Parte del patrimonio ornamental de Madrid, en paradero desconocido

En estos «cementerios» hay fuentes, escudos, o lápidas que en su día fueron retiradas de su lugar original. El Huerto del Francés, en el Retiro, es uno de estos almacenes escondidos

Leones originales del monumento a Alfonso XII en el Parque de El Retiro (www.madrida360.es)Madrid a 360° (nombre del dueño)

En alguna ocasión hemos hablado de los hijos ilustres de Madrid, cuyos cadáveres se encuentran en paradero desconocido. Pero esta ciudad también tiene parte de su patrimonio ornamental, retirado en su día de la vía pública, perdido, olvidado, almacenado en auténticas escombreras de residuos. Restos de fuentes monumentales, esculturas, escudos blasonados, lápidas de personajes que un día fueron homenajeados y retirados por culpa de obras y remodelaciones. Parte del ornamento de Madrid duerme el sueño de los justos a la espera de ser rescatado, restaurado y utilizado de nuevo. Algunos se buscan desde hace varias décadas, como es el caso de la Puerta original de la glorieta de San Vicente.

En la entrada al Retiro por la Cuesta de Moyano, cerca de donde estuvo la ermita de San Blas, se encuentra un espacio conocido como Huerto del Francés. Se llama así porque allí instalaron los franceses sus piezas de artillería en 1808. Durante 50 años fue utilizado como «cementerio»: allí se iban amontonando hasta quedar enterrados muchos de ellos, sobre todo mobiliario urbano. En los años ochenta del pasado siglo, el Ayuntamiento decidió acondicionar la zona y convertir el Huerto del Francés en un lugar de uso público. A medida que se iban levantando capas de escombros aparecieron piezas y restos de monumentos, fuentes ornamentales, escudos blasonados, placas dedicadas a héroes, antiguos bancos de granito, dinteles de puertas con el escudo de la Villa, frisos y angelotes, alguno de los cuales parece que adornó el demolido palacio de Medinaceli. Fueron inventariados y reutilizados aquellos que merecía la pena conservar.

El hallazgo más interesante fue el de los restos de una de las norias utilizadas para extraer agua del subsuelo del Retiro, concretamente la que había servido para abastecer a la Fábrica de Porcelanas, situada junto a la estatua del Ángel Caído y destruida por fuego amigo de los ingleses durante la guerra de la Independencia. Una vez restaurada se llevó a este punto, donde actualmente permanece.

Almacén en la Casa de Campo

En plena Casa de Campo, al norte del Puente de los Franceses, el Ayuntamiento dedicó en su día un espacio para almacenar los restos del ornamento retirado de calles y plazas. Muchos de ellos llevan décadas esperando ser rescatados y reutilizados. Nada se sabe desde que en 2013 concejales de UPyD y miembros de Madrid, Ciudadanía y Patrimonio realizaron una visita a estas instalaciones e hicieron una valoración muy crítica del estado en el que se encontraban estos restos, algunos de gran interés artístico e histórico. Entre ellos destacan los pilones cilíndricos que remataron el Puente del Rey, pedestales de las estatuas de la plaza Oriente, la taza y el remate escultórico de una de las fuentes de la Plaza Mayor, los restos del primer monumento levantado a las víctimas del atentado contra los Reyes en 1906 en la calle Mayor, los leones originales del monumento a Alfonso XII del Retiro, la escultura original de Concepción Arenal que resultó gravemente dañada durante la Guerra Civil, y vestigios de la muralla árabe y del Alcázar.

Muchos de los restos llevan décadas esperando a ser restaurados o reutilizados (www.madrida360.es)Madrid a 360° (nombre del dueño)

El dictamen fue duro: «Los talleres ocupan un amplio recinto vallado donde se ubican las naves de maquinaria de los canteros. Hay restos de innumerables procedencias: piezas arquitectónicas de antiguos monumentos desmontados y de edificios y palacetes demolidos del paseo de la Castellana junto a restos arqueológicos. Esto genera confusión entre piezas sin valor y otras labradas que por su interés histórico y artístico deberían contar con un recinto propio donde garantizar su conservación hasta que se decida su destino. Las piezas carecen de protección alguna: están amontonadas sin mayor cuidado, por lo que muchos elementos pétreos presentan roturas y mellas y las piezas metálicas están dobladas y con síntomas de oxidación».

¿Y la Puerta de San Vicente?

Se tiene constancia de que la primitiva puerta de la glorieta de San Vicente se encuentra desmontada en alguna parte, pero después de décadas de búsqueda nadie ha dado con ella. Fue encargada por el alcalde marqués de Vadillo a Pedro de Ribera en 1726 y derribada en 1770 por las obras de remodelación de la cuesta de San Vicente, una acción enmarcada dentro del proyecto de accesos occidentales al Palacio Real y su conexión con el camino del Real Sitio de El Pardo. Iniciadas las obras, Carlos III le encargó a su arquitecto de confianza, Francisco Sabatini, una nueva puerta de entrada a la ciudad por el paseo de la Florida que se levantó en 1775.

Sin embargo, en el año de 1890 se anunciaba que la Puerta de San Vicente iba a ser desmontada para reordenar el tráfico de carros y diligencias. Como se había prometido, no se derribó, sino que fue despiezada con el ánimo de volver a montarla en ese mismo punto. Durante las tareas de desmontaje, algunos sillares sufrieron serios desperfectos y la Puerta no se volvió a levantar. Algunos testimonios apuntan a que algunas de sus piedras se reutilizaron en la construcción de las bases de las farolas monumentales de la glorieta de Cibeles. El resto fueron subastadas por decisión del alcalde Nicolás Pañalver. Esto no está documentado y se cree que los elementos graníticos se encuentran en paradero desconocido.

En la década de los noventa, siendo alcalde Álvarez del Manzano, el Ayuntamiento decidió construir una réplica de la Puerta de San Vicente que se colocó en el mismo lugar, pero en posición inversa a la original.

Fuentes desaparecidas

En los años veinte, un espacio en pleno centro de Madrid dio lugar a una plaza: la de Callao. En los setenta, tras una remodelación de la plaza, se colocaron dos fuentes gemelas en los extremos de la misma, que fueron desmontadas tras la última reforma llevada a cabo en los noventa. Una de ellas fue eliminada y la otra se restauró, quedando situada en el centro de un pequeño jardín. Sin embargo, fue retirada en 2010 tras una nueva reforma del espacio. Nada se sabe de dónde fue a parar.

Fuente llevada al taller de cantería (www.madrida360.es)Madrid a 360° (nombre del dueño)

En el año 2009 se llevó a cabo la remodelación de la plaza de Colón para trasladar desde los Jardines del Descubrimiento hasta el centro de la misma la estatua del descubridor de América. Para liberar el espacio se desmontaron las llamadas Fuentes Oceanas, que estaban allí desde 1972. Estas fueron trasladadas a un almacén municipal, a la espera de encontrar un nuevo espacio para colocarlas.

El alcalde, Ruiz Gallardón, tenía pensada una ubicación: la plaza de Legazpi, pero el elevado peso de las fuentes impedía que se situaran sobre un terreno horadado por el túnel del Metro. Nada se ha vuelto a saber de ellas.

En 1624, el alarife Pedro de Pedrosa y el maestro cantero Martín Gortairy ejecutaron el diseño de Juan Gómez de Mora para construir la Fuente de la Abundancia, que se colocó en la plaza de la Cebada y que se abastecía con el caudal del viaje del Alto Abroñigal. El pilón fue reconstruido en 1677 y en 1754 se remozó todo este conjunto de gran belleza y que estaba rematado por la escultura de una mujer con un niño, alegoría de la Abundancia. De ahí el nombre por el que se conoció a la fuente, que fue desmontada el 27 de marzo de 1840.

Algunos de sus elementos fueron incorporados a la Fuentecilla de la calle de Toledo. Sobre los otros, se desconoce dónde fueron a parar. En 1999, se instaló en la plaza de la Cebada una fuente metálica circular con ocho caños.

Estos casos son solo una muestra del patrimonio ornamental de esta ciudad perdido, desaparecido, enterrado u olvidado por la desidia de la memoria histórica en materia de conservación de restos valiosos del pasado.