Los «sintecho» de la Plaza Mayor de Madrid, asignatura pendiente

Vecinos y comerciantes acudirán a la Comunidad si el Ayuntamiento no les da una solución.

Vecinos y comerciantes acudirán a la Comunidad si el Ayuntamiento no les da una solución.

Ocho millones de personas pasan cada año por uno de los lugares históricos más emblemáticos de Madrid: la Plaza Mayor. La mayoría son turistas, que no salen de su asombro al ver convertido este espacio en un lugar donde pernoctan, piden limosna, defecan y acumulan residuos, decenas de indigentes, sin que el Ayuntamiento se haya atrevido a dar una solución a este problema, que no es sólo estético, sino sanitario y de deterioro de un monumento que es Bien de Interés Cultural desde los años 80. Vecinos y comerciantes vienen reivindicando desde hace tiempo que se dé una alternativa a los mendigos que ocupan, de forma permanente, los soportales de la plaza. Nada se ha hecho hasta el momento, y los afectados exigen al nuevo alcalde que se comprometa a buscar una solución.

En 2013 se produjo una primera reacción a una situación que estaba creciendo de forma desaforada. En apenas tres meses, se pasó de la decena de indigentes que pernoctaban en este punto, a más de 30. El presidente del Gremio de Restauradores de la Plaza Mayor, José Antonio Aparicio, declaró en ese momento: «Son asentamientos reales; personas que duermen, degradan y acosan a la gente. Esto repercute en el negocio, ya que de lunes a viernes nos matan el comercio clásico y al resto de hostelería». Los aledaños de la plaza hoy siguen en la misma situación, poco ha cambiado desde entonces, los cartones y las mantas se acumulan en los soportales.

En 2017, coincidiendo con el IV centenario de la construcción de esta plaza, culminaron los trabajos de rehabilitación de sus fachadas, así como obras que afectaron a los tejados e infraestructuras. Pero esas mejoras estructurales no eran compatibles con el deterioro progresivo que desde el punto de vista social padecía este espacio. En 2015, nada más tomar posesión de su cargo como alcaldesa de Madrid, vecinos, comerciantes y Amigos de la Plaza Mayor, hicieron llegar a Carmena el lamentable estado en que se encontraba este lugar, en cuanto a la proliferación de mendigos, suciedad, ocupación del espacio público, acumulación de residuos y reyertas se refería.

La alcaldesa les respondió, pocas semanas después, con la promesa de realizar un censo de los indigentes que pernoctaban en la plaza. Pero se limitó a una actuación de la Policía Municipal que solicitó la documentación a seis de esos mendigos. Del pretendido censo, nada más se supo. Eso sí, Carmena dijo que la Plaza Mayor era «un lugar de tránsito, no de hacer actividades o de reunión de la ciudadanía». Para el presidente de la Asociación de Amigos del IV Centenario, Francisco Pol, la plaza «fue pensada para que pudiera acoger el mayor número de actividades posible» y la historia de sus 400 años así lo confirma: en ella se celebraron coronaciones regias, pronunciamientos, autos de fe, ejecuciones públicas, representaciones teatrales, corridas de toros, solemnidades litúrgicas, mercados y encuentros interculturales.

Por la Plaza Mayor pasó, durante 400 años, la historia de esta ciudad. Aunque en la actualidad se dan algunos espectáculos y certámenes, especialmente durante las fiestas de San Isidro, lo único que permanece es el mercadillo dominguero de filatelia y el tradicional de las Navidades. Pero, varios promotores han renunciado a celebrar actos en este recinto por el estado de deterioro social creciente que presenta. En 2016, en plenas fiestas de San Isidro, y durante el concierto de Manu Chao, la alcaldesa ordenó a la Policía Municipal que desalojara a los mendigos de la Plaza. Pudieron volver a la hora de dormir, aunque ya de madrugada.

El pasado año, el Ayuntamiento, con la colaboración de 600 voluntarios, hizo un recuento de las personas sin hogar que pernoctaban en las calles de Madrid. En el momento de realizarlo, contaron en la Plaza Mayor, 48 indigentes que dormían al raso, algunos acompañados de sus perros o de gatos.

Vecinos y comerciantes no encuentran justificación a ese «dormitorio» al aire libre de indigentes, ya que el Consistorio tiene suficientes recursos para dar cobijo a los «sintecho» en los albergues municipales y en otros concertados para casos de necesidad. No se entiende que con estos recursos disponibles durante todo el año, en las gélidas noches de invierno, SAMUR Social tenga que desplazarse para ofrecer a estas personas alimentos calientes y mantas, cuando de ello disponen en los albergues.

No se puede ignorar, ni «barrer para depositar debajo de una alfombra, la miseria que existe en las grandes ciudades, también en Madrid. Se trata de buscar una solución que pase por alojamiento de estas personas, aunque muchas de ellas se empeñen en vivir y dormir en los soportales», cuenta el dueño de un restaurante de la plaza.

Los vecinos insisten en que: «No estamos hablando sólo de un problema estético, de una imagen indeseable de un lugar histórico de Madrid, sino también de una cuestión de higiene». «Por mucho que los servicios municipales limpian, riegan, recogen y sanean, la acumulación de residuos, cachivaches, botellas de cristal hechas añicos, cartones y otros enseres, junto al olor pestilente de los orines y excrementos humanos, hacen de los soportales y de la calles por las que se accede a la Plaza, un espacio nauseabundo y de riesgo sanitario».

Conservación del monumento

Este enclave es uno de los monumentos de Madrid más fotografiados por los turistas. Pero, si antes las cámaras apuntaban a las fachadas de la Casa de la Panadería, de la Carnicería, a la estatua ecuestre de Felipe III o a los arcos, ahora se llevan también como «recuerdo», escenas de esos retablos de pobreza y mendicidad que «adornan» el espacio y que pueden obtenerse a dos metros de la Oficina Municipal de Turismo, en las cercanías del recién inaugurado hotel de cuatro estrellas o a las puertas de la Casa de la Panadería.

Tanto los vecinos como los comerciantes confían en que el nuevo gobierno municipal atienda sus reivindicaciones para llevar adelante un rehabilitación social de la plaza porque se sienten afectados, pero también porque deteriora la imagen del Madrid histórico. Si no tuvieran respuesta municipal, acudirían a la Comunidad. No en vano, la Playa Mayor tiene declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) y no puede sufrir deterioros por culpa de una situación social insostenible, que no sólo afecta a la estética, sino al aspecto medioambiental y a la conservación monumental.