«El deporte y el Ejército comparten valores»

Ha vencido al «bicho» pero no lo olvida. Regresa a su vida cotidiana como «andaluz y madrileño»

Hubo un tiempo, cuando estaba en activo, que Alfonso Reyes daba algún que otro titular en la sección de deportes sobre las victorias y en las derrotas. No era de los que daban una callada por respuesta. Nunca le faltó determinación, la misma con la que se le ha visto en los meses más críticos de la pandemia. Aparecía con su barba poblada, abatido en ocasiones por los efectos del «bicho» –como él le llama– y, otras veces, aunque solo fuera a través del hilo de voz que le permitía la tos, indignado pero sin un síntoma de resignación.

Ahora, pasado el tiempo, y recuperada la salud, Reyes –que se define como un andaluz en Madrid– rememora algunos lugares de la Comunidad que, de una u otra manera, están presentes en su vida y en sus recuerdos. «Me trasladé a vivir hace menos de dos años a Boadilla del Monte y me encanta pasear por el pueblo y también por el Parque del Infante Don Luis, que tiene un palacio, por no hablar de un encinar que es muy bonito andar por él».

De su infancia y adolescencia reivindica el Parque de Oeste de Madrid «porque hasta los 18 iba con mis hermanos a jugar. Tenemos la suerte de que Madrid es una ciudad muy verde». Y finaliza su ruta en el Museo del Prado porque es uno de los estandartes de la vida cultural que hay en la ciudad. «Para mí es la mejor pinacoteca del mundo. El patrimonio histórico que tenemos es inmenso».

Si hablas con Reyes, no es que sea una obligación, pero sí casi inevitable, referirse al virus que le tuvo postrado. Yendo a lo fácil se podría decir que fue el partido más difícil de su vida, pero es quedarse corto: «Fue una batalla cruenta, la más dura. Antes me operaron de la columna, de una hernia discal, pero ni punto de comparación. En esta ocasión, han sido diez o doce días muy malos que no se los deseo a nadie. Gracias a los sanitarios de Puerta de Hierro lo puedo contar. No sé hasta qué punto mi vida corrió peligro».

Aunque es muy batallador en las redes sociales con algunos políticos, pasa página pero les sigue dando estopa. Aunque analítico como es, vivió la pandemia desde dentro y «para los pacientes y los sanitarios fue un aprendizaje diario contra las neumonías bilaterales y cómo parar al condenado ''bicho''. No había, como en el baloncesto, una tabla en la que indicar que hacía cada cual porque nunca se había visto algo igual. Lo único que puedo decir es que hay que acudir en el momento en que te encuentras mal. Solo tengo buenas palabras para la sanidad pública y la privada, porque eso de hacer distinciones no me gusta».

Sigue siendo muy batallador con según qué políticos y gestores ‚pero se ha reencontrado con su normalidad. Lo siguiente es rememorar sobre lo que ha gravitado su vida: el baloncesto.

A quien esto escribe siempre le sorprendió cómo, en más de una ocasión, la rapidez mental es casi más determinante que el talento físico. «Si estás en la elite de un deporte, la mentalidad es fundamental. De nada sirve un talento físico brutal si no va acompañado de una inteligencia mental y emocional para saber controlar los momentos de tensión y ser capaz de leer el juego». De su época en activo rememora a rivales y compañeros de esos con los que compartir cancha es como un regalo de cumpleaños: «He jugado con el que yo considero el mejor deportista del mundo: Michael Jordan. Después de eso poco más se puede decir, aunque no puedo dejar de citar a Sabonis, Pau Gasol, Navarro y mi hermano Felipe, con el que he compartido desayunos, comidas y cenas».

Después de la retirada –«por supuesto que hay un vacío en el caso de que no se piense cómo va a ser el regreso a la vida ‘’civil'’, como yo digo, para el que se tiene que estar mentalizado», reflexiona–, piensa que un deportista de elite tiene mucho que aportar a las empresas y a la sociedad: «Valores que se han ido adquiriendo y que ya están enraizados como la disciplina, la fuerza de voluntad, el compañerismo, la entrega y la solidaridad», enumera. Pero incluso se le queda alguno en el bolsillo: «La constancia y la capacidad de liderazgo. Es importante (al menos para mí, que he practicado un deporte de grupo) empatizar con tus compañeros. Estas cualidades las asemejo mucho a las que tiene el Ejército, compartimos valores y todos son positivos».

En estos momentos hay una eclosión de documentales de deportistas en activo que protagonizan programas para que los espectadores conozcan cómo son fuera de los focos. Reyes precisa: «Lo importante es que no se les olvide a ellos que son personas normales. Gasol y Rafa Nadal son unos ejemplos de cero prepotencia».

El ex baloncestista no ha caído en las redes de las series –salvo «Stranger Things» por su hija pequeña– y «La voz más alta». Lo que sí ha recuperado es su pasión por la lectura: «Soy muy ecléctico, leo casi de todo, pero me encanta la Historia». Lo pueden comprobar en sus redes sociales, en las que recomienda títulos como «Kaputt», de Cuzio Malaparte, y la biografía de Winston Churchill.