Medio ambiente

El saneamiento, en riesgo por falta de inversión

Mientras más de la mitad de la población mundial no tiene acceso a servicios sanitarios, países «ricos» como España enfrentan sus propios problemas: toallitas y otras basuras que acaban en el inodoro, redes antiguas y alcantarillados que hay que adaptar al cambio climático y nuevos contaminantes como los medicamentos

Todo empezó en 2013 cuando Jack Sim, un trabajador de la construcción de Singapur convenció a los 193 países de la Asamblea General de Naciones Unidas de votar a favor de la declaración del 19 de noviembre como Día Mundial del Retrete. Así, sin paños calientes ni eufemismos, con este nombre que tal vez provoca la risa, la ONU pretende llamar la atención sobre el problema del saneamiento. Más de la mitad de la población mundial, 4.200 millones de personas, no tienen acceso a día de hoy a servicios sanitarios gestionados de forma segura y hasta un 15% de la población defeca al aire libre. Las consecuencias de ello: cada año mueren 430.000 personas de diarrea y muchas niñas tienen que quedarse en casa y no asistir a la escuela en ciertos días del mes o arriesgarse a sufrir un asalto si salen de noche a hacer sus necesidades. También la OMS y la Unicef señalan que una de cada diez personas enferma cada año por la ingestión de alimentos contaminados y unos 420.000 fallecen por cólera, salmonelosis, etc. Y sin embargo, «se calcula que de los 152 países que no tienen buenos servicios de saneamiento, sólo 40% alcanzarán el Objetivo de Desarrollo Sostenible para 2030 número seis. Es poco más del 25%», explica Fernando Novo, experto en gestión de agua y Geopolítica.

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Este año se ha estrenado un documental sobre el activista y fundador de la Organización Mundial del Aseo. En una de las escenas, Sim habla con un grupo de escolares chinos que intentan explicarle por qué creen que tener un móvil es más importante que acceder a un baño. La realidad reflejada en la pantalla demuestra que los problemas de saneamiento no son exclusivos de los países en vías de desarrollo, aunque los miembros de la OCDE tienen otros retos como superar las conductas poco cívicas. «No se debe utilizar el desagüe como una basura cuando está pensado sólo para los residuos orgánicos y para el papel», explica Fernando Morcillo, presidente de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamientos (AEAS). La Asociación está en plena campaña de concienciación sobre el problema de las toallitas y otros objetos: que desechamos de forma incorrecta por el inodoro.

Sólo en Valencia este año se han gastado 10 millones de euros para eliminar un «monstruo» de toallitas de 6.050 toneladas. Y no sólo. Ana Escribano, responsable de Depuración de la Delegación Madrid-Aqualia ha visto llegar de todo hasta las plantas donde ha trabajado los últimos 20 años, desde lentillas, pañales, preservativos, aceites o medicamentos, hatillos de ropa, ovejas, perros y otras mascotas, trozos de coche, de ventana e incluso depósitos enteros de gasolina.

Falta de depuración

Si pensamos que la contaminación de las aguas es algo de países lejanos, basta recordar los episodios vividos en Valencia, donde se han detectado aguas con restos de bacterias fecales en las playas, o como las gotas frías de Murcia, que siguen arrastrando aguas residuales hasta el maltrecho Mar Menor. Los desbordamientos provocados por las lluvias torrenciales (y que serán cada vez más habituales por el cambio climático dicen los científicos) y la falta de infraestructuras adecuadas dejan un panorama de faltas que hay que corregir también en países desarrollados. España, de hecho, no cumple con la Directiva 271/91 sobre depuración. En 2018 llegó la multa del Tribunal de Justicia Europeo y desde entonces se pagan 200.000 euros al día «por la falta de tratamiento en el 15% de los municipios, a pesar de que en todo el territorio hay 2.300 Estaciones de Depuración de Aguas (Edar)», recuerda Novo.

Por otro lado, y siguiendo las previsiones de la ONU, de aquí a 2025, la mitad de la población mundial vivirá en zonas con escasez de agua. La reutilización de las aguas residuales se hará vital en países áridos como España, máxime si se tiene en cuenta que somos la despensa hortofrutícola de Europa. «Ya reutilizamos el 7% del agua para riego», recuerda Novo. Todos estos ingredientes se han tenido en cuenta en la elaboración del nuevo Plan Nacional de Depuración, Saneamiento, Eficiencia, Ahorro y Reutilización (DSEAR). Las más de 3.500 medidas establecen inversiones para mejorar la depuración y evitar más multas, además de para adaptar las infraestructuras al nuevo contexto climático.

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Tampoco se olvida de la Directiva Marco del Agua, que supone la obligación de estudiar el buen estado de las masas de agua. «Hay que tener en cuenta que estamos incumpliendo el tratamiento básico, llamado secundario, en el 15% del territorio. En cuanto a tratamientos más avanzados, el terciario (que elimina nutrientes como el nitrógeno, sólo está cubierto un 30% del territorio susceptible de aplicación. En España existen muchos municipios pequeños, dentro de zonas de especial protección ecológica. Hay que tener cuidado y evitar nuevas sanciones. También hay medidas de adaptación a los fenómenos torrenciales, como la integración de tanques de tormenta y sistemas de drenaje sostenibles, pensados para que no se desborden las aguas negras. Por ejemplo, en Alicante hay un parque público que se inunda cuando hay temporal», dice Morcillo.

El Plan también presta atención al potencial de aprovechamiento de las aguas residuales. Sin embargo, las cosas van con retraso. «Desde 2007 prácticamente se ha invertido una tercera parte de lo que haría falta en la red de saneamiento. La coyuntura política no ayuda a que se adjudiquen los presupuestos y se actúe, además de planificar», opina Morcillo. «Si se quiere tener un medio ambiente limpio y seguir gozando de estos servicios, primero hay que mejorar la educación en las casas y luego gastar dinero. Las inversiones previstas suponen 12 euros por habitante y año, cuando la media de gasto en Europa es de 50. Además, tenemos 165.000 km de alcantarillado, de los que un 30% tiene una antigüedad de más de 60 años», matiza Novo.

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Contaminantes emergentes

Productos fitosanitarios, herbicidas, insecticidas de uso particular, antiinflamatorios o drogas terminan también en el alcantarillado de las ciudades. «Muchas de estas sustancias todavía no cuentan con una regulación en Europa que contemple su eliminación, a pesar de que hay algunos que ya están prohibidos y otros que se están estudiando y muy probablemente formarán parte de una futura legislación», dice Raquel González, coordinadora de Life Empore.

El objetivo de este proyecto era desarrollar una tecnología capaz de acabar con estas sustancias. Para ello, se ha instalado una planta piloto con membranas y ultrafiltración para los sólidos, sistemas de ósmosis inversa y carbón vegetal que «acaban prácticamente con todos estos contaminantes. Con el proyecto hemos visto que los tratamientos terciarios actualmente en funcionamiento (aproximadamente un 30% de las EDAR de España cuentan con ello) eliminan estos contaminantes, incluso los no regulados», dice la investigadora.