Plaga de Langostas en Kenia: Profecías Bíblicas, terrorismo y una receta

Una plaga de 60km de largo y 40km de ancho está dañando terriblemente las cosechas de cerela en Kenia. En noviembre la FAO ya alertaba contra este fenómeno que se ve agravado ahora por el cambio climático en el esta de África

Kenia cuenta con más de 4000 iglesias de diferentes credos. La mayoría organiza procesiones y oraciones para afrontar sequías, inundaciones o catástrofes que escapan al control humano.
Kenia cuenta con más de 4000 iglesias de diferentes credos. La mayoría organiza procesiones y oraciones para afrontar sequías, inundaciones o catástrofes que escapan al control humano.

Fue llamada Nyangige, que significa en Luo "la de las langostas". Cuentan que su madre dio a luz en un maizal, espantada, mirando cómo miles de insectos devoraban las plantas que la cubrían. Esto sucedió en 1928; décadas, generaciones y plagas han pasado desde entonces, y la historia familiar no ha hecho más que afianzarse en torno a las langostas.

En 1950, Nyangige vio de nuevo la faz de la tierra cubrirse por una gran plaga, y observó cómo unos jóvenes de la tribu Luhya, originaria del oeste de Kenia, habían preparado unas trampas en la que los insectos quedaban atrapados. Estos explicaron que las langostas formaban parte de la gastronomía local y planeaban secarlos y almacenarlos para consumirlos durante la época de sequía.

Cincuenta años más tarde, su hijo y su nieta, comenzaron a vender kilos de langostas y saltamontes en el mercado de Kakamega, al oeste de Kenia. -La anciana Nyangige vio la oportunidad de convertir la plaga en abundancia y nunca cejó en su empeño -asegura la nieta. -¡Debemos comérnoslos antes de que se coman nuestra comida! -asegura. Sin embargo la familia, originaria del este del país, no ha integrado el manjar en su menú, limitándose a hacer de las langostas un negocio.

A pesar de que la FAO admite que los insectos son una alternativa muy interesante nutricionalmente, el problema de las langostas en el este de África es mucho más complejo de lo que parece a primera vista.

La nube negra que cubre el sol

Las plagas son susceptibles de ser tratadas desde el misticismo porque suponen un instante fugaz, un hilo conductor en la historia del ser humano. Sin embargo, a pesar de que los últimos meses en el este de África podrían pertenecer a un capítulo bíblico, las catástrofes y las plagas actuales tienen un denominador común de base científica: el cambio climático.

La FAO advertía el 7 de noviembre de 2019 de la inminente invasión de una plaga especialmente agresiva y destructiva en Somalia, Kenia y Etiopía. Entonces una decena de activistas medioambientales dieron la voz de alarma en Nairobi, utilizando las redes sociales para alertar sobre la necesidad de establecer medidas preventivas. Sus esfuerzos por amortiguar las consecuencias de la plaga fueron en vano; en enero las langostas campaban a sus anchas en nubes de hasta 60km de largo y 40km de ancho, devorando miles de kilómetros cuadrados de cultivos de cereales. Los insectos pusieron huevos que eclosionarán a mediados de febrero, por lo que se formarán nuevas bandadas entre abril y mayo. El daño está hecho; las primeras medidas de prevención han fallado, ahora el Gobierno se centra en evaluar los daños para tratar de ayudar con la recuperación de los cultivos.

Vista de Nairobi desde el Parque Nacional. La naturaleza siempre dominando.
Vista de Nairobi desde el Parque Nacional. La naturaleza siempre dominando.

Los expertos insisten: la crisis no ha pasado; el cambio climático acelera la reproducción de los insectos y el este de África supone un hábitat cada vez más favorable para esta especie de langosta. Esto supone que si no se ponen en marcha las medidas preventivas necesarias, en los próximos meses plagas más agresivas devorarán de nuevo vastas extensiones de cultivos, agravando la situación en países ya asolados por guerras civiles, pobreza, sequías e inundaciones.

-Una joven agricultora de pie, en medio de sus tierras, atacando con piedras a la nube negra que cubre el sol -describe Dennis Omayo, activista medioambiental de Kenia. -Esa es la imagen que define la situación; estamos completamente desprotegidos por el gobierno, estamos solos, y la mayoría de los ciudadanos carece del conocimiento o de las herramientas para hacer frente a semejante crisis.

Las langostas como aliadas indirectas del terrorismo islámico y la corrupción

Gran parte de las zonas áridas de la frontera de Kenia con Somalia están controladas por el grupo terrorista Al-Shabab. -La única forma de acceder a puntos claves para establecer medidas de observación y prevención es negociando con los terroristas -explica Said.A, trabajador social en Mandera, al noreste de Kenia, especialista en mediar con miembros de Al-Shabab. -La negociación siempre tiene un precio: miles de dólares que van a parar a la financiación de la actividad terrorista de la milicia.

Los terroristas no son los únicos beneficiarios de la crisis: Las plagas, inundaciones y demás catástrofes climáticas son susceptibles de ser interpretadas como castigo divino. Y lo divino es un negocio tremendo en el este de África, donde líderes religiosos prometen mediación directa con Dios a cambio de una módica suma de dinero. En Murang’a, cerca de Nairobi, los troncos de los árboles sirven de expositores de promesas imposibles: El Pastor Adam Kamau, entre otros muchos, ofrece una oración para que las langostas no ataquen las tierras de los fieles por el precio de 100 chelines (1 euro). Muchas iglesias se han organizado para salir en procesión y recaudar fondos para la lucha espiritual.

Kenia cuenta con más de 4000 iglesias de diferentes credos. La mayoría organiza procesiones y oraciones para afrontar sequías, inundaciones o catástrofes que escapan al control humano.
Kenia cuenta con más de 4000 iglesias de diferentes credos. La mayoría organiza procesiones y oraciones para afrontar sequías, inundaciones o catástrofes que escapan al control humano.

-El negocio funciona -asegura Mery Odhiambo, trabajadora social. -Un pueblo que no puede recurrir al gobierno se agarra a lo que puede.

La fe, en ocasiones, no es la única solución a mano para espantar la miseria, también se cuenta con la picaresca. Algunos pequeños agricultores de ciertas zonas de Murang'a, como Sabasaba, han denunciado que sus cultivos han sido destrozados por las langostas, mientras que el resto de los vecinos no han sido testigos de la presencia de las feroces invasoras. Es difícil resistirse a la posibilidad de beneficiarse de la intervención internacional; en el este de África la dependencia de las ayudas tiene una larga historia.

Lo que los expertos callan

Los activistas medioambientales han acusado al gobierno de desoír sus advertencias. Nos recuerdan las consecuencias de apartar la mirada de lo que nos aterra. Los expertos comparten datos: todos los medios han publicado la velocidad a la que se mueven los enjambres, su capacidad destructiva, su ruta, su ciclo vital, se han hecho eco de la amenaza de nuevas bandadas. -Sentimos impotencia al saber que nuestros conocimientos no son eficientes sin una estructura, sin un sistema -denuncia John Otieno, científico medioambiental. -Esa vulnerabilidad es la que necesitamos compartir.

La plaga pasa. Sigue su camino en una coreografía disonante y espectacular. Y destapa silencios: la incapacidad de controlar la naturaleza, la incapacidad de establecer protocolos de prevención. -No porque no exista una planificación, sino porque es imposible asegurar que las donaciones lleguen a su destino. En Kenia y en Somalia la clase política devora bienes a la velocidad de las langostas, al fin y al cabo las catástrofes son rentables para una minoría privilegiada -asegura Otieno.

El problema es cíclico: aquellos que se benefician del miedo y el hambre son los que podrían hacer posible el cambio. Pero el cambio supone un cambio de paradigma que no es rentable.

Los expertos comparten datos y callan la impotencia. -Necesitamos expertos que se atrevan a exponer el contexto, a trabajar con variables subjetivas, a reconocer que si la corrupción no desaparece el avance de la ciencia es imposible -apunta Otieno. Sin embargo hablar de desastres y plagas en términos de datos calma a la población, brinda una sensación de control. Control irreal.

Mientras tanto, la familia Nyangige vende langostas a la brasa en el mercado; con pimienta, sal y algo de sésamo. Celebrando la abundancia. Como si la plaga tuviera que ver solo con lo animal y no con la ambición humana, la miseria y la manipulación. Como si la solución fuera tan simple, tan orgánica, como comer antes de que te coman.