El concierto de OT en Vistalegre, una noche de desborde emocional

Si no fuera por la producción y la grandilocuencia, la gira de «Operación Triunfo 2018» tendría mucho de Orquesta Panorama

Pensémoslo un momento. 11.000 personas para ver un concierto de versiones. Un karaoke oficiado por muchachos con edad para votar recién estrenada -salvo dos- cantando temas ajenos para lo que se han preparado a conciencia en un programa de televisión. Cantan bien, no se puede negar. Aunque otra cosa sería de traca, claro. Enfrente, una orgía de emoción pubescente. Pancartas, desmayos, griterío de campeonato, cuerpos de baile, morritos y giros de nuca. Esto de «Operación Triunfo» se ha vuelto a ir de las manos. Dicen de estos 16 chicos que no son tan agrestes como los de la primera edición, que saben algo de solfeo o de composición y que tienen otras actitudes, otro barniz. Sin ninguna duda. Ahora, ¿eso es suficiente? Tendrán tiempo de demostrarlo, pero de momento que se lo pregunten a los miles que enfervorecidos seguidores que siguen estas galas de lentejuelas y modelazos como de Nochevieja continua por España.

Si no fuera por la producción y la grandilocuencia, la gira de «Operación Triunfo 2018» tendría mucho de Orquesta Panorama. En parte, esta gira es idéntica a la comparsa que domina Galicia pueblo a pueblo con su «popurrí de éxitos de ayer y hoy», con una salvedad: a los triunfitos les adorna una identidad y una narrativa personal labrada en el reality de televisión. Por muy bien que canten en la Panorama, pocos conocen las vicisitudes de su cantante; su nombre, si acaso. En cambio, a los concursantes del reality su público les ha visto en ropa de andar por casa.

Pues bien, con un ritmo trepidante, de programa de «prime time», los 16 intérpretes desgranaron anoche en Madrid 37 piezas con excelente ritmo y voz. ¿Qué es lo que tanto apasiona de «Operación Triunfo»? Los seres humanos, es de imaginar. Las personas, las máscaras de sus personajes, su capacidad de interpretarlos y de ponerse en los de otros. Haberse preparado para hacerlo durante unos meses y ser capaces de plasmarlo en un escenario. La emoción, desde luego, es auténtica. Su capacidad de interpretación también. Tiempo tendrán si lo valen de enseñar qué llevan dentro. Ojalá maduren y se hagan artistas y ojalá de los 11.000 de anoche entre el público haya una mitad de melómanos en potencia. Con eso valdría la pena. Porque, bueno, ya saben si tienen zagales que anoche iban a cantar (igual que en Barcelona) «Todas las flores» de Presuntos Implicados, «Miedo», de M-Clan y entre «Issues» y «Shake It Out» habría buenos guiños a «No puedo vivir sin ti» o «Eloise». Y que tampoco se irían sin cantar «Lo malo», que le da mil vueltas a «Tu canción», que nos representará en Eurovisión.

También está probado que la televisión pública sabe hacer programas de música de enorme éxito en la calle. ¿Serán capaces de hacer otro con diferentes características? Al programa le perseguirá siempre el debate sobre su validez y profundidad artística y las posturas rara vez se encontrarán pero no pasa nada, porque afortunadamente hay sitio para todos.