¿Qué secuelas deja el consumo de la pornografía?

La escritora Beatriz Izquierdo habla con LA RAZÓN sobre “De los Reyes Magos al porno”

Entrevista a Beatriz Izquierdo, autora del libro “De los reyes magos al porno”
Entrevista a Beatriz Izquierdo, autora del libro “De los reyes magos al porno” FOTO: David Jar La Razon

“O cómo un niño puede pasar de la más inocente a la más perversa de las fantasías”. Son palabras de Beatriz que invitan a la reflexión, pues pese a que parezca un libro destinado a los niños, es una lectura dirigida a adultos. Según los datos ofrecidos por la Epdata el pasado diciembre (2021), la primera vez que los jóvenes se encuentran con pornografía es a los 8 años, debido a la familiaridad con la tecnología móvil. Pocos años después, a los 13, uno de cada cuatro varones consume asiduamente pornografía.

Beatriz Izquierdo, licenciada en Derecho y especialista en el área de Criminología, es la autora de un proyecto en Instagram llamado “Origen del mal” (@origendelmal). En él quería plasmar su intención de dar acceso a la población en general a la criminología. Su intención es que esta rama estuviera cerca de los ciudadanos, pues es algo que considera necesario. “Solo podemos defendernos de aquello que conocemos, y es una función fundamental de los criminólogos poder alertar de determinados peligros y, sobre todo, hacer propuestas de prevención”, cuenta la escritora. Con este contexto, Beatriz Izquierdo ha hablado con LA RAZÓN para explicar los motivos que la llevaron a escribir su libro, además de lo que supone ser criminólogo en España.

¿En qué te inspiraste para escribir tu libro?

En mi búsqueda del “origen del mal” desde hace 20 años, que fue cuando comencé mis estudios de criminología, me di cuenta de que en muchos asesinos en serie y depredadores sexuales existía un denominador común. Ese denominador común era un consumo desmedido de un porno inapropiado, de carácter sádico. De hecho, muchos asesinos en serie famosos, como Ted Bundy u otros, afirmaban que había influido de manera muy importante en sus fantasías, las cuales luego intentaron llevar a la práctica hasta llevarlos a cometer esas atrocidades. De ahí viene el origen del mal y de este libro.

¿Por qué es necesario que la ciudadanía tenga un conocimiento básico sobre la criminología?

Lo cierto es que yo constituyo la última promoción de la especialización. Hice Derecho y después me licencié en Ciencias Penales Penitenciarias y Criminológicas. Muchos licenciados o graduados en Criminología no encuentran un trabajo como tal. En España estamos igual que hace 20 años prácticamente y esto no puede ser, los criminólogos hacemos falta en muchísimas partes de la sociedad. También intento con este libro que la población perciba esta labor que podemos hacer.

¿A qué se dedican los criminólogos en España?

Se ha creado una carrera sin que exista como tal un puesto de trabajo. De hecho, existen realidades tan duras como que puedas formar parte de la Junta de Tratamiento Penitenciario dentro de instituciones penitenciarias a la que puedes acceder siendo licenciado en Derecho o en Psicología, pero un criminólogo a día de hoy no podría acceder. Aun así, se están consiguiendo pequeños hitos: hace muy poco se ha conseguido que los criminólogos puedan entrar, en ejercicio de su trabajo, a los centros penitenciarios. Es fuerte decirlo, pero es real. Hasta entonces se podía acceder para hablar con ellos, aunque como abogado, no como criminólogo. Mi lucha también es esta, mi verdadera vocación siempre ha sido la criminología.

Adentrándonos en materia del libro, ¿hay un porno apropiado y otro inapropiado?

El objetivo de mi libro no es ser moralista en cuanto al despertar de los menores y adolescentes se refiere. No se trata de satanizar al porno en general, el porno es un producto para adultos y para que éstos sean su destinatario final. El problema con el que nos encontramos es que los menores están accediendo a este tipo de material gratuitamente y de forma muy fácil y sencilla en cualquier buscador web. El porno en el que yo pongo el foco en mi libro es el que tiene contenido sádico (“sadis porn”), e introduce lo que denominan los expertos la cosificación de la mujer y la erotización de la violencia. Es muy agresivo y si se constituye en la educación sexual de nuestros menores tenemos un gravísimo problema.

Y si eres adulto ¿es lícito consumir este tipo de porno?

Mi libro hace referencia a los dos aspectos, y busca que los padres puedan tener una conversación con sus hijos sobre que esto no debería ser la realidad en sus futuras relaciones. Pero igualmente yo hablo de este tipo de porno con el que se hace un flaco favor a nuestra sociedad, pues es un porno que refleja conductas que están penadas en nuestro ordenamiento jurídico, como agresiones, lesiones, vejaciones o abusos. Considero que este tipo de material no debería alimentar las fantasías de nadie, pero mucho menos las de los menores.

¿A qué edad se empieza a consumir este porno tan vejatorio?

En el año 2020, Save The Children sacó a la luz un informe denominado “Desinformación sexual, adolescencia y pornografía”, y situaba la edad media a la que acceden los menores en 12 años para los niños, 12 y medio para las niñas, pero con un porcentaje de niños que empezaban a consumirlo a los ocho años.

¿Qué papel tiene la educación en casa y en los colegios?

Eso se hace conversando. Y para que los padres puedan mantener la conversación con los hijos, tenemos que estar formados en la materia; si no conocemos el contenido del porno al que van a acceder, difícilmente podremos hablar con ellos sobre el tema. Los adultos tenemos que empezar por informarnos. Mi libro habla de la pornografía, que está en Instagram, en Tik Tok, con imágenes completamente sexualizadas de nuestros menores. Corren malos tiempos: la pedofilia y la pederastia cuentan con una barra libre absoluta de niños y niñas con una imagen muy sexualizada, a veces no buscada y otras veces absolutamente estudiada, contoneándose en bailes que nada bueno puede ofrecer. De hecho, recojo un capítulo específico de la relación de los menores con Instagram. En el año 2002, se dio el primer caso en Estados Unidos de “grooming”, cuando una niña fue secuestrada por quien ella consideraba un niño de su misma edad y a quien ella consideraba un verdadero amigo. Resultó ser un auténtico depredador sexual. Esto fue hace 20 años, pues en nuestro Código Penal se penalizó en el año 2015. Ha llegado el momento de ponernos las pilas y de saber que las redes pueden ser maravillosas, pero también peligrosas.

¿Cómo se puede controlar a los hijos desde casa?

Lo digo en reiteradas ocasiones: no soy educadora ni pedagoga. No pretendo decir a cada familia cómo educar a sus hijos. Yo solo doy visibilidad a una realidad dura y existente que hay que conocer. Una vez las familias la conozcan, sabrán cómo defenderse en su hogar. Seguramente cada uno encontrará la forma, y si se hace con cariño y responsabilidad será la mejor para sus hijos. La solución pasa por hablar, y esa primera fase de pudor la tienen que superar los padres. Solo hablándolo podemos encontrar soluciones.

A nivel legislativo, ¿cómo se controla el consumo de la pornografía?Contamos con una ley muy importante, aprobada en 2021, sobre la protección integral de la infancia y la adolescencia contra la violencia. Hay propuestas importantísimas aquí, se ha restablecido el deber de comunicar cualquier tipo de contenido dañino que te puedas encontrar en la red; busca introducir en los colegios la figura de un coordinador para detectar situaciones de alerta en la que se encuentren los niños… Todas estas leyes tienen altísimas pretensiones, pero luego hay que implementarlas, y para ello se necesitan medios. Yo lo que digo en mi libro es que ojalá todo esto de sus frutos, mientras tanto sálvese quien pueda.

¿Puede influir en futuros comportamientos machistas este tipo de porno?

La influencia de lo que consumimos claramente tiene un impacto importante en nuestro cerebro. Pero lo cierto es que no todos los cerebros responden igual ante los mismos estímulos. Hay expertos en psiquiatría que hablan de la adición al porno, y en cómo esta adición puede estar modificando nuestro cerebro, una especie de tolerancia que vamos desarrollando. Llega un momento que no se obtiene la misma satisfacción que al principio y, en consecuencia, se buscan contenidos más fuertes. Esto ocurre en cualquier tipo de adición. Inevitablemente si consumes una pornografía en la que se azota y veja a la mujer, y además la mujer parece estar disfrutándolo, puede llevarte a realizar este tipo de conductas. E incluso no entender que estás haciendo algo malo, porque pensarías que la mujer disfrutará de ello, como previamente se vio en la pantalla.

Y para acabar, ¿en qué te basaste para escribir ese título?

Primero porque quien para mi es el padre de la criminología contemporánea, Robert Ressler, en su obra “Asesinos en serie” siempre habla del impacto que la adolescencia había tenido en la vida de los asesinos. Es decir, en las influencias negativas que estos sujetos habían recibido en su infancia, que determinaron en mayor o menor medida sus comportamientos futuros. Muchos no cometieron ningún delito porque había una figura salvadora en la adolescencia que les sacó de ese camino. En mi libro, la figura tenemos que ser los padres y la sociedad en general.