Juanjo, el hombre con más años cotizados de España, se jubila

Comenzó a trabajar en 1948 en el negocio de la piel y, así, hasta hoy. Más de 70 años después se toma un merecido descanso

Juan José Fernández, peletero .
Juan José Fernández, peletero .CIPRI PASTRANO DELGADOLa Razón

Trasladémonos un instante a 1948. Harry Truman era reelegido como presidente en Estados Unidos. En Europa entraba en vigor el Plan Marshall de recuperación económica. Y la Asamblea General de las Naciones Unidas firmaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Entre estos últimos, por cierto, se encontraba el derecho de todo adulto a trabajar y cobrar un sueldo justo por su trabajo. En aquel mismo año, podemos decir que Juan José Fernández, entonces con 13 años, comenzó a ejercerlo.

Como él mismo nos recuerda, nació en Madrid en 1935. Apenas un año antes del estallido de la Guerra Civil española. El principio de la contienda lo pasó en un pequeño pueblo de Lugo, al que acudió junto a su madre en vacaciones. Se tuvieron que quedar allí más tiempo del previsto, debido a que los trenes no circulaban –«regresamos a Madrid en el primer tren que dejaron pasar», dice–. En 1942, su padre falleció, su madre era ama de casa y, con solo siete años, se convirtió en el «hombre» de la casa. Y en 1948, siendo prácticamente un preadolescente, comenzó a trabajar, «sin tener nada», para mantener a su familia. Lo hizo en una mercería del centro de Madrid. Y así... hasta este año 2021. Setenta y tres años después, don Juanjo, como es conocido por todos, ha decidido poner fin a su carrera y acogerse a una más que merecida jubilación. Su peletería, Siber, en el número 42 de la calle Preciados, echa definitivamente el cierre después de casi 60 años ofreciendo prendas de piel de la más alta calidad.

«A la fuerza»

Si hay alguien que lleve más años que él cotizando en nuestro país, que levante la mano. Porque lo cierto es que no consta que haya nadie con tal cantidad de años, meses y horas trabajados. Hace unos seis años, LA RAZÓN le entrevistó por primera vez. Entonces, Juanjo, que hoy tiene 85 años, se veía trabajando más allá de los 90 «mientras no me falte salud». Últimamente, sufrió un pequeño ictus y pensó que era el momento idóneo para jubilarse. Eso sí, como él dice, «a la fuerza». «Todo ha sido por cuestión de médicos», subraya. Y «toca madera»: el coronavirus no se ha presentado en casa de los Fernández.

En todo caso, que nadie piense que Juanjo es de esos jubilados que van a hacer de su casa su castillo. No puede quedarse quieto. Para empezar, porque, junto a su hija, está ahora inmerso en la liquidación de Siber, lo que hace que su casa haga las veces de almacén. La peletería la cerró físicamente hace tres años, pero seguía trabajando desde casa, respondiendo, como siempre ha hecho, a las peticiones de sus clientes. Un nombre, Siber, que, como Juanjo recuerda, no era originalmente el que él y su hermano Pedro, siete años menor, querían para el establecimiento. «Siberia» era el nombre elegido, pero estaba siendo utilizado por otra peletería, en Barcelona. No tuvieron permiso para utilizarlo y, por tanto, decidieron acortar el nombre.

Durante estos días, además de regalar a sus amistades los artículos que han sobrado de la tienda, sigue acudiendo al despacho que tiene habilitado en otra peletería, en Ríos Rosas, propiedad de un amigo suyo. «Voy allí casi todas las mañanas, les oriento de forma gratuita y aún hago algún abrigo de piel. Sobre todo por mis clientes», dice. Porque tenía, y aún conserva, clientes de toda España. «Juanjo, quiero que me arregles el abrigo» es una frase que aún escucha. De algún modo, ese peletería se ha convertido en su «heredera» desde un punto de vista profesional.

Tanto Juanjo como su hermano Pedro, fallecido en 2010, comenzaron como aprendices en la Peletería Sonsoles. Era un «chico» para todo. Y, gracias precisamente a eso, se empapó de todo lo que necesitaba para eso que antes era «buscarse la vida» y que hoy conocemos como «emprender». Y no era nada fácil. Aquellos eran los años del famoso estraperlo, recuerda: el «mercado negro» de bienes intervenidos por el Estado. «Entré de aprendiz y acabé de encargado», apunta. «Si eres el jefe de los aprendices, tienes que ser el número uno», le aconsejaron en una ocasión. Por eso, tanto Pedro como él se atrevieron a dar el salto: adquirieron a principios de los sesenta, siendo aún unos veinteañeros, un pequeño local en la calle Preciados y fundaron su propia peletería.

«Trabájabamos para particulares, para firmas alemanas, francesas... Comprábamos las pieles en subasta, las curtíamos, hacíamos los patrones. Todo lo hacíamos nosotros, desde cero», apunta. Las peticiones se sucedían desde los cuatro puntos cardinales. No les faltó trabajo. Y no solo en nuestro país, también del extranjero. Al estar en un barrio tan céntrico, no eran pocos los turistas que visitaban Siber, se probaban la prenda, la compraban... y, desde entonces, se convirtió en su peletería de referencia.

Un sector «acabado»

Sin embargo, Juanjo tiene la sensación de que se ha retirado a tiempo. «La peletería está acabada», reconoce. «Tuvimos años muy buenos, con grandes colecciones... La gente antes presumía de llevar el mejor abrigo... pero ahora se echa para atrás. La peletería era una de las profesiones más reconocidas mundialmente», añade. Y es que, eran tiempos en los que una clienta podía comprar «diez abrigos». Juanjo tiene dos hijas y un hijo. La mayor es la que ha seguido sus pasos en el mundo de las pieles.

Por supuesto, el peletero piensa en su pensión. Y si alguien cree que, tras trabajar más de 70 años de su vida, el resultado va a ser una mensualidad desorbitada, que se vaya borrando rápido la idea de la cabeza. Según sus cálculos, «toca» a unos 1.700 euros. Para él, una «vergüenza». «Afortunadamente, hemos ahorrado. Siempre hemos tenido ese sentido del ahorro», explica.

La jubilación es el final de tu carrera, pero no de tu vida. Por eso, Juanjo sigue pensando en proyectos a largo plazo. Con las prendas que le han sobrado, quiere levantar un museo de la peletería, «sin llevarme nada a cambio», solo por el placer de compartir lo aprendido y transmitir al público el arte de su oficio. Porque, hasta el final, «seguiré en la lucha».

Por último, le preguntamos por la célebre Medalla al Mérito en el Trabajo. Una distinción concedida por parte del Gobierno a todas aquellas personas e instituciones por su conducta útil y ejemplar en el desempeño de cualquier profesión. Juanjo, «cree», que su nombre ha sido propuesto para este año. Siendo honestos, cabe preguntárselo: ¿hay muchas más personas que la merezcan más que él?

Un negocio en crisis

El sector de las pieles es uno de los que comenzó a retroceder a partir de la crisis económica de 2008. Entonces, nuestro país contaba con casi 300 empresas peleteras. Diez años después, el número se redujo prácticamente a la mitad, con 146. Uno de los motivos ha sido la presión ejercida desde movimientos ecologistas. Entre sus objetivos están las granjas de visones: en nuestro país se encuentran cerca de cuarenta con más de medio millón de estos animales. Además, el coronavirus ha hecho acto de presencia. Así ocurrió el verano pasado, en Aragón. La presencia de Covid en una granja obligó a sacrificar a más de 90.000 visones.