las diferencias son tan grandes que no dejan lugar a dudas. Y sí, como lo leen: deduce Getsemaní de mi opinión que confundo trayectoria con fama.

Lo que no se puede hacer es confundir un modesto currículum con una “amplia trayectoria”. Lo que no se puede es confundir a “expertos profesionales de reconocido prestigio” con amiguetes. ¿O es que Gumersindo Puche, compañero de Getsemaní en el cuerpo de baile de la prestigiosa compañía de Angélica Liddell, está en la comisión de valoración del Teatro Español por otra razón?

Difícilmente puedo confundir “fama”, que es ser ampliamente conocido, con “prestigio”, que es disfrutar de pública estima por razón de mérito, cuando en mi escrito solamente menciono esa palabra en un párrafo en el que, haciendo alarde de visionario, advertía a la alcaldesa de que esto podía llegar a pasar: «Si alguno (de los responsables de Cultura) le viniera con el cuento de que no hay tal fingimiento, y que para ellos son tan respetables y tan expertos y de tan reconocido prestigio los unos como los otros, siendo la única diferencia que unos son los de la casta cultural, que vienen siendo apoyados por los de arriba, y que la fama no es un valor, sino que lo es el conocer y el hacer lo que “la gente” necesita, entonces me retracto de lo dicho al principio y sí le hago una petición: que cese al susodicho por lunático». Dicho queda.

Por lo demás, será que uno está ya curado de espanto, el asunto noticiable, en sí mismo, no tiene mayor enjundia. Me atrevo hasta a vaticinar el resultado del concurso: en el Teatro Español tendremos a la prestigiosa artista Carme Portaceli, que ha desarrollado toda su carrera en Barcelona, y en el Matadero a Andrés Lima (nada que objetar, quede claro) porque Carlos Marquerie, que es el otro nombre que corre por mentideros, no puede serlo por una cuestión estética, dada la estrecha relación que tiene y ha tenido desde tiempos remotos con la señora Getsemaní.