Opinión

Churros en Perpiñán

He leído que en Perpiñán se ha reunido el Imserso de Cataluña para vitorear al fugitivo. Y que los más despreciados de la anciana muchedumbre, no han sido en la presente ocasión, los catalanes constitucionalistas y sentimentalmente españoles, sino los de ERC. La verdad por delante, acudió muchísima gente, y los más retrasados en cruzar la frontera, cuando llegaron a Perpiñán no tuvieron opción de oír las palabras del «estimat». De vuelta a España, con el cansancio que produce todo esfuerzo inútil, los del Imserso se desahogaron con vítores a la «república que no existe, idiota», pero sin excesivo entusiasmo. Por lo que me han contado, tengo la sensación que actos como el de Perpiñán van a seguir siendo convocados con el único fin de que sigan siendo convocados. Por otra parte, los franceses del Rosellón, que tanto se ríen de los belgas, se comportaron como belgas, detalle que no deja de ser interesante para los analistas especializados en chorradas.

Tuvo un gran éxito el puesto de churros madrileños. El churrero vestía una camisa amarilla con un mensaje en los espaldares poco coincidente con el espíritu de la concentración: «Churros. Especialité Espagnole». El churrero hizo su agosto, y nada me extrañaría que en la próxima concentración de la «república no existe, idiota» en Francia, además de ofrecer churros de «Madrit» se atreva a vender figuras de Don Quijote, con o sin sancho Panza, sombreros cordobeses, cerámica de Talavera, bailaoras, toros y toreros. El independentista catalán, cuando atraviesa la frontera y se ubica en Francia, añora lo español, lo cual nada tiene de sorprendente, porque la añoranza es la reacción anímica que entristece la pérdida de las raíces. Lo de los churros ha sido más que significativo.

Se organizaron pequeños grupos que bailaron en corro alegres y trepidantes sardanas, ese baile que tanta envidia produce a los rusos. El año en el que, el maravilloso Ballet de Igor Moisseiev actuó en Barcelona, los bailarines ensayaron una sardana, creo recordar que «Vía Layetana», y durante sus trepidantes compases y movimientos, la mitad de los componentes del Ballet se durmieron durante la danza. Entonces, eliminaron del programa la sardana y ensayaron una jota aragonesa, por aquello de que los rusos son cultos y quisieron homenajear a la ciudad más poblada del Reino de Aragón. El éxito resultó apoteósico.

Es cierto que no todos los puestecillos ambulantes ofrecían churros. También embutidos y jamones de Lérida, tan abundantes y acomplejados ante los jamones de las dehesas y sierras castellanas, extremeñas y andaluzas. Los venerables ancianos se zamparon ricos bocadillos con contenidos autóctonos de Cataluña, mucho alioli y ese pan con jamón y tomate que deja tan estropeado el aliento. Se vieron algunas camisetas del «Barça», y la felicidad reinó por doquier, si bien en una república lo de reinar puede interpretarse como una impertinencia de muy complicado perdón.

El fugitivo que metió en la cárcel con su huida a los suyos y a los otros, demostró que tiene tirón. Mover un sábado por la mañana a centenares de miles de catalanes para viajar, cruzar la frontera, oír un discurso y mojar en el café o el chocolate churros madrileños, no está al alcance de cualquiera. Los de ERC apuntaron los datos con gran disgusto, y la Mesa de Negociación de Sánchez y Torra se ha propuesto seguir las conversaciones siempre que Puigdemont pueda sentarse en la convocatoria y fastidiar a Junqueras, que no le perdona al del flequillo los años que ha pasado en Soto del Real por su culpa. Ahora, en el Gran Hotel Lledoners todo es diferente, pero los malos momentos no se olvidan así como así.

Todo fantástico, pero el separatismo catalán está, como se intuía, aún más dividido que el constitucionalismo español, que sigue haciendo el memo sin acordarse de los millones de votos que suma y debe respetar en su representación. Con un centro-derecha normal, estas gamberradas no se hubieran producido.

Siempre hay algo que destaca sobre las demás evidencias y marcan el perfil de un acto político. En el caso que nos ocupa, que los triunfadores de la aglomeración catalana en Perpiñán fueron Puigdemont y los churros madrileños. Lo primero, demuestra hasta qué desnivel de pobreza intelectual y reflexiva acompaña a muchos votantes de Cataluña. Y la segunda, todo lo contrario. Un separatismo contra España que calme su gazuza con churros de «Madrit», todavía puede reaccionar y volver a la senda de la normalidad, eso tan cursi y necesario. «Churros. Especialité Espagnole».