De teatros y aviones

Las autoridades nos han restringido más el aforo en los teatros. Me dan ganas de llorar con el número de espectadores que podrán asistir al Teatro de la Princesa del CDN, en el que estreno el día 2 de octubre mi última obra. «Transformación» es un proyecto enorme en el que llevamos investigando y trabajando dos años desde Caídos del Cielo. ONG, y que tuvimos que posponer por la pandemia. La idiosincrasia del elenco, personas en riesgo de exclusión mezclados con actores profesionales, ha hecho necesario seis meses de ensayos virtuales, manteniendo el ánimo y la pasión en la incertidumbre. Y ahora este aforo nimio. Incongruencias. Porque cojo el metro y es imposible guardar distancias. Por la noche quedo para tomar algo en una terraza y veo a grupos de gente arrimada y sin mascarilla. Comen, beben, ríen y, después de varios tragos, pierden el control y se abrazan. Siento que lo necesitan desesperadamente. Necesitamos quitarnos el bozal y olvidarnos durante un rato de esta locura que estamos viviendo, quitarnos la asfixia de una sinrazón en la que cada día nuestros voceros públicos nos dictan normas diferentes y contradictorias. Tanto como que los aviones vayan a rebosar y en los teatros, donde nadie come ni bebe ni grita ni esputa ni se levanta, que son lugares donde solo vamos a volar a través de la emoción y el pensamiento, tengan que estar medio vacíos. Es una pena y un mal para artistas y público. Los teatros son espacios seguros en los que no ha habido un solo brote desde que recomenzamos. Ahora más que nunca la gente necesita reencontrarse con la parte espiritual de la vida. Volar con la cultura es hacer futuro.