El abogado que tejió una historia de (des)amor en la calle del Pez

Javier Zapata acaba de presentar en la Feria del Libro su ópera prima ambientada en la capital y habla con LA RAZÓN sobre la vida, la búsqueda, los viajes y las relaciones

Entrevista a Javier Zapata, autor de "Un amor en la calle Pez"
Entrevista a Javier Zapata, autor de "Un amor en la calle Pez" FOTO: David Jar La Razon

En pleno corazón de Malasaña los 33 números que conforman la conocida calle del Pez han vivido muchas historias. Ya aparecía esta vía reflejada en los primeros mapas de la ciudad, que datan del siglo XVII, aunque entonces lo hacía con otro nombre: de la Fuente del Cura. Según cuenta la leyenda, el origen de su original nombre y su posterior cambio, fue debido a la existencia de un estanque con muchos peces en uno de los solares que existían allí entonces.

El dueño del mismo, Don Juan Coronel, que tenía una hija llamada Blanca tomo la decisión de construir un nuevo inmueble allí, pues era el lugar favorito de su hija. Como imaginarán, durante la construcción y el paso del tiempo la mayoría de esos peces fueron falleciendo hasta que solo quedó uno. La pequeña, empeñada en mantenerlo con vida lo trasladó a una pecera pero la pequeña criatura termino por fallecer. Tan importante fue este animal en la vida de la niña que su padre pidió que tallasen la figura de este en la fachada del edificio y que perdura a día de hoy en el número 24 de esta calle.

Javier Zapata es autor de "Un amor en la calle del Pez", su primera novela
Javier Zapata es autor de "Un amor en la calle del Pez", su primera novela FOTO: David Jar La Razon

Y uno de los escenarios escogido por el autor Javier Zapata para ambientar su primera novela “Un amor en la calle del Pez”. Aunque nació en Cádiz, lleva en la capital desde los ocho años dónde estudió derecho, ha trabajado como asesor jurídico de la Bolsa de Madrid, directivo de banca y dónde ahora ejerce como secretario general de Emisores Españoles y consultor de gobierno corporativo. Aunque siempre le ha gustado escribir, desde los años ochenta canciones hasta pequeños relatos para la misma editorial que hoy publica su ópera primera, este ha sido su debut en la 81ª edición de Feria del Libro de Madrid dónde por cierto, se quedó sin ejemplares. Esta historia de amor o desamor, según se mire, es un viaje de dos jóvenes protagonistas que se conocen y viven en una burbuja de enamoramiento ideal dónde nada puede pasar hasta que deciden compartir una vida en común con las etapas que esto conlleva. El salto de la universidad a la vida profesional, el arduo camino para alcanzar el éxito, las trabas inesperadas de la vida o ese momento en el que te das cuenta de que nada en esta vida es gratis.

¿Qué hace un abogado escribiendo una novela de amor?

Porque hay que tener un cierto equilibrio y siempre he tenido ese anhelo por hacer aquello verdaderamente me hace ilusión. Hay que vivir de ilusión y a mí eso me lo da escribir, tocar la guitarra, dar un concierto… vivir, en definitiva. Puedes llegar a tener una vida muy intensa, incluso éxito profesional, pero que no te conformas. ¿Por qué me tengo que conformar con ser asesor o abogado y ya está?

¿De dónde nace la historia de Manuel e Irene, los protagonistas de su novela?

Lo primero que escribí fue sobre un gran amigo mío que acababa de fallecer y conté algo que era verdad y que reflejo en la novela. La cotidianidad de una tarde cuando compartimos unas cervezas y él se despide sabiendo que se va a morir, pero yo no lo sé. Y después la carta que escribe Manuel, para desahogarse porque le acaban de abandonar y dónde me di cuenta de que mi novela tenía que ser contada en primera persona por cada personaje.

¿Ha sido esto lo más complicado?

En cuanto eliminas al narrador omnisciente es más complicado como escritor, porque cada vez que escribes lo haces como un personaje distinto y solamente puedes contar lo que sabe cada uno. Todos los personajes son una mezcla de gente cercana o de personas que he conocido o han pasado a lo largo de mi vida.

Madrid, Cádiz, Panamá… los escenarios donde transcurre la novela también.

Me hace ilusión la referencia. Cuando Irene se despide de Madrid porque no solo está dejando atrás mejores momentos de su vida, también su historia. Cádiz porque me vio nacer y Panamá porque durante un año y medio estuve viajando todos los meses por trabajo. Me gusta escribir sobre lo que conozco.

¿Por qué la calle del Pez?

La escogí principalmente porque gente de mi entorno vivían aquí. He pasado muchas veces, está al lado de Gran Vía, de la tienda de discos dónde he pasado la mitad de mi vida, del Honky, de la sala el Sol. Me movía por aquí, sin moverme concretamente.

¿Le ha dado miedo dejar tanto suyo en la novela?

Tú eres el primero que muchas veces te autocensuras. Ponerte a contar cosas en las que todos tus amigos ven reflejadas cosas tuyas es como ponerte en pelotas de alguna manera. Pero estoy descubriendo que mucha gente se está viendo reflejado en la novela, todos hemos sido alguna vez alguno de los personajes y cuento cosas que le han podido pasar a cualquiera.

Es mi impresión o ¿Manuel tiene muchas cosas de Javier?

Me siento muy en lo profundo parecido a él aunque no actúe en muchas ocasiones como yo lo haría y seguramente sea mejor en muchas cosas que otra gente o que yo. Es evidente que tenemos una experiencia profesional similar: he vivido situaciones que a él le ocurren en la novela o ese punto de crítica al mundo de la abogacía y a los personajes que te puedes llegar a encontrar en tu vida profesional. O la música.

De esto último tiene mucho la novela…

Me hacía ilusión empezar cada capítulo con un fragmento de una canción. Lo hace también Nick Hornby, un autor que me gusta muchísimo. Cuando escribo, incluso sobre temas profesionales, me gusta hacer referencia a algo artístico. Sino es un coñazo.

¿Se ha encontrado alguna vez en la tesitura de su protagonista, de perderlo todo por el trabajo?

Lo hemos hecho toda la vida todos, todas las veces. A lo mejor no de forma tan radical. Recuerdo perfectamente una fiesta de navidad en el colegio de mi hijo Alejandro, y en la que él hacía de director de orquesta. Fueron todos los padres y madres por lo menos cien niños, menos yo, que tenía una reunión demasiado importante. O eso creía, fui un imbécil. De estas me han pasado unas cuentas.

¿Y qué hay de las mujeres?

Su punto de vista es algo que me ha preocupado mucho. También la relación que tenían las mujeres que aparecen en la novela entre ellas. Todas las amigas a las que he consultado se han sorprendido porque he sabido reflejar cómo llegan a pensar y que en ocasiones, los hombres ni reparamos.

¿Le veremos el año que viene presentado algo nuevo en la Feria del Libro?

Seguiré escribiendo seguro, me conozco. Cuando empecé esta tampoco estaba muy convencido pero ahora que estoy dentro, es como una droga. Como una novia celosa y exigente que en cuanto entraba en casa no podía dejarla de lado. Ya tengo cosas escritas, incluso con algo de estos personajes.