En memoria cristiana

Memoria- olvido, perdón-venganza. Palabras antagónicas a veces usadas sin «discernimiento». En el séptimo capítulo de su encíclica Francisco propone a una reflexión muy oportuna en las actuales circunstancias de nuestro país.

Jorge Mario Bergoglio vivió el drama de la brutal dictadura militar de Jorge Videla con centenares de «desaparecidos» recordados por las Madres de la Plaza de Mayo. Al recibir a un grupo de ellas en Roma habló de la «memoria materna» porque –dijo– «es imposible entender el dolor de una madre que perdió a su hijo».

En la «Fratelli tutti» el Santo Padre recalca que «es imposible cerrar por decreto las heridas o cubrir las injusticias con un manto de olvido… lo que jamás se debe proponer es el olvido». Y a este propósito enumera la Shoah, los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, y otros hechos históricos que nos avergüenzan de ser humanos. «Deben ser recordados siempre, una y otra vez, sin cansarnos ni anestesiarnos».

Pero, al mismo tiempo advierte del peligro de convertir la memoria en sed de venganza porque «los que perdonan de verdad no olvidan pero renuncian a ser poseídos por esa misma fuerza destructiva que los ha perjudicado… deciden no seguir inoculando en la sociedad la energía de la venganza… la venganza no resuelve nada».

Y para redondear su pensamiento aclara que «no estamos hablando de impunidad» y que esta no supone una «descarga de la propia ira… el perdón es precisamente lo que permite buscar la justicia sin caer en el círculo vicioso de la venganza ni en la injusticia del olvido».