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Las bombas retumban de nuevo en el "Frente del Agua"

La apertura en 2014 de la ruta que recorre esta línea del frente ha provocado que muchos excursionistas se topen con estos proyectiles.

La apertura en 2014 de la ruta que recorre esta línea del frente ha provocado que muchos excursionistas se topen con estos proyectiles.

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Permanecen enterradas. Silentes. Testigos mudos de una contienda que abrió heridas tan profundas, que algunas de sus cicatrices todavía no se han cerrado, como está demostrando la polémica exhumación de los restos de Franco. Pero igual de amenazantes que hace 80 años, cuando por abandono o un fallo en su mecanismo no cumplieron con su misión destructiva en el campo de batalla. Son las bombas que las tropas republicanas y nacionales arrojaron por toneladas durante la Guerra Civil española y que no llegaron a estallar. Muchas siguen hoy ocultas en los campos de batalla de la contienda diseminados por toda la geografía nacional. En uno de ellos, el conocido como «Frente del Agua», han comenzado a aflorar por decenas en los últimos años.

Desde que en 2014 se inaugurase la ruta que recorre esta línea de combate ubicada en la sierra madrileña, entre los municipios de Paredes de Buitrago, Mangirón, Serrada de Buitrago y Cinco Villas, miles de excursionistas que la han recorrido han ido encontrando periódicamente decenas de artefactos explosivos que, sistemáticamente, han sido neutralizados por los artificieros de la Guardia Civil.

El pasado fin de semana, los especialistas del Instituto Armado tuvieron doble ración de trabajo. El sábado por la mañana, un grupo de excursionistas encontró un pequeño artefacto junto a uno de los búnkers que todavía se conservan en la zona. Por la tarde, una familia dio cuenta de la existencia de otro posible proyectil en la rodada del camino que da comienzo a la ruta y que conduce hasta la posición conocida como de Las Arenas, donde estaba el puesto de mando de las tropas republicanas. A la mañana siguiente, las sospechas se confirmaron y los artificieros de la Guardia Civil detonaron el artefacto, que todavía conservaba intacta su mortal carga explosiva, como atestigua el fuerte estallido que provocó su detonación controlada.

Durante muchos años, el «Frente del Agua» permaneció sumido en el olvido. Estancado en la memoria. Casi en la misma situación en que vivió durante la guerra la línea a la que hace mención, que apenas sufrió cambios desde el momento en que se estableció, en los albores del enfrentamiento. A los pocos días de iniciarse la contienda, las tropas nacionales, dirigidas por el coronel García Escamez, tomaron el puerto de Somosierra y siguieron su avance hasta Buitrago del Lozoya. Pero allí fueron paradas en seco por la fuerte resistencia que opusieron grupos de milicianos y militares leales a la República, dirigidos por el capitán Galán. Los republicanos sabían que la posición era crucial para el desenlace de la guerra. En las inmediaciones están los embalses de Puentes Viejas y El Villar, que suministraban el 90% del agua a Madrid, de ahí el sobrenombre del «Frente del Agua» que recibe el campo de batalla. La detención de las tropas enviadas por el general Mola evitó la rápida caída de la capital en manos de Franco. Si los nacionales hubiesen controlado los pantanos, hubiesen estrangulado el suministro de agua de Madrid y su asedio hubiera sido mucho más efímero, lo que hubiera acortado la guerra. Hubo intentos del bando nacional de hacerse con los embalses, pero todos resultaron infructuosos. Tras un mes de lucha, con duros enfrentamientos en el conocido como Cerro Pelado, el frente se estabilizó. El mando republicano ordenó entonces a sus tropas permanecer en «posición defensiva» y ambos bancos comenzaron a fortificar sus posiciones para defender un amplio frente de batalla de varios kilómetros. Trincheras, parapetos y refugios, que más adelante se vieron reforzados por ambos bandos con nidos de ametralladoras, refugios subterráneos, centros de resistencia, etc., fueron erigidos poco a poco por ambos bandos, creándose un gran entramado defensivo militar.

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A finales de agosto de 1936, con la línea de frente en esta zona de la sierra madrileña ya definida, en el sector nacional se desplegó la división 72. Frente a ella se atrincheraron las Brigadas Mixtas 26, 27 y 28 de la 1ª División del Ejército republicano.

Gracias al olvido en que quedó sumido el «Frente del Agua», muchas de las construcciones defensivas levantadas por ambos bancos se han conservado en gran estado, ocultas en un pinar que no había en la guerra o, incluso, enterradas. En 2014, la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid recuperó 27 de ellas y señalizó una ruta con un trazado circular de unos ocho kilómetros que, partiendo de Paredes de Buitrago, recorre estas fortificaciones. La relativa sencillez del recorrido, que apenas cuenta con desnivel y que puede ser completado en unas tres horas, lleva a muchos madrileños a acercarse los fines de semana hasta la ruta, lo que está provocando el descubrimiento de numerosos artefactos explosivos. En realidad, siempre estuvieron ahí, pero nadie se preocupó de ellos porque, sencillamente, nadie visitaba el lugar. Pero ahora, en cuanto las lluvias remueven la tierra y dejan al descubierto alguno de ellos, siempre hay algún excursionista que da la voz de alerta.

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No tocar, peligro

Avisar a los expertos es, precisamente, lo que hay que hacer si uno se topa con uno de estos artefactos, conocidos como UXO –artillería sin explotar, por sus siglas en inglés–. Las Fuerzas de Seguridad recomiendan en primer lugar, y como medida elemental de precaución, no tocarlo ni cogerlo. Aunque por el aspecto pueda parecer que es un objeto muy viejo y que, incluso, puede estar estropeado, el mecanismo interno puede estar en perfectas condiciones y mantener las mismas características que cuando se fabricó. De hecho, la mayoría de estos artefactos están llenos de explosivos que conservan intactas sus propiedades, por lo que constituyen una amenaza. El siguiente paso, de encontrarse en una zona rural, es avisar al 062 de la Guardia Civil o al 112 de la Policía Nacional, señalizar con cuidado el lugar con ropa o marcas en el suelo y mantenerse al menos a 300 metros del lugar alejándose por el mismo lugar por el que se ha llegado al lugar. Si es posible, lo ideal es facilitar las coordenadas a las Fuerzas de Seguridad para que su localización y posterior neutralización sea más sencilla.