¿Cuándo tengo que revisar los frenos?

Discos o tambores, líquido, circuito…. todo debe funcionar correctamente para evitar un accidente y para superar sin problemas la visita a la ITV

Los talleres, servicio esencial durante el estado de alarma
FOTO: Jesús Hellín Europa Press

Una de las principales causas de rechazo de automóviles en el proceso de la inspección cuando vamos a pasar la ITV es el funcionamiento de los frenos. Y es que, con el uso diario, no nos damos cuenta que van perdiendo eficacia. Nos acostumbramos a esta merma de frenado ya que se produce de manera muy gradual y no suele avisar con ruidos o vibraciones hasta el último momento. Por eso, es necesario revisarlos antes de la inspección para evitar disgustos y tener que volver a las pocas semanas, perdiendo tiempo y dinero.

Y es que, aunque todos los sistemas de seguridad que incorpora nuestro coche son importantes, el sistema de frenado puede ser decisivo para evitar un accidente Sin duda los frenos son uno de los principales sistemas de seguridad de cualquier vehículo. Evitar chocar con otro vehículo, no atropellar a un peatón o no salirnos de la carretera va a depender en gran medida de que podamos reducir nuestra velocidad o detenernos a tiempo con seguridad. La pericia del conductor en estos momentos es fundamental, pero si no va acompañada de un funcionamiento óptimo del sistema de frenos, la maniobra puede acabar en accidente. Sistemas mecánicos, hidráulicos y electrónicos conforman el funcionamiento de los frenos. El conductor acciona el sistema a través de un pedal, esta fuerza que ejerce es amplificada por un servofreno que actúa sobre una bomba de presión. Mediante un sistema de canalizaciones y pinza o bombines hidráulicos se accionan las pastillas de freno o las zapatas en caso de frenos de tambor.

Básicamente, existen sólo dos sistemas de frenado en donde pastillas o zapatas detienen mediante fricción los rotores, que pueden ser en forma de disco o tambores, los cuales giran de forma solidaria a la rueda provocando que esta se detenga. La configuración es muy diferente en caso de ser disco o tambor. Los frenos de disco cuentan, como su nombre indica, con un rotor en forma de disco que es presionado por una pinza que tiene incorporadas las pastillas. Los tambores, por su parte, son algo así como una rueda hueca en cuyo interior se esconden las zapatas, que vienen a ser las pastillas de los frenos de disco, pero que, en lugar de presionar por fuera, realizan la fricción en las paredes internas de la rueda hueca (tambor). Este tipo de frenos puede sufrir mayores problemas de sobrecalentamiento y pérdidas de potencia de frenado y por eso se han ido dejando de usar. Actualmente se emplean en coches muy pequeños o de bajo coste, pero únicamente en las ruedas traseras. O en los coches clásicos que en su época no se había descubierto aún el sistema de freno de disco.

Ayudados por sistemas electrónicos como el ABS, que evita el bloqueo de las ruedas, se optimiza la efectividad de la frenada y se permite el control del vehículo por parte del conductor en caso de frenadas de emergencia. El desarrollo de ayudas y asistencias al conductor en este sistema ha evolucionado muchísimo en los últimos años. Llegando a sistemas en los que, si el conductor no frena a tiempo, los frenos se activan automáticamente para evitar o mitigar la colisión.

Una de las primeras sensaciones que tenemos cuando usamos otro coche es el cambio en el tacto de los pedales. La dureza de los pedales de embrague o freno suele ser diferente a la que estamos acostumbrados en nuestro coche y es posible que, incluso, notemos que la frenada es más o menos efectiva que de costumbre. Debido al desgaste, los frenos van perdiendo efectividad de forma progresiva y el conductor se va adaptando a estos cambios. Con el paso del tiempo la distancia de frenado aumenta y el pedal se vuelve más esponjoso. Pero como el proceso es muy lento, muchos conductores no se dan cuenta de esta pérdida de eficacia.

De esta forma, aunque el conductor se va acostumbrando al tacto del pedal, llega un momento que este se vuelve excesivamente esponjoso. La causa se puede encontrar en un líquido de frenos muy deteriorado, fugas en el circuito de frenos, aire en el mismo circuito o un defecto en la bomba de freno o bombines. El líquido de frenos es fundamental en el funcionamiento del sistema ya que transmite la presión. Este líquido no se comprime, pero es higroscópico, es decir, absorbe humedad. Las burbujas de vapor si se comprimen, con lo cual hacen de colchón dentro del circuito y producen esa sensación en el pedal. Los fabricantes recomiendan sustituir este líquido cada dos años, algo que es desconocido por muchos conductores, ya que no se percibe esa sensación de inseguridad como ocurre con otros elementos.

Es posible que apreciemos asimismo ruidos y vibraciones. Las vibraciones pueden deberse a diferentes motivos: desgaste anormal de neumáticos, desequilibrado de ruedas, rodamientos de las ruedas; pero cuando son debidos al sistema de frenos, pueden ser por una deformación de los discos de freno o a unas pastillas con desgaste irregular. El desgaste de los discos de freno, al igual que el de otros elementos, depende mucho de la forma de conducir de cada conductor y del mantenimiento que se le dé al vehículo. Por ejemplo, no cambiar a tiempo unas pastillas en mal estado y continuar conduciendo con ellas puede producir un desgaste anormal en el disco de freno y producir una avería peor.

Por su parte, el desgaste de las pastillas cuenta con un ‘chivato’; hoy en día la mayoría de los vehículos tienen un testigo en el salpicadero, en caso contrario un ruido metálico delatará el mal estado de las pastillas. Cuando aparece este ruido se puede deber al desgaste o a que se han cristalizado debido a sobrecalentamiento de las superficies. En ambos casos es necesario sustituir las pastillas. Si aprecia que necesita cada vez más espacio para detenerse, puede ser debido a otros factores como el firme, la carga, la suspensión o los neumáticos en mal estado. Pero si nos ceñimos al sistema de frenos, este aumento en la distancia de frenada se debe al desgaste de los elementos que lo conforman.

Para que la frenada sea eficaz se deben de dar una serie de circunstancias. En primer lugar, que la transmisión de la fuerza sea idónea, para lo cual tanto el funcionamiento del servofreno como estado del líquido de frenos juegan un papel fundamental. Y, en segundo lugar, que la efectividad del conjunto pastilla-disco, zapata-tambor sea óptima. En este último caso, cuando existe un desgaste de estas piezas, se produce una pérdida notable de eficacia, que se traducirá en un aumento de la distancia de frenado, además de podernos encontrar con derrapes inesperados. Por todo ello, si aprecia algunas de las circunstancias señaladas, lo mejor es acercarse a un taller a revisar todo el sistema antes de sufrir un accidente. No hace falta que sea un concesionario oficial. Algunos talleres rápidos, tipo Midas, están capacitados para realizar estos trabajos.