Iglesia y cementerio de Villanova, donde están enterrados los hermanos Nerin MoraLa Razón

Represión y muerte en el valle de Benasque

Durante la guerra, en esta zona, bajo el control del Frente Popular, se produjeron incautaciones, detenciones, asesinatos de enemigos de la república y destrucción de iglesias

En la actualidad el acceso al valle de Benasque se hace a través de un desfiladero, el Congosto de Ventamillo, que, en ocasiones, puede quedar cortado. Para pasar a Francia sigue siendo necesaria hacer una marcha a pie de casi un día por el paso del Portillón. En los años 30 del pasado siglo, era una zona casi inaccesible, dejada de la mano de Dios, que vivía de la ganadería y de poco más.

El distrito electoral de Benasque, con la implantación del voto femenino en 1933, contaba en las elecciones de febrero del 36 con un censo electoral de 1001 votantes, ganando el Frente Popular las elecciones por algo más de un diez por ciento del censo sobre los candidatos de la derecha.

El valle, zona tradicionalmente ganadera, se vio afectado en lo económico y en lo político por la apertura de una mina de pirita en el pueblo de Cerler. La explotación estaba a pleno rendimiento en 1934 lo que propició la formación de un sindicato de la CNT y otro de la UGT para su algo más de medio centenar de mineros.

Con el comienzo de la guerra la provincia de Huesca quedó dividida entre los dos bandos enfrentados. Huesca en manos de los alzados, mientras que Barbastro, nudo de carreteras del que partían los caminos para el valle de Benasque, en manos del Frente Popular.

Barbastro, con sus ocho mil habitantes y un batallón de tropas de montaña, el Ciudad Rodrigo nº 6, contra pronóstico, no se sublevó. El 20 de julio estaban en la ciudad las primeras columnas de milicianos llegadas desde Barcelona. Los guardias civiles, falangistas, requetés y gentes de derechas, como en Angües, Siétamo o Tardienta, que se habían manifestado a favor de los sublevados tuvieron que abandonar sus casas para refugiarse en Huesca.

Los pueblos del valle de Benasque quedaron bajo el control del Frente Popular. Entre los días 24 y 25 de julio llegó al valle la columna anarquista Los Aguiluchos mandada por Hilario Salanova “El Negus”, natural de El Grado y exsargento del Tercio de Extranjeros. Apoyados por los anarquistas del valle Los Aguiluchos comenzaron a realizar detenciones de enemigos de la república, incautaciones, destrucción de iglesias (en la iglesia de Benasque destruyeron el retablo del altar mayor y de las capillas laterales para convertirlos en astillas, incendiaron la ermita de San Antón y destruyeron numerosas imágenes de santos cuyos pedazos tiraron en el prado de Ramonot), desmontaron las campanas para fundirlas para, finalmente, comenzar a asesinar a los detenidos.

Nada más llegar los anarquistas a Benasque constituyeron el Comité Antifascista de Benasque dividido en Comité de Investigación y Comité de Enlace, primeros pasos de la revolución. Sobre lo que acaeció aquellos días en Benasque nos ha dejado testimonio Joaquín Ballarín Cornel:

“El día 18 llegó el correo por última vez, al día siguiente llegaron unos ‘escopeteros’ de Barbastro, se reúne al vecindario a la policía y a la guardia civil, eligen un comité, no figuró en él. El día 26 sube un grupo armado, con una camioneta que según cuenta los críos está ensangrentada, se llevan a un señor de Monzón y también su coche, no se sabe lo que pasa, pero se presiente que es algo horrible. El 27 por la noche me entero de que en la casa de la villa están detenidos varios de aquí y los contratistas de la carretera, voy a verlos me dicen; que los han detenido por precaución. Nos advierten que proteger a los curas es arriesgar la vida de todos los de derechas. El 29 suben a por los curas y curiosamente, los que no vamos a misa los defendemos, mientras el resto callan, pero se los llevan a Graus”.

Según mosén Isidoro, párroco de la zona,

“El párroco, don Ramón Giral Felices, de 51 años cuando los asesinaron… fue encarcelado en Benasque, a las 13 horas del día 25 de julio; el 27 por la noche lo sacaron para llevarlo a Graus, donde fue fusilado con otros, ignoro el día fijo. Don Antonio Coscolla, natural de Graus, coadjutor de Benasque, encargado de Anciles y Cerler, de 27 años de edad, encarcelado el 25 de julio y conducido a Graus, el 27, unos aseguran que fue fusilado otros dicen que fue liberado, sacándolo del camión en el camino que los conducía al cementerio, y conducido en otro auto donde jamás se ha tenido noticias. (…) La iglesia, fue saqueada en absoluto, sin dejar rastro de cosa sagrada, destinada al almacén y cocina de los Alpinos, dejaron una campana”.

Otros sacerdotes del valle asesinados fueron Manuel Saura Lamora natural de Eresué (párroco Eriste), Martin Mora Español del pueblo de Ramastué, Amado Serrate Fuentes, Ramón Minchod Sanmartín, José Castillón Mur y José María Saura Azcón detenidos en Castejón de Sos, José Rabal (párroco de Seira), José Español Farré natural de Anciles (párroco de Campo) y Pedro Raluy natural de Barbaruens (párroco de Calvera). Juntos a estos, como represalia por los fusilamientos de los nacionales en Huesca, fueron arrestados en Benasque el farmacéutico Ignacio Azcón Cornel partidario de la CEDA (su hijo Alfonso Azcón Valderrabanos se alistó a la División Azul muriendo en combate en Novgorod en 1943), el abogado Antonio Benedet Sazatornil, natural de Benasque y residente en Anciles, que había sido alcalde con Primo de Rivera, y el veterinario Roberto Roca Soler, todos fusilados en el Puente Argoné a 24 kilómetros de Benasque en el terminó municipal de Campo. Algunos de estos cadáveres fueron luego enterrados en Anciles.

Siguiendo con el testimonio de Ballarín:

“El día 6 de agosto se llevan a los contratistas de la carretera de Barbastro (…) pero al llegar Graus los hacen bajar del camión y los asesinan junto al puente del pantano de Barasona. (…) el día 14 de agosto las fuerzas de ‘El Negus’ toman el pueblo (Benasque) patrullan las calles, acompañados por <el Churrero> va a buscar a su casa a Ignacio (Ascón) a Benedet y al veterinario (Roca Soler), se los llevan. Me doy cuenta qué es inútil oponerse a nada -es hacerse matar inútilmente-. La colectividad, con Aguiluchos, con egoísmo y sin colectivistas, nos apuntamos para salvar la vida”.

El 4 de octubre de 1936 el Comité Antifascista y la CNT de Benasque dio el siguiente comunicado: “Se hace saber a todas las familias del término municipal, qué si desaparece algún individuo de las mismas, se hará responsable de la desaparición a todos los miembros de la familia, y sí se sospecha la menor complicidad, se fusilará a los familiares”.

Intentando cruzar a Francia para huir de zona roja fueron fusilados José Macarulla Solano y José Garanto Pedrón. En la Causa General se citan como asesinados por este mismo motivo los hermanos Joaquín y José Piñol, Francisco Capdevila, un aviador republicano que intentaba pasarse por Francia a los nacionales y Antonio Guiraldo Palacios. Sabemos de varios casos más cuyos nombres se desconocen y que quedaron enterrados y su memoria perdida en plena montaña.

Junto a estos asesinatos existen otros que no aparecen en la documentación y en los libros de historia como el de los hermano José María y Joaquín Nerin Mora “caídos por Dios y por España” los días 21 y 14 de agosto de 1936, en Villanova, un pueblecito situado en medio de un valle aislado y poco poblado como era el de Benasque.

Algunos benasqueses, que había permanecido en la población los primeros meses de la guerra, tuvieron que pasar a Francia advertidos por vecinos y amigos de la suerte que les preparaban los milicianos y sus partidarios que dominaban el valle. Entre los huidos estarán Antonio Albar Mora y su hijo mayor, Carmen Azcón Laulla, Marcial Río Mora, los hijos mayores de José María Español Berdié, Antonio Mora Perales, Faustino Güerri con varios amigos y Valero Llamas. Todos huyeron en noviembre del 37.

A pesar de ser una zona no muy poblada y aislada de los problemas políticos que crispaban la vida de Huesca, Lérida y Zaragoza los habitantes del valle de Benasque, que estuvo bajo control republicano hasta marzo del 38, no se libraron de ver cómo las milicias, principalmente anarquistas, asesinaban, robaban y perseguían a muchos benasqueses no afines al Frente Popular. Con la llegada de los nacionales al valle cerca de dos mil soldados y civiles cruzaron a pie a Francia por el paso del Portillón.

  • Luis E. Togores. Catedrático de Historia Contemporánea.