Monteagudo dice que la oficial no pidió refuerzos

Monteagudo, ayer, en la Audiencia
Monteagudo, ayer, en la Audiencia

El ex jefe de Policía Municipal explicó que la responsable policial del evento tenía a 24 agentes disponibles. La Fiscalía no le acusa de nada

Décima sesión del juicio del caso «Madrid Arena» y sin sopresas. Ayer era el turno del último de los 15 imputados: Emilio Montegaudo, el que fuera jefe de la Policía Municipal cuando se produjeron los hechos. Explicó que la oficial que era jefa del operativo aquel día, Cándida Jiménez, podía haber pedido más efectivos si lo hubiera considerado necesario (tenía a su disposición 24 agentes) y no lo hizo.

Monteagudo es el único de los 15 encausados por el instructor del procedimiento, Eduardo López Palop, que no está acusado por el Ministerio Público. De hecho, la fiscal asignada al caso ayer ni le interrogó. Sí lo hicieron el resto de partes, quienes consideran que el famoso botellón que se organizó en las inmediaciones del pabellón la noche de la fiesta y las competencias en materia de seguridad ciudadana sí eran responsabilidad del que fuera jefe de la Policía de la capital desde 2007. Si bien es cierto que algunas acusaciones explicaron que hasta que no declare la oficial de Moncloa, jefa del dispositivo aquella noche –lo hará en calidad de testigo– no saldrá a la luz la culpabilidad del jefe de Policía Municipal. A pesar de que durante la instrución del caso el caballo de batalla fue el famoso cambio de nivel de riesgo de medio a alto –de hecho, el instructor abrió una pieza separada por falsedad documental, ya que la oficial explicó que el documento se había firmado a posteriori, Monteagudo ayer no cargó contra la responsable del dispositivo y explicó que el nivel de riesgo se elevó de medio a alto (de 12 a 18 policías) horas previas de forma verbal. El imputado explicó que la decisión del cambio de riesgo compete a dos mandos policiales que son el inspector y subinspector del distrito 1. «Fue una orden verbal que hizo el inspector y que fue perfectamente legal», añadió. Ya el día 6 de noviembre (casi una semana después de la tragedia) el mando policial Gerardo del Rey le comunicó que aquel día se produjo una variación del nivel de medio a alto. «Creo recordar que vi el informe de Gerardo que argumentó la toma de decisión».

Con respecto a por qué se había permitido un macrobotellón en las inmediaciones del recinto (en Casa de Campo sí era competencia municipal pero la mayoría estuvieron bebiendo en el párking, adonde habían accedido pagando diez euros a Seguriber) el ex jefe policial defendió que Jiménez «priorizó su misión» en el pabellón en lugar de denunciar un botellón que se estaba celebrando «a un kilómetro de distancia», en la zona de Lago. «La jefa del dispositivo establece la distribución y las prioridades» y que «ella, por su experiencia y su buena fe, optó por no denunciar ese botellón, por no intervenir», aseguró. Respecto al desarrollo de la noche, negó que la responsable policial solicitara refuerzos, sino que se limitó a comunicar que, en caso de llamadas por problemas relacionados con el consumo de alcohol en la zona de Lago, «a un kilómetro del evento», se derivasen a patrullas del distrito de Latina y no se ocupasen los agentes desplegados en el Arena. En esa comunicación que se produjo a las 00:19 horas Jiménez «no hizo ninguna petición de refuerzo», señaló, si bien una abogada de la acusación particular leyó el texto de la grabación de aquella llamada en la que la responsable policial afirma que «no disponen de personas para disuadir» la concentración de personas en el metro de Lago. Monteagudo insistió en que existía un turno de refuerzo que Jiménez podía haber solicitado por emisora y que no lo hizo. Incluso tenía varias patrullas desplegadas en Plaza España y Plaza de los Cubos. También recordó que, en caso de que hubiera habido alguna queja por sobreaforo por parte de algún asistente verbal o telefónicamente podrían haber intervenido.