Dos «menas» detenidos por agredir y amenazar con violar a una cuidadora de Casa de Campo

Otra mujer y un vigilante de este centro de menores también sufrieron heridas por parte de los jóvenes, de 16 y 17 años

Centro de Menores no acompañados, conocidos como Menas, en la Casa de CampoJesus G. FeriaLa Razón

El aumento de robos y agresiones en torno al antiguo albergue Richard Schirrmann, reconvertido en un centro de acogida para menores extranjeros no acompañados («menas»), no solo ha puesto en pie de guerra a los vecinos de Casa de Campo y Batán, agotados por vivir en una constante amenaza. Los propios trabajadores y trabajadoras del centro también tienen que lidiar con situaciones de muchísima tensión debido al comportamiento violento de alguno de estos jóvenes. Y en momentos como el vivido a finales del pasado agosto, la cuerda termina por romperse. En esta ocasión, dos internos, de 16 y 17 años y nacionalidad marroquí, fueron detenidos por agentes de la Policía Nacional.

Según ha podido saber LA RAZÓN, y como consta en el atestado judicial, los hechos ocurrieron el pasado día 24 de aquel mes, en torno a las 10:30 horas. Todo comenzó cuando uno de los detenidos se personó en la zona de despachos del centro de menores, situado en el número 2 del Camino del Robledal. De acuerdo con los testigos, su comportamiento era violento y parecía estar bajo los efectos del alcohol.

El joven pidió a los profesionales del albergue una cantidad de dinero determinada. Y así se le concedió, ya que los internos cuentan con una asignación. Sin embargo, momentos después, se le pidió que fuera a ducharse y que se trasladara a su habitación, algo a lo que el presunto agresor se negó. ¿El motivo? Pidió a las trabajadoras del centro que le hicieran entrega de unas pastillas. Éstas, como no podía ser de otra forma, se negaron, ya que no se puede administrar a ninguno de los internos un medicamento que no haya sido previamente prescrito.

Aquella respuesta negativa dio pie a una espiral de violencia que obligó a los agentes a personarse. El menor comenzó entonces a amenazar a las víctimas, con expresiones de extrema crudeza. A una de las trabajadoras que le había atendido le dijo que iba a «violarla» y «matarla» en la Casa de Campo una vez que acabara su jornada y saliera del centro. Del mismo modo, también la amenazó con cortar los frenos de su coche y, directamente, con quemar el vehículo.

La agresión no solo fue verbal. En medio de la disputa, el detenido se abalanzó sobre otra de las trabajadoras, causándole heridas en el cuello y rompiéndole los pantalones fruto del forcejeo. De hecho, la mujer tuvo que personarse en el centro médico para ser asistida.

En aquellos momentos, tanto este chico como otro amigo suyo, también menor de edad, se bajaron los pantalones y los calzoncillos ante las mujeres, desfiándolas con gritos obscenos y de índole sexual.

Los vigilantes de seguridad del antiguo albergue tuvieron que emplearse a fondo, si bien el joven parecía fuera de sí. Aunque intentó zafarse como pudo de sus captores, éstos finalmente pudieron colocarle los grilletes. Como resultado, el detenido presentaba una pequeña herida en la puerta, motivo por el cual tuvo que acudir hasta el lugar un equipo del Samur. También resultó lesionado uno de los vigilantes que le redujo.

Nueva llamada a la Policía

Los problemas no acabaron ahí. Una vez que los agentes de la Policía Nacional fueron avisados y se llevaron arrestado al joven, las dos trabajadoras víctimas del ataque tuvieron que avisarles de nuevo. ¿El motivo? El otro menor, amigo del detenido, comenzó a amenazar a ambas y escupirles tras acudir a la zona de despachos.

Así, este triste capítulo no hace sino confirmar la conflictividad en la que la zona de Casa de Campo y Batán vive sumida desde hace más de un año. Y las investigaciones policiales indican siempre un origen común: el albergue Richard Shirrmann. Con todo, también se ha dado un «efecto llamada»: otros menores de otros centros que acuden a la zona para reencontrarse con sus compañeros. Además, el «radio de actuación» parece haberse extendido a zonas aledañas como Madrid Río.

Los meses de verano no han supuesto ni mucho menos una tregua para los vecinos. Tal y como adelantó este periódico, uno de los casos más recientes ocurrió el pasado 3 de septiembre. Entre las dos y las tres de la mañana, una joven de 23 años fue agarrada, golpeada, tirada al suelo y y finalmente robada por otro joven mientras esperaba la llegada de un autobús nocturno en la glorieta de San Vicente, en el distrito de Moncloa-Aravaca. Finalmente, la Policía Nacional detuvo el pasado jueves al presunto agresor, cuyo historial era cuanto menos significativo: se había fugado previamente del centro de menores de Cádiz, terminó recayendo en el de Hortaleza y al final, acabó en el albergue de Casa de Campo.

Días antes, el 20 de agosto, en los alrededores de dicho centro, cinco menores acorralaron a un hombre, de 62 años y origen sudamericano, le agarraron, le amenazaron con una barra de hielo, le tiraron al suelo y robaron todas sus pertenencias. Uno de los agresores fue detenido la pasada semana.

Los vecinos ya se han manifestado para solicitar la vuelta del antiguo albergue en sustitución del centro de menores, una decisión que compete a la Consejería de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid. De hecho, los afectados están estudiando adoptar medidas legales de no llegarse a una solución. Entre otras acciones, tienen en mente mandar un requerimiento a la Administración y, «si es necesario, acudir a los tribunales, ya que tenemos claro que hay irregularidades en base a la ley que protege a la Casa de Campo como Bien de Interés Cultural (BIC)». Y es que consideran que su transformación en un centro de menores «no es legal».