Los presupuestos de la discordia

Me temo que ahora sí que veremos casos de pobreza extrema y situaciones de enorme precariedad. En este escenario pandémico, el PP será la víctima propiciatoria sin importar lo que haga

La Razón

En política hay que partir siempre de la máxima de que no existen verdades absolutas. Nada que se diga o haga tiene por qué responder a los compromisos electorales previamente adquiridos, las grandilocuentes aseveraciones en mítines o entrevistas y los programas electorales que nadie se lee, porque son el teatrillo y los fuegos de artificio destinados a conseguir los votos. Una vez que esto sucede se convierten, simplemente, en humo porque no existe un mandato imperativo y la memoria de los votantes es, además, muy efímera. No hay que olvidar que el sistema electoral favorece un modelo partitocrático de listas cerradas a diferencia de lo que sucede en el mundo anglosajón donde los diputados y los senadores se deben a sus circunscripciones. Esto hace que se preocupen de cumplir sus compromisos y no defraudar a sus electores, porque le pasarán factura en las siguientes elecciones. El resultado electoral en España se convierte inmediatamente en un cheque en blanco al igual que sucede con el chapucero trasplante del sistema de primarias que alientan a abrazar las derivas caudillistas que tan gratas resultan en el mundo hispano. No hay más que ver lo que se vivió en España e Hispanoamérica desde el siglo XIX. Es cierto que en otros países se produjeron este tipo de situaciones o intentos, como en Francia con el bonapartismo o el boullagerismo, pero se curaron a tiempo. Por supuesto, es una característica propia, también, de los regímenes autoritarios como el comunismo, el fascismo o el militarismo. Es la irrupción de personajes mesiánicos y sin escrúpulos dispuestos a salvar a la patria pisoteando los derechos y las libertades. No es nuestro caso, evidentemente, pero la traslación de las primarias sin incluir los mecanismos que existen en Estados Unidos se convierte en una perversión del sistema. No hay más que ver lo que ha sucedido en la izquierda, porque saltan por los aires los necesarios contrapesos que se articulaban con nuestro modelo tradicional.

Dentro de este teatrillo tenemos ahora el enredo de la elaboración y aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. En primer lugar, es bueno partir de la premisa de que los dirigentes de Podemos están sobreactuando en clave partidista porque no existe ningún riesgo de que se rompa la coalición social-comunista. Iglesias es un político inteligente y ambicioso que ha conseguido, contra todo pronóstico, ser el vicepresidente segundo del Gobierno y contar con otros cuatro ministerios. A esto hay que añadir los centenares de militantes de su formación y confluencias que ocupan secretarías de Estado, subsecretarías, direcciones generales y asesorías. No hay principio o declaración que le obliguen a perder este enorme poder que es el fundamento de su control de Podemos, la base para seguir al frente y el mejor aval para las próximas elecciones generales. Fuera del gobierno hace mucho frío. Otra cuestión es que La Moncloa, donde lógicamente incluyo al socio de Sánchez, esté dedicada a marear la perdiz e intentar poner al PP y Cs contra las cuerdas. Es una estrategia tan obvia como eficaz. Una vez situado en la centralidad y con el enorme poder mediático que le otorga la presidencia del Gobierno, la realidad es que el PP tendrá que afrontar la fuerza de la apisonadora monclovita. El bombardeo de mensajes que sufrirá Casado haría palidecer la potencia artillera que se vivió en la guerra de trincheras durante la Primera Guerra Mundial. Es lo que sufrirá a partir del momento en que concluya su rueda de prensa tras la reunión este lunes con Sánchez en Moncloa. Por supuesto, los fuegos de artificio de Iglesias sacando pecho y vetando a Cs y PP no serán tenidos en cuenta, porque el PP se tiene que someter y no hay más que hablar.

El ruido mediático será enorme y se verá aderezado por la desgraciada situación económica que vive España unida a las consecuencias sociales que serán mucho peores que en la crisis anterior. Me temo que ahora sí que veremos casos de pobreza extrema y situaciones de enorme precariedad. En este escenario pandémico, el PP será la víctima propiciatoria sin importar lo que haga. En el caso de que apoye o se abstenga sufrirá la embestida de Vox, que bajo ninguna circunstancia estaría al lado de un gobierno social-comunista. Por supuesto, dudo que Sánchez pueda hacer, aunque quisiera, unos Presupuestos asumibles por el centro derecha. La política española es, además, insufriblemente frentista, por eso, como me gusta recordar, el deporte nacional no es el fútbol sino la humillación del rival.

El previsible apoyo de Cs, aderezado en la excepcionalidad patriótica que significa asumir el trágala presupuestario de izquierdas con algunas concesiones presidenciales que por regla general luego no se cumplen, será la coartada para que la izquierda arremeta contra la insolidaridad del PP que solo busca «derrocar» al gobierno. Otra característica consustancial de la política española es la doble vara de medir. Es algo que hemos vivido desde los tiempos en que UCD fue sometida a eficaces campañas de demolición. La teoría de la superioridad moral de la izquierda justifica cualquier desmán o exceso, porque se parte de la base de que el bien y la defensa del progreso están en sus manos mientras que sus enemigos están al servicio del sistema.

Es interesante comprobar la inteligente escenificación de Sánchez y su equipo. Hay que reconocer que manejan con enorme habilidad propagandística la agenda política. Los empresarios y los sindicatos son buenos, la UE ahora sí es ejemplar, a diferencia de la crisis anterior y la campaña del austericidio, y no nos rescatan porque han sabido negociar con Bruselas. La poderosa artillería del Gobierno apunta contra Génova, tiene tres años por delante y anda sobrada de munición a lo que hay que añadir que no hay un Estados Unidos, como en la Primera y Segunda Guerra Mundial, dispuesto a salvarle.