El esperpento gubernamental

Que Nadia Calviño se enterara por la prensa, cuando el BOE asegura que es la vicepresidenta económica, fue una humillación en toda regla. Impresionante

Me gustaría no tener que escribir sobre los desastres gubernamentales, pero no puedo sustraerme a la tentación. Esta capacidad ilimitada para hacerlo cada vez peor es antológica. El último hito ha sido la humillante sumisión del PSOE a Bildu con la alegre colaboración de Unidas Podemos. La izquierda abertzale impuso, a cambio del voto de sus diputados para que Sánchez tuviera su prórroga al estado de alarma, la derogación íntegra de la reforma laboral. Por cierto, el empecinamiento presidencial en seguir instalado en la excepcionalidad institucional parece el capricho de alguien al que no le gusta que le lleven la contraria. Entiendo, pero no comparto, esta inquietante deriva. No cabe duda de que la ópera bufa es un terreno que le resulta muy grato al gobierno social comunista. Que Nadia Calviño se enterara por la prensa, cuando el BOE asegura que es la vicepresidenta económica, fue una humillación en toda regla. Impresionante.

La amenaza de dimisión sirvió para que entráramos en la segunda parte del poco edificante espectáculo de un gobierno haciendo el ridículo. No hay que olvidar que Calviño tiene la doble condición de funcionaria de la UE y de España por lo que su vida está más que resuelta. Júpiter Sánchez decidió rectificar, aunque no sabemos si es así, porque su vicepresidente Iglesias aseguró que no habrá derogación parcial sino total. Esto sería una catástrofe económica monumental. Y dentro de este patetismo no me voy a olvidar de Ciudadanos que ha sido el tonto útil de esta inquietante historia. Arrimadas puede estar tranquila, porque nuestro Leonid Zamiatin Tezanos le recompensará en el próximo CIS y certificará su imparable crecimiento que ninguna otra encuesta ofrece. Zamiatin fue un personaje muy interesante del politburó soviético, que no hay que confundir con el talentoso Yevgueni, el escritor con quien compartía apellido. Al igual que Tezanos era un leal burócrata del aparato que dirigió Tass, la agencia oficial de noticias, presidió el departamento de información internacional del comité central entre 1978 y 1985 y fue embajador en el Reino Unido. Era tan virtuoso en la defensa del PCUS y Breznev como el presidente del CIS con el PSOE y Sánchez. Era un comunista tan vehemente, como socialista nuestro Tezanos, que en la carta que remitió al resto de embajadores comenzaba con «querido camarada» y finalizaba deseando las mejores relaciones «entre nuestros fraternales países socialistas». Sánchez hace bien en tener un Zamiatin en su vida.