Los cines afrontan su peor crisis

La caída de espectadores con respecto al año pasado se sitúa en un 70%. Algunas salas, como los Paz, han tenido que cerrar de forma temporal

Carolina Góngora recuerda cómo reabrieron la puerta de los cines Paz «con muchísima ilusión». Era un 26 de junio, el estado de alarma había decaído y España en general y Madrid en particular comenzaban a incorporarse poco a poco a la nueva normalidad. Y, entre la recuperación de los hábitos perdidos, se encontraba también el de disfrutar de una película en una sala de cine. Si bien con los aforos reducidos (al 75%) y sin despegarse de la mascarilla, el público tenía la oportunidad de evadirse durante hora y media de una realidad que superaba a cualquier ficción. Sin embargo, los espectadores están siendo reticentes: los cines Paz, en el número 125 de la calle Fuencarral, se ven obligados a echar el cierre temporalmente. Y subrayan lo de «temporalmente». No tienen dudas de que abrirán.

Según fuentes del sector, la caída de espectadores durante este pasado verano se ha situado en torno a un 70% con respecto al anterior en la capital. Si ya es algo difícil de asumir para las multisalas de grandes compañías, resulta una labor titánica para los cines pequeños. En el caso de los Paz, hablamos de una de las contadísimas salas de la capital que aún pertenece a una familia. Inaugurado el 13 de noviembre de 1943, pasó por varias manos hasta que los Góngora se hicieron cargo del negocio en 1989. Nacido como una sala única, ahora cuenta con cinco, sumando cerca de mil butacas.

«Ha habido películas con buena recaudación. Incluso hemos sido de los primeros en taquilla en Madrid. Sin embargo, no ha sido suficiente. Ha sido una decisión muy difícil. Pero preferimos cerrar ahora y volver dentro de un tiempo, cuando el público, y todos en general, volvamos a la vida. Y seguro que ahí estaremos», asegura Carolina.

Es cierto que el retraso de los grandes estrenos, ante unos estudios temerosos de que el público opte por quedarse en casa en tiempos de pandemia, ha ejercido un «efecto tsunami» que ha arrastrado inexorablemente a las salas. Las películas más esperadas del año, las destinadas a llenar las butacas y previstas para este tercio final de año, se han visto aplazadas para 2021. E incluso algunas ya apuntan al año siguiente. «Sin tiempo para morir», última entrega de la saga 007, se estrenará en abril de 2021; «Black Widow», esperadísimo regreso al Universo Marvel, se reservará para próximo mayo; «Wonder Woman 1984», la apuesta de su principal competidor, el Universo DC, se ha fijado finalmente para este 25 de diciembre... Sin embargo, tal como evolucione la situación sanitaria, estos estrenos podrían sufrir nuevos imprevistos.

Ni siquiera las grandes cadenas están a salvo. Y más aún con las restricciones a la movilidad. Como afirmaba recientemente a Efe Agustín Llorente, director general de Kinépolis, el impedimento a la hora de desplazarse está teniendo un impacto muy negativo. Esto, sumado a la falta de estrenos atractivos para el público, está provocando unas salas aún más vacías de lo que permitiría el aforo reducido. No es solo un problema en España; es a nivel mundial. El caso de Cinemaworld, que ha echado el cierre temporalmente 536 salas de EE UU y 127 en Reino Unido, revela la produndidad de la crisis. Sin embargo, la ciudad de Madrid se enfrenta ahora un nuevo confinamiento que no promete mejorar las cosas desde un punto de vista comercial.

Con todo, este no es el principal problema de cines como los Paz. Como explica Carolina Góngora, la sala no mira tanto a los «blockbusters» como al cine independiente. Buena parte de su público lo conforman personas mayores que no necesariamente acuden al reclamo de una película en concreto; si van a los Paz es porque saben que encontrarán una programación de calidad. Son ellos los que han permitido a los cines afianzarse. Pero también son ellos los que más miedo tienen a salir a la calle, y más aún a los espacios cerrados. «Desde que abrimos sí que ha venido parte de nuestro público. Pero ahora son ellos también, en su mayoría, los que menos salen de casa. Solo para lo indispensable. Y aunque lo hemos intentado de todas las formas posibles, sin ellos no podemos seguir», reconoce Carolina, que recuerda que pocos sitios hay más seguros a día de hoy que una sala de cine: gel, distancias, mascarillas... «Coincides con muy poca gente», añade.

No podemos olvidar que las salas de cine, tristemente en vías de extinción por efecto de la piratería primero y las plataformas después, llevan inmersas en una crisis cronificada durante los últimos treinta años. Sin embargo, y en esto los Paz han sido pioneros, muchas han ampliado su oferta gracias a la proyección en directo de grandes eventos culturales, como ópera y danza. Sin embargo, ahora el problema es global: teatros de renombre como la Royal Opera House, cuyos espectáculos han sido proyectados por los Paz, tampoco programan. «Y no lo van a hacer hasta 2021», apunta Carolina.

Mucha gente que pasea estos días frente a los cines de la calle Fuencarral, antaño una segunda Gran Vía por la gran cantidad de salas que acogía, se topa ahora con el cartel de «cierre temporal» de los Paz y niega con la cabeza en señal de incredulidad. Ahora, como en las películas del Hollywood dorado, solo cabe esperar a que el final feliz esté un poco más cerca.