Aragonés, “un fraile mendicante”

Puigdemont sigue manejando los hilos desde su cómodo «exilio» en Bruselas, su familia mantenida con todo descaro por la diputación de Barcelona y una corte de profesionales de la política que viven del pesebre público.

La política catalana se ha instalado en un periodo similar a la «paz armada» que se vivió en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Todo el mundo sabía que el conflicto estallaría y la tensión emergía en diversos puntos, pero se tardó varios años. En el caso catalán, el fin de esta etapa será cuando Puigdemont convoque elecciones, ya que Torra es su marioneta. Todo indica que el resultado será similar y que el presidente fugado conseguirá la victoria mientras ERC se tiene que conformar con la segunda posición. Por tanto, seguirá la tensión, los enfrentamientos y la paralización de la administración catalana mientras Puigdemont sigue manejando los hilos desde su cómodo «exilio» en Bruselas, su familia mantenida con todo descaro por la diputación de Barcelona y una corte de profesionales de la política que viven del pesebre público. En este escenario tan confuso y caótico irrumpe ahora Pere Aragonés, dirigente de ERC y vicepresidente nominal del gobierno catalán, con el poder de un telonero, convertido en un nuevo «fraile mendicante» a la espera de que Pedro Sánchez le ofrezca una limosna política.

Esto le complica aún más la ya complicada vida política al presidente del Gobierno. Aragonés necesita la mesa de diálogo, pero, sobre todo, que haya una propuesta para Cataluña. Esta mesa siempre fue una humillante concesión al independentismo, pero Sánchez no tuvo otra salida que desdecirse de lo que decía antes de la moción de censura y hacer de tripas corazón aceptando algo que, sin lugar a dudas, le repugnaba. La política es pragmatismo y es fácil recordar al Sánchez que aseguraba que no podía dormir si Iglesias era ministro. No hay duda de que es un gran resistente, pero no nos escandalicemos porque todos los presidentes del Gobierno lo han hecho y han caído en contradicciones entre lo que decían y lo que luego hicieron. No creo que tenga mucho margen para ofrecer alguna baza electoral al fraile mendicante por medio de la mesa de negociación. Es algo que le puede complicar, además, sus negociaciones con Arrimadas, a pesar de su predisposición a aceptar lo que sea y mirar hacia otro lado. El problema es que el tema catalán es muy nuclear, incluso, para el sometimiento que ha asumido Ciudadanos al gobierno social-comunista. En cualquier caso, no creo que ninguna concesión, salvo que fuera espectacular, cambiará el aciago panorama para ERC en su pugna con Puigdemont.