"Cervecívica"

Cañas, Netflix y política: las tertulias en los bares entre la actualidad y el “Juego del calamar”

Los «Cervecívica» son reuniones en los bares de Madrid en los que se analizan elementos de la cultura pop tanto desde desde el punto de vista político como social

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Madrid es la ciudad de las terrazas, los bares y las cañas: los espacios seguros donde reunirse, hablar y pensar en voz alta con amigos y conocidos. Pero son espacios, además, que pueden ayudar a construir el futuro. Así lo demuestra la experiencia de los «Cervecívica», una iniciativa que surge de la necesidad de llevar el debate político y social a sitios comunes, como los bares de Madrid. Y, así, crear ciudadanía. La premisa es sencilla e innovadora: a partir de un elemento de la cultura pop se abre el debate en un bar. Desde ahí comienza la conversación, en la que siempre hay cabida para opiniones muy dispares. Esta misma semana han vuelto, tras la pandemia, a retomar estos encuentros de forma presencial. Esta vez, en Bastardo Hostel y con la serie de moda: El juego del calamar.

Los responsables de llevar esta iniciativa a los bares de Madrid son Manuel Rodríguez, consultor político y de innovación social, experto en procesos participativos y nuevas narrativas digitales; Pedro Nicolás, consultor SEO y Social Media; y Fernan Camacho, escritor y poeta, autor de «Responsabilidad Generacional Corporativa» (Ed. Sonámbulos). Ellos forman parte de Cámara Cívica, una comunidad que se dedica a la divulgación política. «Intentamos acercar a la ciudadanía la reflexión sobre la política, utilizando para ello un lenguaje común y humorístico, y para eso recurrimos a la cultura pop a través de series, películas, videojuegos… De esta manera conseguimos que la gente se interese e informe sobre lo que está pasando», explica Rodríguez, codirector de Cámara Cívica.

Uno de los debates de Cervecívica
Uno de los debates de CervecívicaCervecívicaCervecívica

«Dentro de todas estas iniciativas y actividades», apunta Nicolás, «uno de los eventos que organizamos son los Cervecívicas, que al final adaptan un poco ese estilo de hacer divulgación en ciencias sociales cercano y accesible para llevarlo a las calles y a distintos espacios». Cada evento se centra en una serie o una película, generalmente de estreno o haciéndolo coincidir con una fecha relevante –como la próxima, que versará sobre Black Mirror por el décimo aniversario de la serie–. «Con la pandemia tuvimos que trasladarnos al formato online, y ahora, por fin, podemos volver a los bares», señala Nicolás.

Perder el miedo

Por su parte, Camacho sugiere que estos debates surgen siguiendo la estela de las tertulias literarias. «Al final hacemos algo que se parece mucho a eso», comenta. «Nos juntamos, nos lo pasamos bien, y, de paso, le hacemos caso a Hannah Arendt y hacemos de un espacio que podría ser utilizado para cualquier otra cosa un lugar en el que debatir filosófica y políticamente». Pero no son los únicos. «Los Cervecívicas beben de una corriente que busca crear este tipo de debates en los bares», apunta Rodríguez. De hecho, han surgido, como esta, muchas otras iniciativas de divulgación sociológica, filosófica, psicológica… que inundan los bares de Madrid y otras ciudades.

«La idea viene de generar un debate especialmente orientado a gente joven, porque normalmente estos están situados en sitios a los que ellos no acceden o no se ven representados», dice Nicolás. Sin embargo, estas conversaciones han resultado ser un punto de encuentro intergeneracional. «Un bar es una zona neutral», afirma Rodríguez. «Es mucho más fácil que haya mezcla social entre personas de distintas edades en un sitio donde quedas para tomar una cerveza que en un foro universitario o en un anfiteatro donde se hace un evento político», explica. De hecho, reconoce que en muchas ocasiones se han sorprendido ante la gran variedad de personas diferentes que acude a estos eventos.

«Hemos tenido a personas mayores que nos han dicho que nunca se habían lanzado a hablar o a expresar lo que piensan en público por las respuestas que podrían recibir, pero, al ver que este es un ambiente seguro y distendido, lo hacen». Efectivamente, en la era de las redes sociales, donde el ataque indiscriminado está a la orden del día, recuperar para el debate los espacios públicos en los que ponerse cara y nombre desde el respeto resulta fundamental. «Lo primero que siempre decimos al empezar los encuentros es que lo único que está prohibido es enfadarse, así que la gente se atreve a expresarse y a preguntar, que muchas veces ese es el gran problema que tenemos: que no sabemos porque no nos atrevemos a preguntar», asevera Rodríguez. «Lo que hacemos es reflexionar en voz alta, en un contexto que no tiene que tener una ideología concreta ni mucho menos, más allá del ser conscientes de que debemos ejercer nuestra ciudadanía», añade Camacho.

«Los elementos de la cultura pop normalmente se asocian a los jóvenes, pero lo cierto es que la dinámica de consumo de películas, de series, de libros… cambia constantemente, y estos márgenes cada vez están más diluidos», explica Nicolás. «Si montamos un debate sobre la Guerra del Golfo probablemente venga mucha gente mayor, pero otra parte nos quedemos fuera porque no lo hemos vivido», dice. Sin embargo, «lo que es mucho más probable es que tanto unos como otros habremos visto «El juego del calamar» en el sillón de nuestra casa, y que de ella hayamos desarrollado unas ideas que serán el punto de partida del debate». «Hacerlo así facilita que estos espacios puedan ser un lugar de encuentro, porque la accesibilidad a los contenidos es total», asevera. Además, tal como explica Rodríguez, «trasladar la discusión política a elementos de la ficción desactiva muchos de los problemas tanto de accesibilidad como de entendimiento» que pudiera haber. «Estamos viendo que hoy en día tiene mucha más efectividad en la inculturación de la gente las series de Netflix o Juego de Tronos que verse el telediario», asegura.

Los meses de pandemia han hecho que estas reuniones tuvieran que relegarse al ámbito online, pero de esto también han podido aprender. «Hemos visto que había mucha hambre de sentarse tranquilamente y reflexionar, pensar en voz alta», dice Rodríguez. De hecho, en los tres meses de confinamiento sacaron casi 30 programas online. «La pandemia nos ha acercado a todos a nivel global, y nos ha dado la posibilidad de que, aunque nos reunamos en Madrid, las conversaciones lleguen a muchos más sitios a través de la red», añade Nicolás, quien, sin embargo, reconoce que les gusta volver a los bares y que lo hacen «con las pilas cargadas para seguir pisando las tablas».