La destrumpización

Los medios que han apoyado a Trump marcan distancias. Y los republicanos tratan de salvar los muebles y su honor

Keith BirminghamAP

“Señor Presidente: pare esta locura”. Solo la palabra locura (insanity) ocupaba casi media portada del periódico más trumpista de Estados Unidos, el New York Post, acompañada de una foto de Donald Trump cabizbajo.

En 1968, el periodista televisivo Walter Cronkite viajó a Vietnam para realizar un largo reportaje sobre la guerra que el presidente Lyndon Johnson aseguraba que Estados Unidos estaba ganando. Cronkite vio con sus propios ojos que tal cosa no ocurría y lo dijo en su programa, a pesar de las presiones de la Casa Blanca. No quiso ser hiriente, pero sí fue claro: “es cada vez más evidente que la única salida racional será negociar, no como vencedores, sino como un pueblo honorable”. Dicho en otras palabras, Cronkite desmontó la propaganda presidencial de años con una frase. Y cuentan que Johnson, viendo la emisión en su despacho, dijo que “si he perdido a Cronkite, he perdido América”.

Donald Trump no ha perdido todos los apoyos que tenía. De hecho, su base electoral más fanatizada creerá siempre que a su presidente le robaron las elecciones, aunque dos meses después de la votación ni Trump ni su ejército de abogados han presentado pruebas que lo demuestren y sus decenas de denuncias ante todo tipo de tribunales -incluida la Corte Suprema- han terminado en la papelera sin excepción alguna.

Pero ya hay sectores trumpistas que han iniciado su proceso de destrumpización. Lo ha hecho la cadena FoxNews, la gran aliada de Trump desde la campaña electoral de 2016. Ahora se aleja el diario New York Post, que califica a una de las abogadas de Trump, Sidney

Powell, de estar “loca”. También considera “traición” la sugerencia del general Michael Flynn -condenado por la trama rusa y recién indultado por Trump- de aplicar la ley marcial. Y llega a acusar al presidente de estar “obsesionado” con dar un “golpe antidemocrático” este próximo miércoles, en su intento de evitar lo inevitable: que el Congreso de los Estados Unidos certifique oficialmente el resultado del Colegio Electoral y, por tanto, la victoria de Joe Biden. Que un diario trumpista acuse a Trump de golpismo antidemocrático revela lo lejos que ha llegado la locura a la que el propio New York Post se refiere en su primera página, y que remata en su editorial: “Los demócratas tratarán de que su presidencia parezca la aberración de un solo mandato y, francamente, usted los está ayudando”.

Los medios que han apoyado a Trump marcan distancias. Y los republicanos tratan de salvar los muebles y su honor, porque existía Partido Republicano antes de Trump y aspiran a que siga existiendo sin Trump. Han iniciado un lento y difícil (quizá imposible a medio plazo) proceso para destrumpizarse, a pesar de que los votantes republicanos se mantienen, en su mayoría, fieles a Trump. Y Trump seguirá alimentando los más bajos instintos políticos de sus fans con tal de no asumir que es el protagonista del mayor fracaso que puede sufrir un político en Estados Unidos: alcanzar la presidencia, pero ser expulsado por las urnas al terminar el primer mandato.