¿Una ermita del siglo XIII para hacer botellón?

Santa María la Antigua, en Carabanchel, abandonada, está pintada de grafitis, restos de basuras y de botellones

Perdón, ¿una ermita del siglo XIII en Carabanchel de la época mudéjar?, ¿la misma en la que antes estaba al lado de un cementerio y hace años se podía ver a los presos de la cárcel saludando con la ropa de cama– se daba el responso a los muertos para llegar a su morada final que estaba a 100 metros? Sí, la ermita de Santa María la Antigua sigue allí, sólo que rodeada de basura, orines de los que hacen botellón allí, grafitis, basura y la acera sin pavimentar porque parece que los responsables de la calle Monseñor Óscar Romero consideran que con gravilla y arena ya estaba adecentada. A eso hay que sumar una línea de alta tensión cerca del campanario. El sitio menos indicado. Conclusión: en 1981 se le otorgó Bien de Interés Cultural y sigue siendo un erial por la sencilla razón de que se asentó cerca un poblado chabolista y los listos de la pandemia tienen los arrestos de darse un homenaje en forma de beber. En 2019, en teoría se reforzó el muro sur y el ábside. Pero la asociación lo ha visto y añade algo más: «Limpiar la piedra no es tan sencillo». Mis padres todavía se acuerdan cuando antes de enterrar a un familiar se hacía el funeral allí y se iba directamente al cementerio. Dicen, quizá por la nostalgia, «que no vieron capilla más recogidita y tan bonita». Mi abuela no llegó, se quedó a las puertas, cuando se cerró en 1968. Pero aún había personas vendiendo flores todos los días de guardar y parroquianos que se acercaban a la ermita desde fuera para rezar.

Pero, como dice Felo, del colectivo Carabanchel Historia y Patrimonio, las irregularidades se multiplican Aparte de dejar al desaire una ermita del siglo XIII, como un centro de urinario y de estómagos que soportan mal el alcohol, hay un otro problemón. Esa zona tiene un yacimiento romano, como comenta Felo «hay un patrimonio arqueológico, 500 metros desde la avenida de los Poblados hasta el parque Eugenia de Montijo». Es más A unos 300 metros de distancia de la Ermita de Santa María la Antigua (el templo mudéjar más antiguo de la Comunidad de Madrid), en la quinta de los condes de Montijo, fue hallado el mosaico de Carabanchel. «Que está ahora en el museo Arqueológico, pero no se preocupan del resto».

En la trastienda está lo que pasó el otro día, cuando fueron la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís y el delegado de desarrollo Urbano Fuentes, «ahí sí que limpiaron las brezas y lo que estaba sucio».

A parte de la ermita y de los restos arqueológicos, les queda «pero no somos tantos», pedir que las pocas fachadas modernistas de Madrid, en la calle de Eugenia de Montijo hay una con el título en azulejos llamada la Colonia de la Prensa, plagada de grafitis. Cuando se avanza por ella hay los mejores mansiones de la capital, maltratados por los hijos de los dueños y los que van de excursión a hacer trapacerías.

Un vieja y cansada reivindicación es recuperar para el barrio la Finca Vista Alegre, que disfrutaron la Reina María Cristina de Borbón, Isabel II y el Marqués de Salamanca. Algunos jardines y fincas están vedados. Para los vecino es un «quiero pero no puedo». Algunos empañados por la nostalgia quieren que Carabanchel sea el pueblo que fue como en 1948. «A lo mejor nos apañábamos mejor con nuestro ayuntamiento, nuestros presupuestos para hacer política sin tanta burocracia...».

Rafael insiste, Lo que no buscan es quedar bien con cualquier partido político. Sólo pretender reivindicar el patrimonio cultural de Carabanchel, que antes que distrito fue pueblo y sienten que se está perdiendo lo que le dio la Historia. «Es la última oportunidad para recuperarla». En eso estamos.

Proteger un patrimonio de todos

Tras negarlo, como dice Rafael, cuando se camina por algún sitio de Carabanchel se están pisando restos arqueológicos de yacimientos romanos. Según dice Rafael, «al principio el Colegio de Arqueólogos no le dio importancia.Luego sí, pero se sigue sin hacer nada». Restos se han encontrado, pero el problema es que se topan con los constructores de pisos. Las excavadoras hacen su trabajo hasta que se topan con los restos. Entonces llega la burocracia entre ayuntamiento, comunidad de Madrid y el Gobierno. Entre unos y otros, la casa sin barrer.