«Mucho ruido y pocas nueces»: Un Shakespeare casero

Dirección y guión: Joss Whedon, según la obra homónima de Shakespeare.Intérpretes: Amy Acker, Alexis Denisof, Clark Gregg, Fran Kranz.EE UU, 2013. Duración: 107 minutos. Comedia dramática

¿Por qué cuesta tanto entrar en esta versión contemporánea de «Mucho ruido y pocas nueces»? ¿Tal vez por el recuerdo soleado, florido y fluido, de la película de Kenneth Branagh? ¿Tal vez porque el vestuario corporativo de príncipes y condes, que parecen haberse escapado de una reunión de Lehman Brothers, se da de bruces con el verso shakesperiano? ¿Tal vez porque Joss Whedon, que la rodó en doce días y en su propia casa mientras lidiaba con «Los vengadores», la concibe como una «jam session» heterogénea, en la que cada actor (y eso es especialmente llamativo en Nathan Fillion, el protagonista de «Castle») se enfrenta a su personaje desde un método y un tono distintos? ¿Tal vez porque incorpora un prólogo que matiza la relación en principio platónica entre Benedick y Beatrice? Tal vez por estas razones, pero lo más fascinante es que, una vez acostumbrados a su digital blanco y negro y a sus derivas por un escenario que poco tiene que ver con un castillo en la Toscana, la película funciona. La rima se atempera, y el siniestro juego de máscaras de la obra, siempre compensado por una tendencia al «deus ex machina» luminoso, se apodera del texto. Basculando entre el «mumblecore» casero y la evocación de la «screwball comedy» clásica, Whedon consigue que el resultado final sea claustrofóbico y accesible, extraño en su perplejo encanto, y una lección sobre cómo hacer que un espacio sin maquillajes o sin coartadas, acabe luciendo como el lugar más sensato para montar la representación «amateur» de Shakespeare más inventiva desde el «Romeo + Julieta» de Luhrmann.