Luis Piedrahita: “El humor hace la vida más soportable”

El próximo viernes regresa al teatro Callao con «Es mi palabra contra la mía» y habla de los lugares de Madrid a los que siempre vuelve

Con su flequillo, las gafas de pasta y esa sonrisa que transmite inocencia, Luis Piedrahita da la impresión de ser ese niño que fue, y aún conserva, que se escapa de clase sin saber muy bien cómo ha sucedido, pero con la ilusión de que ese deseo que tantas veces imaginó se ha cumplido. Cuestión de magia, que de eso sabe un rato, o que el humor ha desbaratado un poco la realidad para hacerla más liviana. Gallego de nacimiento y madrileño por elección, Piedrahita es tan perfeccionista que elige sus lugares preferidos de la ciudad por orden cronológico. El primero lo narra como si fuese una película de Walt Disney pasada por su filtro de ternura exenta de cursilería: «Es el Museo de Ciencias Naturales. Nos hicimos 600 kilómetros desde La Coruña porque mi ilusión era ver el diplodocus. Tendría 8 años. Al llegar, el guardia de seguridad nos dijo que sala estaba cerrada porque la estaban restaurando. Comenté: «¡Oooh!» Me debió ver tal carita de pena que abrió la cadenita y me dejó pasar un momento. Me fascinó». ¿No dan ganas de abrazarle?

Piedrahita está en capilla –que nadie se alarme, en la profesión «monaguillo» no hay más que uno y comparte chanzas con él en «El hormiguero»– porque el viernes que viene vuelve al teatro Callao con «Es mi palabra contra la mía», en la que el humor es el salvoconducto para decir al espectador a la cara una cosa que se resiste a oír: nadie está contento con lo que le ha tocado. «El humor sale de lo más pequeñito, esos mínimos detalles son la metáfora perfecta para hablar de los grandes temas. Le digo un ejemplo: si hablo de por qué las mujeres mayores se empeñan en teñirse las cejas de negro al final se deriva en una reflexión sobre el amor verdadero; y si comento el miedo de ir a un baño ajeno acabo hablando de la muerte. El espectáculo trata sobre el descontento. Y en estos días tiene más sentido que nunca porque el humor es lo que hace la vida soportable». El teatro Callao es su segunda casa y la Gran Vía otro de esos lugares a los que siempre vuelve, aunque coja la dirección contraria. «Me encanta por esa vidilla cultural que siempre ha tenido aunque ahora esté en pausa: grandes musicales, obras de pequeño formato, cómicos haciendo el humor más “underground”... Es abarcable pero infinita».

Sigamos con su oficio de hacer reír pero con retranca y de sus referentes. No faltan los grandes: Billy Wilder y «El apartamento», «una historia de amor, pero también de humillación». No se olvida de Ernst Lubitsch, el director de «Ser o no ser». «Cuando la vi, pensé: ''Pero una comedia sobre los nazis y la opresión en Polonia... ¿Cómo se puede hacer?''».

El humor es inevitable en su vida diaria, casi como un mantra, que es común a muchos compañeros. Uno, del que no quiere decir su nombre, por pudor, relata de él una experiencia que no le pasó hace mucho. Se murió su madre «y en ese momento tan triste, tan duro e incluso feo –es verdad que la muerte no es nada estética– le empiezan a enseñar ataúdes y le dicen los precios. En ese momento tan crítico, sólo se le ocurrió decir: ''¿Y si resucita me devuelven el dinero?''. Es un humorista de pura cepa y en ese momento sacó un destello para el surrealismo. Eso es lo que hace la vida llevadera».

La pandemia, y la segunda oleada, lo lleva con sensación de irrealidad «como si esto no hubiese pasado nunca». Sin embargo, al tiempo, suelta una parrafada que tiene su sentido: «Íbamos con una inercia fantástica, sin un meteorito que nos amenazase, una guerra, eso era lo que no era normal. Porque si uno echa un vistazo a la historia de España de varios siglos hasta ahora no ha habido otra cosa que jaleo. Y la tranquilidad que hemos vivido en los últimos 40 años era una bendición. La Covid-19 va a marcar a una generación. Lo único que podemos hace es llevarlo con la mayor dignidad posible y que cuando nos estudien no se nos caiga la cara de vergüenza». Así sea...

Si le buscan le encontrarán el El Rastro «porque parece un cementerio de objetos, pero no; están buscando su segunda oportunidad, que alguien lo fiche para un nuevo equipo».