La contaminación cerca el pulmón de Madrid

La estación de medición de la calidad del aire de Escuelas Aguirre, situada a las puertas de El Retiro, es el punto que registró una mayor concentración media de dióxido de nitrógeno (N02) en 2017.

La estación de medición de la calidad del aire de Escuelas Aguirre, situada a las puertas de El Retiro, es el punto que registró una mayor concentración media de dióxido de nitrógeno (N02)
en 2017.

Fin de la carrera. Es el momento de parar y respirar hondo. El corazón late fuerte, la adrenalina y las endorfinas resurgen de alguna parte, inspiración y aspiración se relevan frenéticas. Con el sudor aún en la frente, dos corredores se acercan extasiados al vallado que amuralla el Parque del Buen Retiro para estirar tras su entrenamiento diario en el «pulmón» de la capital, pero, ¿y al otro lado de los barrotes?

A sólo unos metros de estos dos deportistas, mirando cómo O’Donnell viene a morir en Alcalá, pasa desapercibida entre los jardines de la Casa Árabe la estación de medición de la contaminación que registra los peores datos de toda la capital: Escuelas Aguirre. Así lo ha revelado un informe publicado esta semana por Ecologistas en Acción que, bajo el título «La calidad del aire en la ciudad de Madrid en 2017», alerta de que, por octavo año consecutivo, los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) han vuelto a subir de forma alarmante: se han superado los valores límite de protección de la salud fijados por la legislación europea (40 microgramos por metro cúbico) en 15 de los 24 puntos de la red de medición –en 2016 fueron sólo nueve–. Igualmente, siete de estas estaciones rebasaron en 2017 el límite horario (200 microgramos por metro cúbico en 18 ocasiones como máximo) –en 2016 fueron sólo cuatro–. «Uno se da cuenta cuando va a la Sierra. Entonces sí, cuando vuelves a Madrid y ves a lo lejos la famosa “boina” sobre la ciudad, eres consciente de dónde te estás metiendo», reconoce uno de los corredores después de conocer los desafortunados datos.

Todos los expertos coinciden en la dificultad de entrar a valorar qué contaminantes son más nocivos para la salud pública y qué tipo de exposición tiene peores consecuencias en el día a día de la ciudadanía; en consecuencia, es muy complicado establecer dónde se respira el aire más sucio de Madrid. No obstante y gracias a la ayuda de Juan Bárcena de Ecologistas en Acción, podemos coronar a Escuelas Aguirre con este pobre título al punto madrileño en el que más polución se respira. Así es si consideramos peor la mayor concentración media anual de contaminación y el NO2 como el contaminante más nocivo para la salud pública en Madrid. Según el experto en calidad del aire de la organización ecologista, exponerse a una media anual muy alta significa estar en «valores muy negativos de forma crónica»; en cuanto al NO2, Juan Bárcena explica que más de la mitad de muertes prematuras atribuibles a este contaminante en España (6.740) tienen lugar en la capital.

Todo esto a las puertas de un jardín histórico de casi 120 hectáreas de naturaleza viva a la que una nube invisible de polución acorrala. Escuelas Aguirre ha registrado una media anual de 62 microgramos de NO2 por metro cúbico en 2017, casi duplicando los niveles medidos en la estación más cercana: Retiro. Este contraste no hace sino evidenciar el papel que ocupa el tráfico como causante principal de los resultados de este informe que afirma tajante: «En Madrid el factor más importante en el deterioro de la calidad del aire es el coche». A este respecto, Juan Bárcena insiste en la importancia de visibilizar esta lucha de contrarios entre las dos estaciones «para quien le quede la duda de que sea o no un problema agravado por el tráfico».

Los vecinos de la zona, igual que la pareja que pasea a su perro por el parque o los colegiales que aún cargando con la mochila a las espaldas recorren su perímetro para llegar a casa, aceptan los datos con sorprendente cotidianidad, pues han hecho del picor de ojos y la irritación de garganta síntomas con los que «convivir». Al menos así lo asegura Arancha con una declaración que no convence tanto a su madre, Carmen, que saliendo del mercado de Ibiza agarrada del brazo de su hija remata: «Mucha gente es insensible a este problema, pero yo sí lo noto, y me afecta». Y no es de extrañar, porque «los principales afectados son los vecinos de mayor edad, que, literalmente, se ahogan con este ambiente», explica la farmacéutica del barrio mientras hace balance de un año en el que dice haber notado en las ventas este incremento de los niveles de NO2 en la zona.

Porque éste no es sólo un problema medioambiental, sino que es algo que atañe directamente a nuestra salud. Tanto es así que, «en grandes ciudades como Madrid, donde la contaminación alcanza niveles astronómicos y se mantiene en esos límites durante días, se tiene constancia de que se registra una mayor afluencia de pacientes que acuden a Emergencias por enfermedades sensibles a la polución atmosférica». Éstas son las palabras del doctor Javier de Miguel, neumólogo y miembro del área de Medio Ambiente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), quien advierte de que nadie está libre de los perjuicios de la contaminación en el aire, pues también los ciudadanos sanos podrían notar efectos agudos en la mucosa nasal, los bronquios y los ojos, causando falta de aire, tos e irritación de garganta y ocular. No obstante, siguen siendo más vulnerables a este problema las personas con patologías crónicas como el asma o la bronquitis aguda, pero también enfermos cardiovasculares con arritmia o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Para concluir, el doctor explica la existencia de dos grupos especialmente sensibles en este sentido: los niños, que tienen mayor frecuencia respiratoria que un adulto y se arriesgan a tener una función pulmonar reducida dado que sus vías respiratorias están aún en formación; y los ancianos, que con un sistema de defensa ya deteriorado, no pueden eliminar las sustancias contaminantes de su cuerpo como lo hacían años atrás.

El Plan A

Con este telón de fondo, parece imposible arrojar un ápice de positivismo que acalle la inquietud de quienes viven en las inmediaciones de El Retiro y de todos los madrileños en general, pero desde Ecologistas en Acción insisten: «Debemos ser optimistas, ya se aplican medidas y el tema forma parte de la agenda mediática», dice Juan Bárcena. El protocolo anticontaminación –que tuvo que activarse siete veces en 2017 alcanzando el récord de días de aplicación con diez jornadas seguidas de restricciones– «ha tenido una recepción favorable», continúa el experto haciendo referencia a la disminución de NO2 en la estación de Plaza del Carmen en diciembre durante la reducción de carriles en Gran Vía.

Los ecologistas ponen ahora sus esperanzas en el Plan de Calidad del Aire en la ciudad de Madrid y Cambio Climático (Plan A): «Hay que llevarlo del papel a la práctica». Hasta entonces y mientras dure la espera, los ciudadanos siempre podemos parar a coger aire en el «pulmón» de la capital, eso sí, sin cruzar la valla.