Mujercitas

Lo que está claro que los políticos politiquean y muchos periodistas también, por eso, a mí ya sólo me vale la opinión de los médicos, especialmente los de urgencias, internistas e intensivistas y todos tienen la impresión de que se avecina algo muy gordo. De las diez zonas más afectadas de Europa, nueve son españolas. Más de doscientos muertos ayer en España y el 40% en Madrid y la curva continúa en ascenso... ¿Es esto culpa de la gestión de Isabel Díaz Ayuso? Evidentemente, ¡no!

Lo primera evidencia, en su defensa, desde la lógica, es que Madrid, no es cualquier ciudad, es la capital de España, kilómetro cero de todas las carreteras, paso y descanso de los trenes y autobuses y destino del principal aeropuerto.

Una tierra de brazos abiertos por vocación y por obligación, ya que es centro neurálgico de la vida cultural y económica española. Lo que le pasa a Madrid es lo mismo que está pasando en todas las grandes capitales afectadas, exceso de tránsito difícilmente controlable, una situación que la Presidenta ha heredado con todo el temple posible y esperable.

Por otra parte, no es la región que peor está en España, pese a que Madrid acumula el mayor número de contagios en relación a sus habitantes, hay otras comunidades en las que el coronavirus está avanzando a mayor velocidad. Murcia, Navarra, Extremadura y Castilla-La Mancha son los territorios en los que en las últimas dos semanas ha habido un mayor repunte en su incidencia acumulada de casos.

Sin embargo, hay algo que es verdad: Madrid apesta, pero no por el desafortunado papel que le ha tocado jugar en esta ruleta rusa que es el Covid, donde nadie ¿o díganme quién? sabe a qué atenerse y nadie ha podido mantener una postura desde el principio (exceptuando a nuestro querido Iker Jimenez).

Madrid apesta, como apesta toda la clase política española a caza de brujas, a letra escarlata y en definitiva a machismo para dummies, del que vimos con el caso Cayetana Alvarez de Toledo y que dos semanas después vemos con la Presidenta de la Comunidad de Madrid. “Demasiada independencia”, se dijo entonces, lo mismo que se dice ahora de Ayuso, que, insisto, no ha cometido ningún error ni tomado ninguna medida que no hayan tomado el resto de sus colegas de partido, así como los responsables del gobierno ante el coronavirus.

¿Que le queda grande? ¿Es que a Pedro Sánchez le queda pequeño? Será por eso que su comité de expertos no fue real sino fantasmal, porque él se valía solito para arreglar España, y el mundo, si le dejamos. ¡Venga! Y luego, como dice Federico, “que a los machotes de la izquierda les encanta (y lo hacen siempre que pueden) merendarse a la mujer con visibilidad en la derecha”, es tan fácil...

A veces pienso que esta tragicomedia política de la gestión del Coronavirus está ambientada en la más puritana Nueva Inglaterra de principios del siglo XVII que esta semana relata la historia de una mujer condenada a llevar en el pecho la letra «A» de Ayuso mientras esta, que no ha hecho nada diferente a los varones (aunque sí distinto a las demás hembras, destacar) trata de vivir con dignidad en una sociedad cínica, obtusa e hipócrita. Ya saben... legalismo... pecado... culpa.

¿Qué tiene poca preparación? Ayuso es Licenciada en Periodismo y Doctora en Comunicación Política ¿y qué preparación tienen los demás? ¿Qué preparación tiene Pedro Sánchez? ¿Irene Montero? ¿Y Pablo Casado? Que sí, que yo tampoco entiendo cómo para dirigir una empresa se exigen tres idiomas y años de experiencia y en cambio para dirigir un país basta con haber trabajado un poco de tertuliano... Lo que no es de recibo es el doble rasero, uno con los “barones” (qué palabro más rancio) y otro con las Mujeres...

Ayuso no es médico, ni estadista, pero tiene razón, en España hay muchos menos médicos por habitante que en los países de nuestro alrededor, aquí el médico está explotado y eso tiene que cambiar. Pero ahora, tras el vodevil de la reunión con la Presidenta, el Presidente presiona, como no podría ser de otra forma a Isabel Díaz Ayuso para que deje las decisiones clave en manos de su consejero de Sanidad y de sus técnicos, con los que el Gobierno tiene contacto estrecho, como si fuera una niña, porque todo lo que no sea tener cara de señor, de traje y corbata o con coleta y pisamierdas, es ser una persona tutelable.

Yo de la reunión del lunes, me quedo con la cara y con la voz blanqueadas de Sanchez, satisfecho de su rol de Príncipe despertando de un beso (con mascarilla) a Blancanieves y salvando la flora, la fauna y a los siete enanitos. “Lo importante_ dijo _es tomar el control de la situación”. Justo antes de convocar manifestaciones y movilizaciones contra "A".

Los alcaldes del sur de Madrid, todos ellos del partido socialista, claro, no han dejado de criticar a Díaz Ayuso, mientras el Ejecutivo, que no ha tenido tiempo para reunirse con ella hasta ahora, a pesar de la insistencia de la popular, de pronto irrumpe en la escena como Superman con capa y botas.

Lo dicho, Madrid apesta, España apesta y nuestra política apesta, procuremos abrir las ventanas de nuestras casas y ventilar, por nuestros hijos, por nosotros, por todos, por el Covid y por salud mental.