Negociar la vacuna Sputnik y las otras 30 medidas anti covid con las que Ayuso se adelantó a Sánchez

Las dos formas de enfrentarse al virus desde el Gobierno central y el autonómico marcan el «combate» entre PSOE y PP a tres días del inicio de la campaña

Thumbnail

La emergencia sanitaria vinculada a la pandemia del coronavirus ha marcado por completo la actualidad del último año y, sin duda, será un elemento protagonista de la campaña electoral que arranca el domingo en Madrid. La omnipresencia de Pedro Sánchez en estos últimos días anticipa la posibilidad de que el 4-M pueda convertirse en un cara entre él y la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, con el virus como pilar fundamental de la disputa. Las dos maneras, casi opuestas, que han tenido uno y otra de enfrentarse a la pandemia provocará que socialistas y populares hagan bandera de sus respectivos modelos de gestión.

Ayer mismo, se vivió el último episodio de este cara a cara sanitario. Y, una vez más, Sol dio la impresión de adelantarse a Moncloa con su propuesta para abrir la vacunación con AstraZeneca a menores de 60 años que quieran hacerlo de manera voluntario. Apenas unos días antes, el equipo de Ayuso volvió a dar una lección de anticipación al de Sánchez mediante la apertura de conversaciones con los responsables de la vacuna rusa Sputnik con el fin de acelerar su eventual llegada a Madrid en el caso de que ésta reciba la autorización de las autoridades europeas.

Antes de estos dos ejemplos, hasta en treinta ocasiones Ayuso marcó el paso a Sánchez en el combate de la pandemia con iniciativas que, primero, fueron criticadas desde Moncloa y, posteriormente, asumidas como propias. En otras ocasiones, esas medidas lanzadas desde Madrid han sido adoptadas después por gobiernos extranjeros y recibidas con displicencia por Sánchez y el Ministerio de Sanidad.

Durante la tercera ola, el equipo sanitaria de la ahora candidata del PP apostó por incluir a grupos de vacunación preferentes de grupos altamente expuestos al público (camareros, profesores, taxistas, personal de supermercados) en el proceso de inmunización una vez se concluyera el de los grupos vulnerables. Ahora lo está haciendo el Estado de Nueva York. Ocurre algo similar con las mascarillas FFP2, repartidas gratuitamente a la población en las farmacias de Madrid. Moncloa cuestionó su uso y ahora distintos organismos internacionales recomiendan su uso. En diciembre, Ayuso aseguró que no iba a haber vacunas suficientes. Moncloa auguró que sobrarían y acusó a Sol de crispar y hoy la realidad es que no tenemos vacunas.

El Hospital Isabel Zendal, esencial

Al cumplirse el año de pandemia, el hospital Zendal se ha consolidado como un elemento esencial a la hora de descongestionar el resto de hospitales de Madrid. El resto de regiones tuvieron que improvisar hospitales de campaña para afrontar esta tercera ola. Ayuso pidió cuarentenas para los viajeros procedentes de Sudáfrica y Brasil. Dos semanas después el Ministerio de Sanidad las aprobó. Madrid prohibió las reuniones en los domicilios entre no convivientes. Semanas después, Moncloa adoptó la iniciativa. También apostó la Consejería de Sanidad en Madrid por una estrategia para conjugar salud y economía: toque de queda a las 23 horas, máximo de 4 personas en interior y 6 en terraza. Se criticó primero y en una reunión posterior del Consejo Interterritorial, el Gobierno copió el documento.

Madrid se adelantó al Gobierno

El escenario era el mismo en esa tercera ola que en las dos anteriores. Desde que Madrid fue la primera región en cerrar los colegios el 9 de marzo.

Después vendría otra veintena de iniciativas en las que el Gobierno autonómico se adelantó al central: la petición de exención de las tasas a los vuelos sanitarios, la decisión de poner fin a las actividades deportivas de aficionados antes de la declaración del Estado de Alarma, la exigencia de cerrar las peluquerías por su condición de foco de contagios en el inicio de la pandemia, la articulación de medidas de ayuda para autónomos así como para pequeñas y medianas empresas, la distribución de menús para familias vulnerables, la conversión de hoteles alojamiento para sanitarios, turistas atrapados y mujeres víctimas de violencia de género, la llamada de atención en torno a la falta de mascarillas como elemento crucial en la protección de los ciudadanos, el permiso excepcional para la venta ambulante en los pueblos, la publicación de los fallecidos fuera de los hospitales, la exigencia de una estrategia clara para conocer el comportamiento del coronavirus, la petición para que los ayuntamientos pudieran utilizar el remanente de tesorería, la activación de las farmacias para cribados y la aprobación de un cierre perimetral por días.

Nada más conocerse la existencia de una una nueva cepa del virus en Reino Unido, la presidenta madrileña fue la primera en exigir el cierre de los vuelos con este país. Moncloa, tarde también, optó por este cierre. Semanas más tarde, se comprobó que la variante británica del virus entró en Madrid por Barajas, después de Ayuso pusiese encima de la mesa su postura de cerrar la conexión con este país. En el caso del confinamiento de las zonas con contagios, también Madrid se adelantó al volver a asumir sus competencias tras el final del Estado de Alarma. No cerró municipios, sino zonas básicas de salud. La presidenta optó por restricciones en áreas más pequeñas. Acusaron entonces a Ayuso de segregar y discriminar a los barrios más vulnerables, pero la estrategia funcionó, frente a la idea del Gobierno central de cerrar toda la capital, como obligó con la declaración del Estado de Alarma.

Ayuso planteó que los test masivos a la población eran la mejor estrategia para localizar al que contagia y que el resto de la gente pudiera hacer su vida normal. En septiembre, Madrid adquirió 5 millones de test rápidos de antígenos para centros hospitalarios y de Atención Primaria. La Comisión Europea terminó recomendando su uso a todos los países de la Unión.