Intencionado, en julio y por la tarde: así fueron los incendios en 2020

En este año se registraron 227 incendios forestales que han calcinado 1.333 hectáreas, un 56% menos que el año pasado

El año de la pandemia ha dejado a la Comunidad marcada por la tragedia pero, afortunadamente, también podemos escuchar alguna cifra buena en Madrid si la comparamos con otras regiones: los incendios registrados este año han caído prácticamente a la mitad. Hasta el 30 de septiembre, según un primer balance del Plan Especial de Protección Civil de Emergencia por Incendios Forestales de la Comunidad de Madrid (Plan Infoma), los Bomberos forestales han intervenido en 236 incendios (227 forestales y nueve agrícolas) que han calcinado 1.333 hectáreas, lo que supone un 56 por ciento menos respecto a las cifras del año pasado, un año especialmente duro si hablamos de fuego.

La rapidez en las intervenciones de estos profesionales ha logrado que 182 (el 80% de esos incendios) se quedaran en conato, es decir, que se quemó menos de una hectárea de terreno. La cifra de conatos sitúa a Madrid 14 puntos por debajo de la media nacional, que está en torno al 66%. ¿El «truco»? Un gran despliegue de medios humanos y materiales combinado con la disposición de los mismos: muy repartidos y situados en puntos estratégicos, de forma que en cuanto una torre de vigilancia detecta humo acude una dotación y, en menos de 10 minutos, ya está comprobando si se trata de una «falsa alarma» (una barbacoa o quema de rastrojo controlada, a pesar de no estar permitida) o, por el contrario, es necesaria la ayuda de más compañeros para controlar las llamas. Lo explica el viceconsejero y director de la Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid (ASEM) 112, Carlos Novillo, ingeniero agrónomo que lleva 19 años de bombero a sus espaldas: «Nuestro objetivo es que el incendio no crezca: que podamos meter muchos medios al inicio para poder darle fuerte, que no coja energía y que no tenga capacidad, sobre todo, de afectar a zonas urbanas».

Y es que una de las complejidades de Madrid es, según Novillo, su «alto grado de interfaz urbano forestal». Esto significa que hay mucho pequeño núcleo urbano integrado dentro de las masas forestales, lo que dificulta la gestión del incendio. «En otras comunidades con mayor superficie forestal sin población pueden hacer otra táctica más defensiva», apunta el viceconsejero. Sin embargo, en la región es vital frenar el avance de las llamas cuanto antes porque enseguida puede afectar a una vivienda. Por eso, la Comunidad cuenta con nueve medios aéreos y, además de los 19 parques de Bomberos que hay durante todo el año, 52 retenes en temporada alta están distribuidos en puntos de «pronto ataque», de tal forma que les permite no superar esa franja de los 10 minutos para llegar (en vuelo o de forma terrestre) a un fuego.

La evolución de los incendios de este año a medida que avanzaba el verano ha sido la misma de siempre: al contrario de las manecillas de un reloj. Comienzan por el sureste (zona cerealista, un combustible muy potente) en junio y julio. Ahí la sierra noroeste aún permanece con cierta humedad pero, según se va acercando el final de julio, comienza el peligro en todo el Parque Nacional del Guadarrama. Los Bomberos forestales lo tienen todo medido: desde el 15 de junio, cuando empieza la época de alto riesgo de incendio, elaboran un mapa de riesgo para cada día. Para su elaboración cruzan parámetros meteorológicos y calculan la humedad en función del terreno en cada zona de la región: el combustible fino muerto (miden la humedad del pasto) y el vivo (calculan la humedad del arbolado y el arbusto). De esta forma ya saben con una precisión casi milimétrica donde están las zonas de mayor peligro.

Este año, el estudio ha vuelto a demostrar su eficacia: los incendios comenzaron en el sureste porque, además, coincide con la temporada de recogida de cereal, lo que provoca, según el director de la ASEM112, que «muchos incendios agrícolas pasen a terreno forestal». Así, la mayor parte del fuego de este año se ha dado precisamente en esa zona, en el parque del Sureste (61 incendios), seguido del Parque de Guadarrama (44) y la zona de Alcalá (31). En cuanto a los meses, julio (el mes que suele registrar temperaturas más elevadas y más horas de sol) ha sido el que ha contabilizado más incendios (68), seguido de agosto (53) y junio (42). La hora más habitual para que comiencen las llamas es la franja de 16:00 a 17:00 horas, que es, según los expertos, cuando la humedad relativa es menor y la temperatura es más elevada.

Los fuegos provocados de forma intencionada han sido este año la mayoría (72), seguido de cerca por las negligencias (53), como puede ser un trabajo de soldadura donde salta una chispa o mal uso de maquinaria agrícola. Como curiosidad, 12 incendios han sido provocados por un rayo.

El efecto del confinamiento

Pero esa intervención casi inmediata por parte de los profesionales ha permitido que la mayoría de los fuegos hayan quedado en prácticamente nada: 165 han sido de menos de media hectárea y solo uno mayor a 500 hectáreas. Fue el peor del año y fue en Robledo de Chavela: ardieron 1.073 hectáreas. Las llamas se originaron como consecuencia de un accidente de moto en la carretera M-512 y afectó a los términos municipales de Robledo de Chavela, Zarzalejo y Fresnedillas de la Oliva.

Este año la primavera ha estado marcada por el confinamiento y eso se ha traducido de forma positiva en el monte: abril registró el dato más bajo (5 fuegos) igualando casi al frío mes de enero, con cuatro. También ha influido el encierro, según Novillo, en el que el escaso uso de sendas y caminos permitió el crecimiento de vegetación en los mismos (unido a la lluviosa y calurosa primavera, que hizo un efecto invernadero y provocó un veloz crecimiento del pasto), lo que supuso un «extra» de trabajo para las brigadas forestales en mayo, al tener que limpiar todas esas zonas. Además, la pandemia les obligó a modificar la configuración de los relevos para evitar contagios entre los profesionales que, además, tenían que compartir espacios reducidos como una autobomba (camión de bomberos).

Los buenos datos de este año fueron avanzados por el consejero regional de Justicia, Interior y Víctimas, Enrique López, en el Pleno de la Asamblea, donde compareció a petición propia. El consejero destacó el dato de la reducción de un 93% de la superficie arbolada quemada respecto al 2019 y de un 61% respecto a la media de los últimos 10 años. Se trata de otra «medalla» para Madrid, ya que supone solo un 7% de arbolada, mientras que la media nacional se sitúa en el 27%. Es decir, la mayor parte de la superficie calcinada ha sido matorral y pasto.

López recordó que el Plan Infoma de este año ha contado con un presupuesto de 38,4 millones de euros, con 5.042 profesionales movilizados y 551 vehículos terrestres. El responsable del área puso como ejemplo de buena actuación la llevada a cabo por los efectivos de lucha contra incendios regionales en el siniestro de agosto en Pelayos de la Presa.

«Gracias a la capacitación técnica de estos profesionales, el incremento que hemos hecho de la inversión en medios a su disposición y la pericia, experiencia y coordinación de nuestros mandos, salvamos un momento crítico en un incendio con un potencial tremendo», destacó.