El “Nostradamus” de los huracanes: “Serán un 45% más destructivos y más frecuentes en el Mediterráneo”

Hace más de tres décadas, Kerry Emanuel -premiado por la Fundación BBVA- predijo que la intensidad de los huracanes sería mayor por el cambio climático y se cumplió. También estimó que las tormentas pueden volverse más intensas en climas cálidos y que serían más habituales en sitios hasta la fecha raros. Los datos empiezan a darle la razón

Por cada grado centígrado que aumente la temperatura del océano la velocidad de los vientos huracanados se incrementará aproximadamente un 5%. Parece un descubrimiento reciente, pero eso es lo que ya en 1987 Kerry Emanuel predijo en un estudio publicado en «Nature». Cuando este científico estadounidense comenzó a estudiar la física de los huracanes apenas había datos sobre estos motores de calor. No solo abordó cómo funcionan, sino que también predijo cómo el cambio climático les daría más fuerza si cabe. Así, tal y como sucede con los incendios, que son más destructivos cuanta más energía encuentran (no es lo mismo echar un kilo de lechugas a la chimenea que de paja seca), el desarrollo y el poder destructivo de un huracán depende de la energía de la que se alimenta: la temperatura oceánica.

Y el problema es que, como los huracanes son impulsados por el flujo de energía térmica del océano a la atmósfera, «a medida que ponemos más gases de efecto invernadero en la atmósfera, el océano se calienta y estos flujos de energía a la atmósfera aumentan», explica a este periódico Emanuel tras anunciarse que este catedrático de Ciencias Atmosféricas del MIT es uno de los galardonados de los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cambio Climático.

Más frecuentes

Desde que hizo esta predicción, «los estudios realizados por otros científicos utilizando modelos sofisticados han confirmado este hallazgo. Debido a que los huracanes intensos son raros, hasta ahora era difícil observar esto en los registros de huracanes, pero ya hay algunas pruebas basadas en datos satelitales que demuestran que los huracanes intensos se están volviendo más frecuentes en comparación con los débiles», afirma. Y el problema es que, de no detener el aumento de temperatura a 1,5ºC, el poder destructivo de «estas bestias» serán peores si cabe, según sus teorías. Así, «todavía creemos que la estimación original de un aumento del 5% en el viento para un incremento de 1 grado de temperatura del océano es razonable. Estimamos que las temperaturas de los océanos tropicales aumentarán de dos a tres grados, por lo que la velocidad del viento subirá entre un 10 y un 15%. Y, dado que el potencial destructivo del viento aumenta con el cubo de la velocidad del mismo, esto se traduce en un incremento del 30 al 45% de su potencial destructivo».

Emanuel tuvo esta idea al elaborar la teoría de la intensidad del huracán: «Una de las implicaciones de ella es que las tormentas pueden volverse más intensas en climas más cálidos». Una predicción que empiezan a respaldar los datos: «Es difícil ver señales porque los huracanes de intensidad resultan raros. Aunque ya existen documentos publicados que muestran una señal» de que esto está sucediendo. Otra predicción del catedrático que también empieza a cumplirse es que los huracanes se expandirán a más zonas del planeta. En el Mediterráneo se producirían los llamados «medicanes», que Emanuel estudió durante un año en la Universidad de las Islas Baleares en 2005 junto con Romualdo Romero. «Esperamos ver mayor intensidad en las tormentas mediterráneas». Y es que «el cambio climático no es globalmente uniforme. Estimamos que habrá disminuciones en la actividad de los ciclones tropicales en ciertas regiones, especialmente en el Pacífico Sur. En su mayor parte, solo esperamos ver huracanes más intensos en lugares que ya los experimentan. Pero hay pocos lugares, como el Mediterráneo y el Mar Negro, donde hoy los huracanes son raros, aunque esperamos ver más en el futuro».

Algo que ya está sucediendo. Así, el 27 de octubre de 2019 hubo un caso inédito: el ciclón Pablo se transformó en huracán de categoría 1 frente a la costa gallega. Es como si los huracanes estuvieran aprendiendo el camino a España, un desafío para el que se debe estar preparado. «Aunque afortunadamente no se pueden formar huracanes con la fuerza y violencia que se registra en otras zonas, como el Caribe, el Golfo de Bengala o las costas del Pacífico de China y Japón. Pero sí que podemos recibir la visita de ciclones tropicales que se hayan formado bien en las proximidades de las Islas Canarias y que pueden afectar al archipiélago, como ocurrió por ejemplo en 2005 (tormenta tropical Delta), o bien en el centro del Atlántico Norte y que se incorporan a la trayectoria normal de las borrascas atlánticas y pueden rozar las costas del Cantábrico, como ocurrió con Pablo. Afortunadamente, se trata de fenómenos muy poco frecuentes. Pero es cierto que en las últimas dos décadas se han registrado pese a que apenas había registros meteorológicos en la historia reciente», recuerda Jorge Olcina, director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante.

Aunque de momento «se han realizado pocos estudios sobre los huracanes del Atlántico tropical que causan problemas importantes en Europa. Pero eso es posible y algo a lo que mi profesión debe prestar más atención», precisa Emanuel. Y urge, porque este científico sostiene que «una fuerte predicción de la teoría y los modelos es que el huracán debería intensificarse un poco más rápido en un clima más cálido. Esto presentará un gran desafío para los que pronostican huracanes que deben decidir si una tormenta será lo suficientemente intensa en tierra para justificar, por ejemplo, evacuaciones». Y lo que es peor, con el cambio climático los huracanes evolucionarán más rápidamente; es decir, se volverán más intensos, lo que dificultará aún más el pronóstico de huracanes, según Emanuel.

Y pese al riesgo, la comunidad internacional no está haciendo lo bastante en la lucha contra el cambio climático. Emanuel aconseja «valorar el carbono y estimular la innovación en tecnología libre de carbono y en la que es capaz de extraer carbono de la atmósfera». Y no, no reniega de la energía nuclear, postura opuesta a la del Gobierno recién creado. Preguntado si se necesita para cumplir con el objetivo de no aumentar la temperatura 1,5ºC (en concreto, muy por debajo de 2ºC intentando que sea 1,5 como reza el Acuerdo de París), afirma taxativamente que «sí. Así, si bien podría ser técnicamente posible hacerlo con energías renovables, la energía nuclear proporcionaría una ruta mucho más rápida para descarbonizar la electricidad. Suecia y Francia lo hicieron en unos 12 años».

Él también trata de reducir su huella de carbono: «Tenemos paneles solares y tratamos de aumentar la eficiencia energética en casa. Pronto cambiaremos a automóviles totalmente eléctricos. Pero tenemos que trabajar en las huellas de carbono de nuestros viajes en avión». Un medio que previsiblemente utilizará para recoger el 2 de junio el prestigioso galardón en Bilbao.