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Medio ambiente

La eólica, a punto para la transición energética

“Esta renovable es una oportunidad de liderazgo para la UE. En el año 2030 podríamos doblar la capacidad actual de 174 a 323 GW”

El Nuevo Acuerdo Verde aprobado por la Comisión Europea en la COP25 contiene el compromiso de reducir a cero las emisiones netas de CO2 en la UE como máximo en 2050. Una noticia que en el sector de la energía eólica, específicamente, se consideró muy buena ya que define unos objetivos para los que esta renovable tienae mucho que aportar. Iván Pineda, director de Asuntos Públicos de Wind Europe, la organización de la energía eólica en el ámbito europeo, habló con LA RAZÓN sobre los retos de un sector de interés crucial en la transición energética.

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- ¿Cuál es el papel que puede tener la energía eólica en la transición energética?

- En el paso de descarbonizar por entero el sistema eléctrico para, a su vez, descarbonizar la electricidad y que la energía eléctrica para el transporte, la industria y otros usos sea limpia, las renovables son cruciales y la eólica tiene un papel fundamental. La Comisión Europea, en sus objetivos para 2030, quiere que la mitad de la generación eléctrica provenga de renovables y de ellos la eólica sería la parte más grande. Hemos estimado que para ese año podríamos doblar o más la capacidad que tenemos instalada en la UE, de 174 a 323 GW. Eso daría un 30% de toda la energía que vamos a consumir en 2030. Ese va a ser el papel fundamental.

-Además de energía limpia, ¿la eólica aporta otros beneficios en el marco de la transición energética?

-También es una oportunidad significativa de liderazgo tecnológico para la UE y para un beneficio local. Contribuye con impuestos y, en el ámbito europeo, da empleo directo e indirecto a 300.000 personas, empleos altamente cualificados. Por otra parte, genera una derrama económica sobre otras industrias auxiliares como la construcción, la eléctrica y la metalmecánica. Y, por último, produce un efecto positivo en el comercio internacional, porque la UE exporta a otros países alrededor de 8 billones de euros al año en servicios, productos y componentes relacionados con la energía eólica. La cuenta neta es positiva: hay un superávit del 2,4%. Un dineral.

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-¿Cuáles son los retos tecnológicos de la industria eólica, incluida la gestión de los generadores que llegan al final de su vida útil?

- Los países que iniciaron su camino con la energía eólica hace 20 años tienen sobre todo el reto de la repotenciación, para que los lugares donde se instalaron las primeras turbinas puedan a ser utilizados con tecnología más moderna. Hace 21 años, el primer parque marino que se construyó en Dinamarca eran 17 turbinas que generaban 5 MW de potencia. Hoy una sola ya puede generar esa energía.

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-Porque las nuevas son más eficientes...

-Exacto. Son más grandes y a menor número de turbinas se consigue la misma cantidad de energía. La innovación tecnológica y el crecimiento resulta sorprendente.

-¿En qué se traducen exactamente las mejoras tecnológicas? Un observador inexperto, ¿puede distinguir un aerogenerador moderno de otro antiguo?

-Principalmente, para la gente de a pie, la diferencia más visible es el tamaño. Turbinas más grandes, más altas y con palas más largas. Cuanto más amplio sea el diámetro con el que gira, mayor es la energía que puede extraer. El segundo factor, no tan visible, es la digitalización de las máquinas. Las hará muchísimo más inteligentes y eficientes, porque van a poder capturar el viento incluso a velocidades muy bajas. También van a ser más fáciles de mantener, porque la digitalización permite detectar y pronosticar cuándo algún componente puede fallar. Son máquinas bastante sofisticadas y se requiere un mejor control.

-Nos faltaría, entonces, ver qué hacemos con los aerogeneradores cuando hay que jubilarlos.

-Y es un reto importante. Además de reutilizar los espacios donde han estado, hay que reutilizar los materiales. Más del 90% de los componentes de un aerogenerador son acero, cobre y equipo eléctrico, es decir, son reciclables. Pero las palas son más difíciles. Están hechas de fibra de carbono o de fibra de vidrio, muchísimo más complejos de reprocesar. Lo que se hace actualmente es utilizar las aspas para producir energía, en cogeneración, para los hornos de cemento. Que no es lo más sostenible, pero ayuda a reducir emisiones en su producción porque, quemando este tipo de componentes, se ahorran otros combustibles, como carbón o gas virgen.