Mad Cool, adicción fatal

Jane’s Addiction conquistan la segunda jornada del festival, que mejoró algunos detalles logísticos tras las quejas del primer día

Jane’s Addiction fue el plato fuerte de la mágica noche de la segunda jornada del Mad Cool. Los asistentes también vibraron con Stereophonics
Jane’s Addiction fue el plato fuerte de la mágica noche de la segunda jornada del Mad Cool. Los asistentes también vibraron con Stereophonics

Jane’s Addiction conquistan la segunda jornada del festival, que mejoró algunos detalles logísticos tras las quejas del primer día

Arrancó la segunda jornada del Mad Cool Festival con propósito de enmienda. Tras un arranque dubitativo en cuanto a la organización, que reconoció los problemas del debutante y prometió corregirlos, la logística pareció mejorar ligeramente tras las quejas de la primera noche, aunque la afluencia empeoró en otros, como los accesos a los escenarios con aforo limitado. El público intergeneracional de este festival, que además, cosa extraña en un evento de este tipo, roza la igualdad de género, demostró paciencia y resignación incluso en el desfile de cuerpos caminantes en la madrugada del jueves al viernes. Pasadas las cuatro de la mañana, flota de autobuses dispuesta por la organización cumplió su función pero eso no evitó una despedida después de, otra vez, largas colas. También hubo peregrinos en los arcenes de Embajadores sobre la autopista A-4 en busca de taxi, los más valientes. Pero así es un festival, para otras cosas está la ópera.

Bigott comenzó la tarde del viernes en estado de felicidad y aconsejó a los pocos presentes a las seis de la tarde unos ejercicios de respiración. Después adelantó canciones de su próximo disco «Todos mis amigos están muertos» que aparecerá en septiembre. Después de la sesión de yoga del maño, L.A. volvió a demostrar su valía como intérprete y compositor. Fue, por cierto, una de las pocas veces que la pista del escenario 3 resultó accesible y el mallorquín con voz de Eddie Vedder apareció con sombrero de cowboy, la camisa de cuadros rota, su juego habitual de dos micrófonos y su disco más americano, «From The City to The Ocean Shore» bajo el brazo. Es demasiado frecuente ver a Luis Albert Segura abriendo festivales de gancho para la entrada (en el Mad Cool, en el Dcode y en el FIB le ha tocado esa suerte, por ejemplo) y merece mejor posición. Lleva por lo menos cuatro discos demostrándolo y hasta se puso a la batería para «Love Comes Around». Stereophonics eran los tapados de la jornada. Los galeses tienen éxitos como «Dakota» y no ahorraron ninguno. Es verdad que inventar no han inventado nada, pero divirtieron por unanimidad. Temples, en cambio, ofrecen su propia versión de la psicodelia y del pelo cardado. Y estuvieron fenomenal, por si había dudas al respecto de la clase media del cartel artístico. Hubo pantalla para ver a la selección española (otra alegría en forma de victoria que se alió con Mad Cool) y despliegue escénico: una grúa móvil llevaba una enorme marioneta de 15 metros avanzando entre el público justo antes de la actuación estrella de la jornada: los esperadísimos Jane’s Addiction, que basaban su regreso en el disco que les costó la primera separación, «Ritual de lo habitual». Dave Navarro y Perry Farrel han vuelto con las paces hechas y las huellas en el rostro de los kilómetros recorridos. Presentaron un directo irregular pero con enorme nervio, de esos en los que las imperfecciones ensalzan las virtudes. Demostraron una actitud de vieja escuela desde el momento en que decidieron ser la primera actuación impuntual del festival. Y también por las tres bailarinas «strippers» que animaban el número, por si hiciera falta, que no hacía.