“La intimidad de un Rey”

Hace demasiado tiempo que se ha instalado una desmesura que permite que cualquier sea un presunto culpable sin que exista, siquiera, un atisbo de presunción de inocencia.

La opinión de Francisco Marhuenda.
La opinión de Francisco Marhuenda.La Razón

Hace unas semanas que asistimos a un panorama que nos debería inquietar como sociedad y provocar una profunda reflexión. España no solo es uno de los países económicamente más avanzados del mundo sino que es una gran democracia. Hace demasiado tiempo que se ha instalado una desmesura que permite que cualquier sea un presunto culpable sin que exista, siquiera, un atisbo de presunción de inocencia. Un indicio, declaración o documento se convierten en un pase de libre circulación que permite extinguir derechos tan fundamentales como el honor, la intimidad y la propia imagen. Ahora le ha tocado al rey Juan Carlos, aunque afecta a toda su familia, que ve cómo se airean aspectos de su vida privada o se le insulta con absoluta impunidad. No me refiero a que se analicen los aspectos políticos o judiciales, aunque cabe recordar que no está incurso en ningún procedimiento, sino a todo aquello que es ajeno y se trata con una falta de respeto realmente sorprendente. Se realizan afirmaciones sentando cátedra llamándole corrupto o comisionista y se habla alegremente de su vida sentimental. En ese momento pienso en su familia. No hay que olvidar que además de haber sido rey y mantener este título de forma honorífica es marido, padre, abuelo y tío. ¿Merece alguien semejante cacería? Creo, sinceramente, que no.

Es muy triste que este tema se utilice con absoluta desmesura por estos nuevos inquisidores de la moral. Otros lo hacen buscando réditos políticos porque les gustaría imponer una Tercera República que han decidido que sea plurinacional. Es decir, acabar con España creando una especie de confederación para complacer a los independentistas. En cambio, cuando se les hacen a ellos determinadas imputaciones se muestran indignados y arremeten con enorme ferocidad. Don Juan Carlos y su familia no tienen ningún derecho. Han de aceptar que su nombre y su vida sean paseados por el barro para complacer a los nuevos Savoranola políticos y mediáticos. Esta falta de respeto se retroalimenta y estamos inmersos en una espiral para ver quien la dice más gorda. Hay demasiados fanáticos que ahora tienen como objetivo a don Juan Carlos. ¿Y nos sorprende que quiera establecerse temporalmente fuera de España? Los inquisidores políticos y mediáticos no cejarán en su empeño. Por ello, se seguirá causando un daño infinito a un gran rey y a su familia sin respetar su intimidad, honor e imagen. Es, realmente, muy triste.