El corte de mangas a las Cortes

BallesterosEFE

Es curiosa la escasa predisposición que tiene el gobierno socialista-comunista al control parlamentario y que contrasta con lo que decían los integrantes de la coalición cuando estaban en la oposición. Es algo que nos diferencia, desgraciadamente, de los países de nuestro entorno. A pesar de la falta de memoria que muestran algunos políticos y periodistas frente a lo que decían en los tiempos que gobernaba el centro derecha, no todos necesitamos acudir a la hemeroteca para recordar sus palabras.

Lo del «plasma» era una cantinela cansina que repetían hasta la saciedad, pero que en estos tiempos de la Nueva Política se ha visto eclipsado con una práctica donde la comunicación se ha visto sustituida, con indudable eficacia, por la propaganda gubernamental. Durante los meses del confinamiento, nos deleitaron con las homilías semanales del presidente y que pronto se vieron complementadas con el pintoresco sistema, aunque muy cómodo, de las preguntas seleccionadas. La Nueva Normalidad trajo, cuando se nos anunció la hercúlea victoria gubernamental sobre el «bicho», una Nueva Política en la que incomodaba a la izquierda política y mediática el control en el Congreso, porque la malvada oposición «crispaba» con sus preguntas y sus críticas.

El colofón del despropósito de la Nueva Política ha sido un estado de alarma, cuya ineficacia es clamorosa, donde se ha hurtado el control parlamentario y teníamos que darnos por satisfechos con las ruedas de prensa Illa o Simón. Como es una coalición de socialistas y comunistas, no hay que criticar cosas tan obvias como el compromiso presidencial de reformar el marco legal para hacerlo más eficaz en la lucha contra la pandemia.

La lista de incumplimientos gubernamentales es tan grande que nos hemos acostumbrado a que se diga una cosa y se haga justo la contraria. No hay mejor coartada que la pandemia. Y ahora tenemos un ministro de Sanidad que abandona el cargo saliendo por la puerta de servicio, eso de atrás me parece excesivo, sin hacer un balance de su gestión. No hay duda de que es un gobierno ausente y eso sin entrar a valorar los ministros que se dedican al arte de la abstracción y el aburrimiento.

Otros ocupan su tiempo en poner palos en las ruedas a sus compañeros de gabinete. Todo muy ejemplarizante. El Parlamento es la esencia de la democracia y mal vamos cuando se le ignora de una forma tan obscena. La incomparecencia del máximo responsable de la lucha contra la pandemia es, simplemente, un desprecio a las Cortes Generales. Es decir, un monumental corte de mangas.