Los «sambenitos» de Manuela Carmena

Así se conoce popularmente a las personas que limpian las calles, en acción sustitutoria de una multa por ensuciar

Los sancionados por arrojar basura pueden condonar el pago de la multa por realizar labores de limpieza
Los sancionados por arrojar basura pueden condonar el pago de la multa por realizar labores de limpieza

Así se conoce popularmente a las personas que limpian las calles, en acción sustitutoria de una multa por ensuciar

«Las personas que realicen labores de limpieza en las calles, en acción sustitutoria de las multas que se les han impuesto por ensuciar, llevarán petos azules». Lo dijo la alcaldesa, Manuela Carmena, en el último pleno municipal. Cincuenta personas han comenzado ya esta labor los fines de semana, y ya se les conoce como los «sambenitos», término que acuñó mi compañero Ángel Correas, en la COPE, y que se ha popularizado.

Tiene ciertos sentido este apelativo. Hay que remontarse a la época de la Inquisición en Madrid. A los juzgados se les podía condenar al patíbulo o, si las causas contra ellos no eran graves y mostraban arrepentimiento, reconciliación con la Iglesia, se les obligaba a vestir por las calles una prenda, una especie de hábito de lana de color amarillo, con la cruz de San Andrés en forma de aspa, que significaba «humildad» y «arrepentimiento». A esta prenda se la conoció como «sambenito», y era una señal pública, símbolo de la infamia. Variaban según el delito cometido y la sentencia dictada. Para los «relajados», que eran los condenados a muerte, el «sambenito» era de color negro, con llamas y demonios, que significaban el infierno, y una coraza roja.

Para aquellos arrepentidos y reconciliados con la fe católica, era, como queda dicho, de color amarillo y llamas orientadas hacia abajo, porque se habían librado de la hoguera. Estaban obligados a llevarlo de forma permanente durante el tiempo que durara la condena que se les había impuesto. Una vez cumplida ésta, los «sambenitos» eran colgados en la iglesia parroquial correspondiente. De esta costumbre se han derivado expresiones populares como: «cargar con un sambenito», «llevar o sambenito» o «te cuelgan un sambenito».

La ocurrencia popular, que está siempre tan activa como las frecuentes ocurrencias de la alcaldesa, ha propiciado que a los barrenderos ocasionales de fin de semana se les haya colgado el apelativo de «sambenitos», porque llevan un peto, lo que hace que se les identifique, no como empleados municipales de la limpieza urbana, sino como «condenados» por haber cometido una infracción contra el medio ambiente, y también que, como muestra de «arrepentimiento» y «reconciliación» con la sociedad, están cumpliendo «pena» sustitutoria de la sanción económica.

Ya se han puesto en marcha los primeros cincuenta ciudadanos afectados por esta medida municipal, que nada tiene que ver con la Inquisición ni con el escarnio público, nada más lejos de la intención de la alcaldesa, pero que la imaginación popular ya ha encontrado una forma popular de conocerles: los «sambenitos». Estos gozan de todas la garantías laborales de cualquier trabajador y están cubiertos por una póliza de seguros. La prestación de sus servicios a la comunidad acabará cuando hayan cumplido el tiempo estipulado en función de la gravedad de la falta cometida. Entonces, como antaño, colgarán su «sambenito», no en una parroquia, sino en un cantón de limpieza.

Opiniones dispares

Como ha repetido la alcaldesa, se trata de una experiencia piloto, y en función de los resultados, se estudiará si se aplica a otras modalidades de sanciones y prestaciones sociales. En la Concejalía de Medio Ambiente, hay opiniones divididas. Algunos creen que es una idea ineficaz, pues las personas destinadas a este servicio no están preparadas y los profesionales que deben instruirles emplean más tiempo en enseñarles, que el que luego están haciendo la prestación, debido a que las infracciones cometidas no son graves, y el castigo que se les impone no es por demasiado tiempo.

Otros piensan que es una experiencia positiva, porque permite que el ciudadano cargue con su «sambenito» de limpieza en acción sustitutoria de la multa, lo que se traducirá en una mejor limpieza de las calles, y al mismo tiempo serán conscientes de que limpiar cuesta más que ensuciar, incluso algunos responsables piensan que, tras esta iniciativa, se podría recuperar aquella ocurrencia de la alcaldesa, de que los estudiantes universitarios limpiaran las calles a modo de prácticas. En ese caso habría que buscarles uniformes del hábito de San Canuto, con el símbolo de la flecha, como un flechazo de lo municipal con lo universitario. Los «sancanutos» están por llegar; de momento, nos conformamos con los «sambenitos».