Política

Un Café Varela de premio

La cena homenaje a Juan Manuel de Prada con destacados políticos y periodistas
La cena homenaje a Juan Manuel de Prada con destacados políticos y periodistas

El escritor Juan Manuel de Prada recogió el pasado 20 de noviembre el galardón Café Varela, que otorga el histórico café madrileño de la calle Preciados, en una concurrida cena homenaje en la que el premiado recibió el reconocimiento de destacados personalidades del ámbito de la política, la cultura y el periodismo.

El Café Varela, fundado en 1896, es uno de los más tradicionales y famosos cafés de finales del siglo XIX y XX de Madrid. Acogió durante el primer tercio del siglo XX algunas de las tertulias literarias más concurridas de la época, en las que participaban ilustres literatos del momento, algunos tan relevantes para el legado cultural español como Jacinto Benavente, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, los hermanos Manuel y Antonio Machado, Valle-Inclán, León Felipe, Emilio Carrere, Rafael Alberti y tantos otros que concibieron sus ideas en agradables tertulias al calor de una taza de café.

Años más tarde, ya en la década de los 50, se celebrarían las veladas literarias «Versos a medianoche», albergando de igual modo destacados poetas y escritores de aquéllos años, como Camilo José Cela, José García Nieto, Antonio Mingote o Rafael Azcona. Así, con este premio, otorgado por unanimidad a Juan Manuel de Prada, Café Varela distingue a un escritor que entronca con esta gran tradición literaria de las tertulias a través de sus escritos en los que evoca la memoria de muchos escritores bohemios.

Durante la cena, siguiendo la tradición de los banquetes que en otras épocas se ofrecían en honor de los grandes autores y ante la multitud de personalidades congregadas, le fue entregado al homenajeado un trofeo obra del escultor Francisco Leiro, y Santiago Alba Rico leyó una semblanza del premiado en la que quedaba definido como «uno de los grandes escritores de nuestro tiempo» y caracterizado del siguiente modo: «Chestertoniano en sus afectos, generoso, valiente y muy peleón, tremendamente cálido y atento»; así como «un rebelde, un poco carlista y un poco anarquista, al que le apetece pegarse con todo el mundo, de derechas o de izquierdas, para mantener en forma su rebeldía « y «un católico maldito e insurrecto que clama en el desierto, a riesgo de que nadie lo entienda, en una tradición que bebe sus fuentes lo mismo en los profetas bíblicos que en el espíritu noventayochista».

Por su parte, en su discurso de recepción, Juan Manuel de Prada quiso dar cumplido agradecimiento al anfitrión y mecenas del evento, Melquiades Álvarez, actual propietario del Café Varela, así como al nutrido público asistente, e hizo un emocionado canto a la vocación literaria que ha acompañado su vida, a la que definió como «esa rosa por la que se puede morir, la rosa que he regado cada día de mi vida, abrigado con un biombo y protegido de las orugas del desistimiento; la rosa a la que he amado con todas sus espinas, aunque cada día me haga sangrar».