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Javier Gómez Noya: En el camino al éxito se llega rápido solo, pero lejos acompañado

El atleta quería llegar lejos. Para ello contó con un médico, Nicolás Bayón, que le dijo que competiría los siguientes 6 meses y después verían cómo estaba

Cuando mi hija era pequeña jugábamos a los superhéroes. El juego consistía en decir qué poder nos gustaría tener: superfuerza, ultra escudo, invisibilidad, rayos X en la mirada... los poderes iban creciendo hasta que uno lograba derrotar al otro con alguna fuerza inventada, como lanzamiento de cemento por los poros. El juego terminó por completo el día que la pequeñaja me dijo: “Tengo el poder de elegir qué héroe te vencerá”. No había escapatoria de esa estrategia. Pero desde ese momento, siempre me pido saber de antemano a qué me enfrento. Como Arne Larsson. Este sueco jamás hizo el camino de Santiago, no visitó España y, menos aún, conoció a Javier Gómez Noya. Pero todos ellos, Larsson, Gómez Noya y el Camino de Santiago, tienen mucho en común.

El Camino de Santiago no solo tiene infinitos recorridos posibles. También tiene muchas sorpresas. Los peregrinos van dejando su huella en la tierra, en el aire y hasta en las paredes. Y esta es la historia de una de esas sorpresas.

En Ferrol, una de las etapas del Camino Inglés, hay un muro que se aleja del puerto. Allí, escondido entre ladrillos, hay un bloque que se desprende fácilmente y oculta un mensaje. Nadie sabe exactamente cuál es, qué debe hacer para hallarlo o a quién debe consultar, pero quienes lo han descubierto saben que cambiará la vida de quienes lean el mensaje.

FOTO: Telefónica La Razón

Cuenta la historia que todo nació cuando alguien, el autor de la famosa carta, vio la historia de Javier Gómez Noya en la página web de Telefónica, #MejorConectados. Este triatleta, campeón del mundo en varias ocasiones, medallista olímpico y natural de Ferrol, no lo tuvo fácil para llegar a su meta. Como él mismo cuenta en el espacio #MejorConectados, donde comparte sitio con Rafa Nadal, Teresa Perales, Ferran Adrià, el violinista de la Escuela Superior de Música Reina Sofía Kamran o Pedro Delgado, cuando Gómez Noya comenzó a competir se enfrentó con su primer obstáculo.

En diciembre de 1999, Gómez Noya se encontraba en una concentración con la selección española juvenil y los médicos del Consejo Superior de Deportes (CSD) le detectaron una anomalía cardíaca. Este hallazgo le llevó a perder su licencia de competición. Como él mismo explica en #MejorConectados, intentó contar con el apoyo de especialistas en cardiología de todo el mundo para recuperar su licencia… mientras ganaba los Campeonatos de España de duatlón y triatlón tanto en categoría junior como en sub 23. La estrategia de Gómez Noya fue muy sencilla. En pocas palabras, está en el vídeo que grabó en la página de Telefónica: “Caminando solos llegamos más rápido, pero si lo hacemos con otros llegamos más lejos”. Y Gómez Noya quería llegar lejos. Para ello contó con un médico, Nicolás Bayón, que le dijo que competiría los siguientes 6 meses y después verían cómo estaba. Si todo iba bien, lo prolongarían otros seis meses. Desde aquello han pasado más de 20 años. Y lo que se puede ver en #MejorConectados es que Gómez Noya no solo llegó lejos por ir acompañado, sino que lo hizo por dar un paso a la vez. Igual que el protagonista de la famosa carta de Ferrol.

Puede que esta sea la primera vez que se publica esta carta. O puede que ni siquiera sea la carta de Ferrol. La verdad es que el mensaje es el mismo del que habla Gómez Noya: un paso a la vez es lo que hace el camino.

Y aquí va la historia según quienes aseguran haberla leído.

Cuando Arne Larsson tenía 20 años (al igual que a Gómez Noya) le detectaron problemas cardíacos. Mientras competía en una carrera. Durante dos décadas arrastró síntomas de taquicardia y arritmias. A los 43 años finalmente llegó el diagnóstico y supo que se iba a morir. Los médicos le dijeron que no le quedaba mucho tiempo de vida. Casi nada. Larsson se despidió de sus amigos con la tranquilidad de los que no dejan deudas, de sus hijos con la certeza de los que imprimen memorias y de su mujer con la sonrisa y probablemente la piel, desnuda. Y esperó que llegara la última de las tres horas de vida que le habían pronosticado. Pero no ocurrió. Y durante los siguientes 40 años Larsson reconstruyó los abrazos viejos con razones nuevas, provocó risas desconocidas a conocidos, fumó, bebió, hizo el amor y se fue despidiendo de la vida, de la propia y la ajena, pero más de esta última. Larsson pudo eludir la muerte gracias a dar un paso detrás de otro. No sabía a dónde llegaría, pero tuvo el valor de elegir la dirección… y caminar. Obviamente Arne Larsson existió y también su médico, el Dr. Åke Senning. En 1958, Senning implantó el primer marcapasos interno de la historia y el paciente fue Arne Larsson. El prototipo solo estuvo operativo durante tres horas, las que le garantizaron a Larsson. Pero esto fue suficiente para que Senning fuera reemplazando el marcapasos con nuevos diseños. Cuarenta años más tarde y 26 marcapasos después, Larsson seguía vivo.

Cuando en #MejorConectados Gómez Noya habla de llegar lejos y de éxito, está hablando de Larsson: no se trata del camino, sino de los pasos que damos. Y con quién.

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