Defender la España constitucional

ASAMBLEA DE MADRID
ASAMBLEA DE MADRIDJesús G. Feria

Hoy, 6 de diciembre, celebramos el 41º aniversario de la aprobación de la Constitución Española.

En estos tiempos de incertidumbre política, en los que resulta innegable que los ciudadanos se mueven entre la desazón y el hastío, conviene recordar los inmensos esfuerzos y renuncias colectivas que en su momento hicieron todos los españoles para emprender el camino constitucional. Un camino que se antojaba difícil y en el que se abrazaron las diversas voluntades para dejar atrás el pasado, convertirnos en ciudadanos libres e iguales y mirar hacia el más largo periodo de paz y prosperidad de España.

Durante estos años desde la Transición, España ha dado un ejemplo al mundo en el respeto a los derechos y libertades constitucionales y hemos alcanzado rotundos logros políticos, sociales y económicos que han hecho de nuestra nación, por qué no decirlo, uno de los países más avanzados y mejores para vivir. Aquello fue, en realidad, una de las mejores conquistas que logramos juntos los españoles. Por eso, hoy la mayoría de nosotros queremos la España que tenemos porque es una España donde cabemos todos.

A pesar de que los españoles tenemos una larga experiencia en lamernos nuestras heridas, en magnificar nuestros complejos y en despreciar nuestra historia común, decir que España atraviesa hoy una crisis política no es lo mismo que asumir que tenemos una especie de maldición por la que esto debe seguir siendo siempre así. No debemos participar de esa epidemia de pesimismo y de miedo a la que algunos interesadamente quieren transportarnos para disolver nuestros lazos comunes; porque es ahí, en la desafección y la confusión generalizadas, donde el populismo encuentra su caldo de cultivo.

Sin embargo, huir del alarmismo no significa cerrar los ojos a la realidad. Hoy nuestra Constitución se encuentra amenazada por nacionalistas y populistas. La fragmentación política en nuestras cámaras de representación y, sobre todo, la falta de iniciativa para el consenso y la incapacidad para llegar a acuerdos de gobernabilidad, nos ha llevado a un callejón sin salida en el que parece que la única posibilidad es la de que un partido constitucionalista, como el PSOE, se apoye en populistas y secesionistas para gobernar; aquellos mismos que, vez tras vez, están poniendo en entredicho, cuando no directamente violentando, los principios constitucionales.

Esta práctica (de la que nadie duda que sea legal) evidencia la fisura de nuestras costuras constitucionales. Que el partido más votado en las pasadas elecciones prefiera pactar con quienes han llevado a Cataluña a una ruptura social sin precedentes en nuestra historia, o con los mismos herederos de la banda terrorista ETA, antes que con el resto de partidos constitucionalistas, determina cuáles son las prioridades de Pedro Sánchez: el interés personal o partidista por encima del interés general o nacional.

Nada sabemos de lo que el presidente del Gobierno en funciones está negociando con sus futuros socios de Gobierno. Pero mucho me temo que todo sea en detrimento del marco constitucional y de la unidad nacional. Algo para lo que no le votaron ni para lo que está legitimado. Porque poco o nada pueda hablarse con quienes han asumido ya que esta Constitución que hoy celebramos es el enemigo a batir.

Ante este panorama esperpéntico (y no solo por la breve presencia de Agustín Zamarrón al frente de la presidencia del Congreso de los Diputados), estoy convencido de que los españoles y los responsables públicos, con altura de miras y sin patrioterismos estériles, tenemos la obligación de defender la Constitución, que es nuestra casa común, el Estado de Derecho y el ordenamiento jurídico.

Defender la España constitucional para que los enemigos de la convivencia no ganen. Ni más ni menos