Amaya Valdemoro: «Es importante que se sepa el esfuerzo y los valores del deporte femenino»

La Comunidad de Madrid premia con la Medalla de Plata del Dos de Mayo a la mejor jugadora de baloncesto española

Amaya Valdemoro, ex jugadora de baloncesto, premiada este Dos de Mayo en Madrid
Amaya Valdemoro, ex jugadora de baloncesto, premiada este Dos de Mayo en Madrid FOTO: cristina bejarano La Razón

Las condecoraciones de la Orden del Dos de Mayo (Gran Cruz, Cruz, Encomiendas de Número y Medallas de Oro y de Plata) reconocen la trayectoria profesional de 19 personalidades. El consejero de Educación, Ciencia y Universidades y portavoz del Ejecutivo, Enrique Ossorio, fue quien dio la noticia: «Valdemoro recibirá la Medalla de Plata al ser considerada la mejor jugadora española de todos los tiempos; en una categoría que comparte con el cineasta Alberto Mielgo, Oscar al mejor cortometraje de Animación este año por su obra ‘El Limpiaparabrisas’; y Hombres G, el grupo musical formado por David, Javi, Rafa y Dani».

Amaya Valdemoro Madariaga (Alcobendas, Madrid, 1976) es considerada como la mejor jugadora de baloncesto de la historia de España. Es ganadora de tres anillos de la WNBA, ha participado en dos ocasiones en los juegos olímpicos (Atenas 2004 y Pekín 2018), y cuenta con numerosos trofeos. Consiguió entrar en el Top 5 de mejor jugadora europea de baloncesto en seis años consecutivos, y en 2021 fue incluida en el Hall of Fame del Baloncesto Español, un reconocimiento para las leyendas del baloncesto, dentro de la promoción de 2019.

La deportista ha charlado con LA RAZÓN por su nuevo galardón.

Amaya, ¿qué se siente al recibir esta Medalla de Plata por parte de tu Comunidad?

Muy contenta como madrileña que soy. Es espectacular, sobre todo porque estoy muy orgullosa de ser de aquí, de vivir en una ciudad tan abierta culturalmente y tan acogedora. Tengo la suerte de haber vivido en un montón de países y siempre digo que Madrid lo tiene todo, falta la playa, pero tenemos tantas cosas positivas: cultura, deporte, ocio, historia... Sobre todo destaco a su gente, acoge a todo el mundo y los hace de la ciudad.

Tú has jugado en la WNBA, en Rusia, en Turquía, y en España. Aquí solo has jugado cuatro años en Primera División (dos en Rivas Ecópolis y dos en Pool Getafe). Sin embargo, has nacido en Alcobendas. ¿Cuánto te sientes de madrileña?

Yo nací en Madrid, pero mi familia es de Alcobendas. Aunque mitad vasca también porque de allí es mi familia materna. Madrileña es lo que más me siento, pero no puedo obviar esa parte de mi familia. Y es lo bueno que tiene España y que tanto la enriquece, la pluralidad de sus culturas nos hace ricos. Madrid es el exponente donde todas esas culturas las hacemos nuestras y las exportamos fuera.

Tienes en tu ciudad natal, en Alcobendas, un pabellón a tu nombre. ¿Qué sientes que le debes a Alcobendas?

No puedo sentir otra cosa que no sea alegría y satisfacción. Empecé a hacer atletismo en ese polideportivo. Es un orgullo tremendo. Además, ese pabellón lo pusieron a mi nombre cuando yo todavía estaba en activo, lo que es mucho más difícil.

Hablemos un poco de ti y de tu carrera. ¿Cómo ocupas el tiempo después de estar dedicada todo el día a una actividad? ¿Qué haces ahora?

Trabajo en Movistar como comentarista deportiva retransmitiendo la ACB, doy charlas a empresas, he escrito libros infantiles, estoy en la Escuela de Baloncesto de SEK-Ciudalcampo… Hago un poco de todo e intento disfrutar de la vida.

¿Cómo fueron tus comienzos en el mundo del deporte? ¿La diferencia entre tu estilo de vida y el de tu entorno hizo plantearte abandonar?

En el mundo del deporte empecé con ocho años, haciendo atletismo. A los 13 lo empecé a compaginar con baloncesto y, muy pronto, a los 14, me fui a Salamanca a jugar en un equipo profesional. Mi trayectoria de categorías inferiores transcurrió muy rápidamente, pero siempre tuve claro que iba a ser deportista. Mi familia lo hizo todo por mí. Me dejaron ir fuera de casa a los 14 años. El deportista sabe que tiene que hacer muchos sacrificios, pero cuando se trata de sueños, lo hacemos desde el corazón y con ilusión. Por supuesto que maduras antes; el vivir sola, no tener fines de semana ni vacaciones se hace duro. Tu vida se centra en campeonatos y selecciones. Pero merece la pena, sopesaba todo en la balanza y tenía claro que era lo que quería, siempre salía a mi favor el baloncesto. Al final, en unas edades tan jóvenes, los verdaderos esfuerzos los hace la familia, el valor de dejar partir a sus hijos y darles su confianza. El deportista poco a poco pues va asimilando las cosas y las hace desde el corazón. A mí, desde luego, no me importaba no tener verano o no tener fines de semana.

¿Echas de menos la alta competición o estás más tranquila ahora?

Es imposible no echarlo de menos después de 20 años. Pero cuando empiezas sabes que en el mundo deportivo hay que retirarse a una temprana edad. Así que, estoy en paz conmigo misma, pero hay veces que a uno le encantaría volver a ser joven y seguir ejerciendo.

¿Qué deportes practicas actualmente? ¿Hay mucha diferencia entre tu rutina actual y la anterior?

Hay diferencia de cuando era deportista profesional. Era imprescindible el cuidarse muchísimo, estar en el peso, cumplir las horas de descanso… Ahora tengo unas costumbres que van en mí, aunque me puedo saltar algunas cosas porque ya no tengo que subirme a la báscula, pero me gusta mantenerme en forma. Hago entrenamiento funcional en Adolfo Madrid cuatro días por semana. Intento estar en forma lo más que puedo porque para mí hacer deporte es vida. Este año he empezado a jugar alguna pachanga con amigos, pero como diversión y por matar el gusanillo. En cuanto a mi rutina anterior, como la de cualquier deportista: muy exigente. Cumplir con los tiempos de trabajo de día y de tarde, con los descansos, ir al fisio… Estás en tu propia burbuja.

¿Consideras que el papel de la mujer en el mundo del deporte ha evolucionado desde que tú empezaste hasta ahora?

Ha cambiado muchísimo para bien. Todavía hay diferencias, pero como también las hay en fútbol y baloncesto masculino. Vamos por buen camino y con buena letra. La situación ha cambiado una barbaridad desde que yo empecé. Hay que entender que el deporte es un negocio: los que más reciben son aquellos que más generan. Si el deporte femenino tiene menos visibilidad hay que invertir para que el producto mejore y crezca. Lo bueno es que hay muchísimo talento y muchas victorias. A través de las victorias y los campeonatos habrá más visibilidad. Es importante que se sepan las historia, los valores, el esfuerzo y todo lo que hay detrás del deporte femenino. Hay que cuidar el producto para que esté en televisión y enganche. Las mujeres tenemos que perder el miedo a la hora de hablar, pero con los pies en el suelo. No podemos pedir lo mismo si no generamos lo mismo. Una de las cosas que hemos hecho bien es que en las disciplinas que ganamos y somos campeonas olímpicas, generamos una marca buena que sea vendible y que nos permita tener más notoriedad para que las ligas se vendan, las jugadoras tengan patrocinios etc. Yo cuando empecé nada de esto sucedía. Veo que las cosas van avanzando. Soy la máxima defensora del deporte femenino de la mujer.

Para despedirnos, ¿estás nerviosa por tu próximo galardón?, ¿algún plan especial en Madrid para celebrarlo?

No estoy nerviosa; estoy orgullosa. Sobre todo, por mi familia. Soy afortunada porque he recibido mucho, pero me alegra principalmente por mi familia. Y plan pues trabajo. El pan nuestro de cada día. Normalmente cuando es festivo siempre hay eventos deportivos (risas).