Cuarentena discriminatoria

Existen muchos aspectos que son susceptibles de crítica en la gestión de la pandemia que ha efectuado la Comunidad de Madrid durante los últimos meses. Desde su pasividad a la hora de detectar tempranamente los contagios con suficientes tests y rastreadores a las más que probablemente insuficientes medidas de distanciamiento social aprobadas el viernes pasado. Como es sabido, el gobierno regional se ha limitado a imponer una moderada cuarentena a aquellas zonas sanitarias cuya incidencia acumulada de contagios durante las dos ultimas semanas supera los 1.000 contagiados por cada millón de habitantes. Se trata de unos umbrales excesivamente altos, toda vez que la mayor parte de la Comunidad supera los 500 contagiados por millón de habitantes y no hay visos de que la pandemia se autocontrole sin medidas de distanciamiento social. Por consiguiente, éste sí resultaría un punto válido para la crítica. Lo que no tiene ningún sentido, sin embargo, es el delirante camino que ha emprendido la izquierda al denunciar una especie de apartheid en la selección de las zonas sanitarias sometidas a cuarentena. Porque sí, las zonas sometidas a restricciones hasta el momento son zonas con una renta per capita menor que en el conjunto de la comunidad: pero no se las confinado por el hecho de ser pobres, sino porque la incidencia acumulada de los contagios es muy alta. Y sí, evidentemente existe una conexión entre pobreza y contagios (viviendas más pequeñas y peor ventiladas, mayor hacinamiento, mayor uso del transporte público, trabajos más precarios y presenciales, etc.), pero repitámoslo otra vez: la causa por la que se los coloca en cuarentena no es su renta per capita, sino sus elevados contagios (si alguna zona rica tuviera ese nivel de contagios, también se la habría sometido a cuarentena). Se trata de un criterio objetivo basado en la situación epidemiológica, no en la situación económica de las familias: un criterio objetivo que, como ya hemos dicho, resulta insuficiente para contrarrestar el avance del virus, pero que no debería repudiarse por ser falsamente discriminatorio (sino por ser probablemente ineficaz). Que la izquierda sea incapaz de articular una crítica fundamenta a las medidas de Ayuso sólo prueba que continúa anteponiendo la ideología y la búsqueda del poder a las soluciones eficaces para los ciudadanos.